El dilema es si pesa más el desprecio internacional al ministro Roberto Lavagna o la experiencia que éste adquirió sobre default y deuda como para cambiarlo en medio de la innegable correntada adversa que hoy enfrenta el país. Y se comienza a pensar que es más fácil -bastante más fácil- que el presidente Néstor Kirchner designe nueva gente que se foguee rápido en los vericuetos del estado de la negociación con los acreedores de bonos impagos que lograr que mejore la imagen externa de Lavagna. Esto último se considera ya irrecuperable para un hombre veterano de la burocracia estatal durante varios gobiernos que logró el Ministerio por apoyos de Carlos Ruckauf y Raúl Alfonsín y una consulta, que resultó aprobatoria, a Enrique Iglesias, el uruguayo que hoy preside el BID.
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«Es un mentiroso total, absoluto», es común oírles decir a empresarios extranjeros sobre el ministro que tardó tres años en presentar una propuesta a bonistas y ahora se queja enardecido porque los bancos que deben lanzarla le requieren más tiempo. Todos los países asiáticos -al igual que Rusia- que cayeron en default en un año en promedio tenían encaminadas las cosas. Se conoció un país que lo solucionó en dos. Nosotros con tres años también batimos otro récord mundial. Pero de los récords perversos.
No le faltaron oportunidades. Desperdició el momento inicial de la caída en default, cuando las tasas estaban bajas, la Argentina no había iniciado la recuperación y le tenían lástima. Luego lanza su propuesta de canje cuando las tasas internacionales volvían a caer. Hoy debe demorar todo hasta abril o quizá junio y, como analizó el economista Orlando Ferreres, «el gobierno tiene una bala de plata y si sube la tasa de interés internacional, cambia el panorama».
Vía su apoyo a Lavagna Raúl Alfonsín supera todos los récords de participación en dramas económicos acaecidos en la Argentina: estuvo en la primera hiperinflación, apoyó el primer golpe de Estado civil contra un gobierno constitucional (contra Fernando de la Rúa), apoyó y usó a un Eduardo Duhalde que provocó la más grave situación económica en la historia de la provincia de Buenos Aires y luego apoya el default más grande de un país en la historia mundial. Ahora Alfonsín con Lavagna participa del fracaso por demoras en el lanzamiento de una propuesta al default. No se privó de nada. Como Ricardo Balbín y Arturo Illia, Alfonsín algún día tendrá una autopista con su nombre, pero en verdad ser miembro activo en tantos desastres y daños económicos al país ya no es compensable con que haya tenido buen accionar en defensa de la democracia.
Cualquier negociador nuevo del default argentino que no sea Lavagna tendría automáticamente simpatía mundial inclusive aunque mantuviera la misma oferta argentina mezquina actual para salir del default. Porque es cierto que un banco como el New York puede haber desistido de operar el canje por nuevos bonos argentinos por el riesgo de tener juicios y con el argumento de que le faltaba tiempo para instrumentar la ejecución. Pero es igualmente cierto que nadie seriamente quiere operar con una Argentina representada por un ministro como Roberto Lavagna. Si en definitiva fuera falta de tiempo y ya es inevitable tener que postergar por lo menos el lanzamiento externo de la deuda, ¿qué costaba darle más tiempo al mismo Bank of New York?
• Cuidado
El problema es el ministro, no el tiempo. Ni hablar de qué sucederá cuando a mediados de enero de nuevo tenga que tratar la Argentina con el Fondo Monetario Internacional y la negociación dependa nuevamente de un ministro como Lavagna del lado argentino.
No podría negarse que este funcionario subsiste y arriesga el país porque supo tantear y halagar ciertos sueños adolescentes de Batman golpeando extranjeros del propio presidente Kirchner. Pero el gobierno debería cuidarse del humor mordaz con que los argentinos suelen mostrar descontento. Al «Plan SS» (suerte y soja) y luego el «Plan SCH» (suerte y China) ahora se agrega escuchar ante tantos beneficios casuales que vienen de afuera -hasta plagas en competidores, como Estados Unidos que «con esta suerte al país lo podría presidir hasta 'Tito' Roldán».
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