1 de octubre 2003 - 00:00

Diálogos en Wall Street

(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien, para no identificarlo, se lo cita como Gordon Gekko, por el personaje que interpretara Michael Douglas en la película "Wall Street". El tema es el freno de la suba de la Bolsa y las informaciones contradictorias entre confianza del consumidor y gasto en consumo. La rebaja de los impuestos en Estados Unidos ha alentado el ahorro de las familias, pero también el gasto.)

PERIODISTA: No parece una buena semana para las Bolsas. Desde la reunión de Dubai, las acciones han perdido brillo ¿Se trata de una molestia pasajera o del final de una bonanza que consumió seis meses y acreditó más de 30% de suba en los bolsillos de los inversores?

Gordon Gekko: Tiene todos los visos de una corrección...


P.:
Que no cuestiona la tendencia de fondo...

G.G.: Eso pienso. No es un dibujo muy distinto del patrón que se despliega desde marzo...


P.:
¿Cuál es el disparador del cambio de ánimo? ¿El comunicado del G-7 que aboga por un dólar más débil o la decisión de la OPEP de recortar la producción?

G.G.: Usted puede confeccionar una lista. Un talonario de excusas. Sin embargo, en estos momentos, la sensibilidad de las Bolsas tiene que ver más con su propia dinámica interna (un ataque de vértigo, diría) que con los hechos exteriores...


P.:
¿No cree que la caída persistente de la confianza del consumidor arroja dudas sobre la capacidad de la economía norteamericana de sostener una recuperación vibrante?

G.G.: Ese es el interrogante clave para 2004. No creo, empero, que las mediciones de la confianza del consumidor vayan a contestar esa pregunta.


P.:
Pero el indicador de confianza que elabora el Conference Board acaba de declinar a su nivel más bajo de los últimos seis meses... Y el mercado acusó recibo.

G.G.: De marzo a hoy, la confianza del consumidor efectivamente se erosiona, pero el gasto de consumo, en paralelo, no deja de elevarse.


P.:
¿No es extraño?

G.G.: No es la primera vez que ocurre. Lo mismo aconteció después de los atentados a las Torres Gemelas. Y se trata de una brecha muy marcada. Mire: en julio el gasto personal trepó 0,9%. En agosto, 0,8%. Si corrige las cifras por inflación y anualiza el bimestre, la aritmética arroja un aumento real cercano a 7,5%.


P.:
O sea, el consumo debe estar volando...

G.G.: Lo está. Ninguna encuesta de sentimiento -y hay tres, a falta de una-ha sido un anticipador confiable de las decisiones de consumo.


P.:
Quizá la rebaja de impuestos haya servido para ponerles dinero en el bolsillo a los consumidores pero no les ha resuelto sus preocupaciones...

G.G.: Correcto. Tanto lo uno como lo otro. Las familias han recibido una inyección de ingresos en julio y agosto que -en términos anuales-equivale a unos 100 mil millones de dólares. Y de ello han gastado dos terceras partes...


P.:
Y habrán ahorrado el remanente para apaciguar sus inquietudes...

G.G.: Así parece. La tasa de ahorro está en alza. De 3,2% en marzo a 3,8% en agosto.


P.:
La baja de impuestos tiene límites. Si el consumidor está nervioso hoy, ¿cómo responderá cuando se acabe el maná que cae del cielo? Admita que la Bolsa tiene razón en tomar nota.

G.G.: Ese es un tema de la agenda de 2004.


P.:
Pero la Bolsa se anticipa...

G.G.: Lo que irrita al consumidor -lo que enturbia su confianza-es la fragilidad que percibe en el mundo laboral: 35% de quienes responden la encuesta considera que hoy en día un trabajo es «difícil de obtener». Si la recuperación actual prosigue su rumbo, esta percepción va a cambiar antes de que se agote -avanzado 2004- la influencia del paquete impositivo sobre los ingresos.


P.:
¿Y el dólar? ¿Cómo juega sobre Wall Street? Mi impresión es que esta sensación de zozobra que campea luego de Dubai no le sienta bien...

G.G.: Hasta ahora la caída del dólar ha sido tan visible como ordenada. No ha traído mayores dolores de cabeza. Y su impacto en la Bolsa ha sido beneficioso. Ha contribuido, en un discreto segundo plano, a alimentar las utilidades de las empresas con exposición en el resto del mundo...


P.:
¿Cómo?

G.G.: Una porción de los mejores balances corporativos se debe a las ganancias obtenidas por filiales en el exterior y al sencillo expediente de su conversión a dólares, a un tipo de cambio que resulta más generoso.


P.:
No hay garantías, sin embargo, de que una caída más pronunciada del dólar no ocasione turbulencias en los mercados financieros...

G.G.: No las hay. Por supuesto. En ese sentido, el G-7 debe tener cuidado con aquello a lo que aspira. Su-cede que pudiera lograrlo. Muy rápido y en demasía. Esperemos que el secretario del Tesoro, Snow, haya estudiado la lección de James Baker que, con su inefable insistencia, encendió la mecha del octubre negro de 1987.


P.:
Uno advierte una sensibilidad creciente...

G.G.: Es una trampa conocida. Imagino que ello facilitará no poner los dedos allí.

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