31 de julio 2003 - 00:00

Dilema para empresas: si sube el dólar, las mata. Si baja, mueren

Los próximos balances que mostrarán las principales empresas argentinas presentarán una curiosidad: el doble impacto de cuanto sucede con el dólar. Si despega fuerte la moneda norteamericana -es lo sucedido en 2002-, las empresas venden más, exportan, pero por haberse endeudado en el exterior, ven incrementado su pasivo. Al revés, si el dólar baja, facturan menos, pero pasan a tener menores cargas por la deuda. La semana próxima lo mostrarán los balances de las cotizantes en la Bolsa. Algo parecido le pasa al gobierno, que le gustaría ver despegar al dólar para recaudar más impuestos como las retenciones. Salvo que la inflación se dispararía.

Dilema para empresas: si sube el dólar, las mata. Si baja, mueren
No está mal, para nuestro perfil de país contradictorio, que ahora se presente un acertijo como para que hagan un amplio «casting»: a ver quién es el que lo pueda resolver. Ante el arribo masivo de balances trimestrales a junio, en la Bolsa, es seguro que habrá de repetirse la conformación de cuadros de resultados ya vistos en marzo. Y que, en muchos de los casos, lucen exactamente a la inversa que en 2002. Así como el tipo de cambio repartió premios y castigos que marcaron huellas, al salir de la convertibilidad con la devaluación, las que se abrieron primero se cerraron parcialmente después. Y se abrieron otros surcos paralelos. Esto conforma un revoltijo de números y empresas flotando, esperando por dónde los llevará la próxima sudestada. Entre la maraña y lo impenetrable de nuestra economía y producción, el equipo económico nos dice que está viendo un crecimiento sostenido.

• Efecto dólar

Mientras, tanto, el dólar juega alegremente, sin que nadie se atreva a juzgarlo seriamente. El Banco Central las ofició de guardián a dos puntas, ahora dice que lo será para una sola, pero los conceptos sobre «caro» o «barato», los intereses creados para opinar -y ayudar- a marcar una tendencia, quedaron detrás de bambalinas. ¿Por qué tan mesurados? Pues, porque se ve en la vida real, aquello que parecía estampa de poesía y donde el osado caballero -con un acero clavado- clamaba en una situación también sin salida: «si me lo quitan, me matan, si me lo dejan, me muero...». Esos cuadros de resultados que habrán de presentarse, son sumamente testimoniales en ver de qué modo el tipo de cambio puede arruinar toda gestión operativa, la genuina del negocio. Y, al mismo tiempo, crear la imagen contable de líneas finales con «utilidades» (como se ha hecho rodar, falazmente, respecto de las privatizadas). ¿Cómo hacer si su empresa está muy endeudada en dólares y, a la vez, ve mejorar sus resultados ordinarios porque un dólar alto le permite exportar, o sustituir importaciones? A más alto el tipo de cambio, más exporta, o sustituye, en resumen: más factura. Pero, junto con esto, la zona baja del cuadro de resultados ve de qué manera todo se lo devora el crecimiento correlativo de su endeudamiento, traducido a pesos. En este semestre, bajando el precio del dólar de modo muy notorio -respecto de 2002- las endeudadas vieron una rehabilitación formidable: porque si debían -por caso- u$s 100 millones en ON, o créditos, y esto les había castigado el balance de 2002 en unos $ 400 millones. Ahora ese «act of magic» nos dirá que el asunto se arregla con módicos $ 280 millones: ergo, se produjo una «ganancia» de $ 120 millones, que ingresa al cuadro dándole un revulsivo positivo. A la inversa, las que obtenían muy buenos rindes de la venta al exterior ven mucho más peleados los mercados, y lo que se obtiene de renta neta es muy inferior: porque el dólar vale menos. Lo sensacional de todo esto, es que en muchos, muchísimos casos, la beneficiada y la perjudicada: son la misma empresa. Dos en una. Cuando el gerente financiero respira y se distiende, el de producción y ventas consume dos litros de café por día. Pero, la justicia de nuestra economía es que, el año anterior, los roles estaban cambiados. Lo peor, que ninguno de los dos sabe quién tendrá la jarra de café al lado. O si se precisarán dos. Las derivaciones pueden ser imposibles de captar, según los distintos rubros y la incidencia en los costos de insumos importados -que si el dólar sube, quitará margen importante-. Pero, si el dólar continúa el descenso, se verán nuevamente tapados de competencia internacional -la del vecino, seguro- que vienen a matar, quitándose bolsones de productos que no encuentran mercado local -recesión- ni mundial como antes, (proteccionismos, chicanas, feroz competencia). El gobierno tiene también su propio acero clavado, porque una merma en el dólar le traerá consigo recaudaciones que se adelgazan (vía exportaciones). Pero, un dólar que se recaliente puede venir con la inflación debajo del brazo, o un estallido social que nunca se ha descomprimido y apenas se aguanta así. Se comenta en todo pasillo, menos en Economía, que la situación económica, el crecimiento, se ha «amesetado». Y resulta que habrá muchos balances presentando fuertes utilidades de línea final, por conducto de ese «debo menos» que no son vitaminas, pero hacen lucir de negro los números. ¿Qué prefieren los que están como actores económicos? Elijan si «arriba», o «abajo», está visto que -hasta que uno no lo resuelva- si les sacan la espada (baja el dólar) los matan, pero si se las dejan (sube el dólar), se mueren... (El único feliz es Jackson, desde el billete, debe ser de las pocas veces que nadie se mete contra él en la Argentina).

• De tercer tipo

Menos mal que todavía quedan sociedades «del tercer tipo». Son la que tienen un decálogo con la misma frase en los diez casilleros: «empresas bien administradas, no quiebran». Países, tampoco, se podría agregar. Son las que evitaron jugar contra espadas, siempre tienen el escudo a mano y resultan eficientes operativamente. Ganan más, ganan menos, alguna vez pierden, ven pasar ministros y libritos de modelos diversos: pero, suelen marcar la diferencia. ¿Sabe cuál es la diferencia entre un ministro de Economía y Ledesma (para dar un ejemplo)? Pues, que Ledesma, seguirá siendo siempre Ledesma. Toquen al dólar, no, no lo toquen. (Que si me acomodan el hombro, se me cae la cadera. Por favor).

Salió del billete de 20 dólares y no entiende bien qué pasa en la Argentina. Pero, Andrew Jackson también tuvo lo suyo. Popular, autoritario, personalista, tenía verdadero odio por el dinero. Se le dio por cerrar el Banco Central, y hasta prohibió el papel moneda, desancadenando la «crisis de 1837», (que le endosaron a Nicholas Biddle, presidente del banco). Como por aquí, digamos...

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