En Jackson Hole, a fines de agosto, Jay Powell mantuvo el taper en el congelador cuando la economía creaba más de 800 mil nuevos empleos mensuales y los mercados descontaban la iniciativa. Después de la última reunión de la Fed, un mes más tarde, apareció otro Powell. De repente, el trámite para iniciar la poda de las compras de bonos estaba listo. Él, personalmente, necesitaba sólo un informe laboral “decente” para avanzar tan pronto como en el próximo mitin, el 1 y 2 de noviembre. Varios de sus colegas ni siquiera eso.
La Fed pone rumbo hacia un taper decente (si Washington quiere)
Recién cuando la oleada de covid impulsada por la variante delta dio pruebas fehacientes de replegarse, la Fed retomó su agenda.
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De ahí la importancia de los números conocidos el viernes. Se esperaba que EE.UU. gestase medio millón de nuevos puestos de trabajo netos en septiembre, y apenas fueron 194 mil. ¿Recalculando? ¿Vuelta al tablero de diseño? No. Hay 10,9 millones de búsquedas abiertas en todo el país. La demanda de trabajo es genuina y pujante, a salarios corrientes más altos. No existe cartel más visible –aparte de las señales de tránsito– que Now Hiring. O, sea Estamos Contratando. Salvo que querer no es poder, y es imposible cubrir las vacantes. El drama es la notable falta de mano de obra tras la pandemia. En el mismo sentido, Powell se frenó en Jackson Hole no por la apatía laboral sino por la salud pública. Recién cuando la oleada de covid impulsada por la variante delta dio pruebas fehacientes de replegarse, la Fed retomó su agenda. Y esa mejoría sostenida enciende la luz verde para comenzar la faena. Paradójicamente, la inercia de sus efectos adversos explica la marcha “poco decente” de las estadísticas. Por su culpa, si hay una palabra que define la percepción generalizada sobre la economía actual es estanflación. Tanto boicotea la participación laboral como disloca las cadenas de suministros y fuerza presiones alcistas de costos. Desde ya, el covid no es la única restricción sobre la oferta agregada, pero sí la principal. Y a la par es la que puede revertirse más rápido.
¿Qué pasó con la corrección de la Bolsa en ciernes? ¿Se agravó con la decepción del informe laboral? A las acciones lo único que les importó fue que se zanjara la disputa por el techo de la deuda pública. La cuestión de fondo no se resolvió, pero se elevó el cielorraso y no volverá a molestar hasta el 3 de diciembre (cuando venza también una extensión temporal de autorización de gasto). La semana fue positiva gracias al parche de ocasión, y quebró así la mala racha. Que conste: la Bolsa se recuperó a pesar de la suba pronunciada de las tasas largas (que también tomó aliento tras el arreglo que zurcieron los políticos). ¿Y cómo cotiza la estanflación en boga? Más allá de los tejes y manejes en el Capitolio, el pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta cayó a ras del suelo: el PBI crecería apenas 1,3% en el tercer trimestre. La Bolsa, atravesada por la amenaza de una corrección que no termina de concretarse, rebotó luego de caer más de 5% y se ubica a sólo 3,2% de los récords. Se empeña, por lo visto, en no reconocer un posible estancamiento. Y los bonos rinden muy lejos de los niveles actuales de inflación promedio (4,3% interanual) y más en línea con la mediana (2,4%), pero siempre por debajo. Corolario: ni la estanflación ni sus componentes pesan en las pizarras. Pero es tiempo de examen y si salen en el bolillero, harán destrozos. Más todavía: la dinámica reciente viaja a contramano. La tasa de 10 años subió 31 puntos base el último mes. Pero dos terceras partes –19 puntos– obedecen a un aumento de la tasa de interés real. O sea, a un atisbo de mayor crecimiento esperado. La pendiente de la curva de rendimiento se empinó con ganas. Y eso es presagio de más actividad, y no un aviso de estancamiento.
¿Qué cambió con el informe de empleo? Nada. La tasa larga es más alta que antes de su difusión. La Bolsa apenas si retrocedió en el margen. Sostiene Larry Kudlow, el principal asesor económico del ex presidente Donald Trump, que no es tan malo como se dice. El sector privado creó 317 mil nuevos empleos, y sumó 100 mil más con las revisiones. La encuesta de hogares –y el informe ADP– ambos reportaron más de 500 mil puestos flamantes. No es el único que no cree en la estanflación. La Fed expuso sus dudas en Jackson Hole, pero con el covid en retirada, dio vuelta la página. Es una ironía, pero el único obstáculo estriba en Washington. Si Powell anuncia el taper en la próxima reunión comenzará a ejecutarse a principios de diciembre, justo cuando expira el arreglo sobre el gasto y el techo de la deuda pública. Maldita la gracia que le haría un cortocircuito político entonces y tener que dar marcha atrás deprisa. El olfato político de Powell tendrá pues la palabra.




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