Economía

Los mercados a Trump: mentime que me gusta

¿Qué esperar el viernes próximo? ¿A quién darle la tarea? Si la realidad no colabora, quizás el Papa pueda rasguñar un empate de milagro.

Ya es una costumbre de cada viernes. Cuando se embarran las negociaciones comerciales, y la inquietud merodea los mercados, emerge un funcionario locuaz que larga al ruedo una visión por demás alentadora. Es un rito vespertino que mejora y embellece el final de la rueda. Marca los precios que resuenan todo el fin de semana. Lo ensayó Larry Kudlow, el principal asesor económico de la Casa Blanca. Y lo hizo con gran éxito: el Dow Jones, el viernes 15, saltó 200 puntos y se llevó puesto el umbral récord de los 28 mil.

La evidencia de un atasco en la confección de un sencillo acuerdo entre los EE.UU. y China no fue obstáculo. Las discrepancias se profundizaron esta semana: Trump no quiere anular la suba de aranceles que usó como herramienta de presión, y los chinos no se comprometen por escrito a realizar las compras de productos agrícolas en la cuantía que desea Washington. Sin embargo, la rutina es sagrada. Irrumpió primero Xi Jinping. Dijo que Beijing quiere evitar la guerra, y desea un pacto “sobre la base del respeto mutuo y la igualdad”. Luego apareció Trump, quien señaló que el arreglo está “muy cerca”, pero no sería un acuerdo balanceado. ¿Y cómo respondió el Dow Jones? Con un avance que quebró una mala racha de tres jornadas en baja, aunque no pudo hilvanar la séptima semana consecutiva en ascenso. El Dow Jones trepó 109 puntos. Mentime que me gusta.

A sabiendas del truco, empero, su rendimiento en el margen es decreciente. Trump y Xi, juntos, no consiguieron replicar el efecto Kudlow, apenas poco más que la mitad de la suba. ¿Qué esperar el viernes próximo? ¿A quién darle la tarea? Si la realidad no colabora, quizás el Papa pueda rasguñar un empate de milagro.

Los mercados desconfían, pero no tanto. Wall Street retrocedió, achicó su ambición, prefirió no insistir al alza. No obstante ello, continúa agazapado a menos de medio por ciento de sus máximos flamantes, lista para propinar otro zarpazo con las espaldas algo más cubiertas. Que tampoco todo es cháchara. Sea teatro o no, es inusual que Xi y Trump sincronicen un paso en escena, con un guión constructivo. No importa el leve desajuste del texto como la voluntad común de sostener la idea de un acuerdo. Ambos lo necesitan (más bien, todos, inclusive los de afuera).

La economía mundial le pasó raspando a una recesión, y el peligro persiste (y volvería como un búmeran si se reavivan las hostilidades). Ambos lo entienden. Trump, con su pequeño exabrupto sobre la igualdad, quizás revela un tironeo interior sin resolver. La pax comercial le quitó de encima la doble espada de Damocles del bear market y la recesión, pero ¿no se podrá sacar una ventaja extra presionando a Xi con Hong Kong? Y no parece proclive a entregar el juguete de los aranceles. En todo caso, se podría licuar un poco más el alcance del acuerdo a suscribir. Trump ya no exige los compromisos de un año atrás; pide un acuerdo simple, “fase uno”. ¿No se podrá firmar uno de media fase? ¿Cómo se zanjó, acaso, la disputa mediática con Corea del Norte?

La verdadera noticia es otra. Y es sustanciosa, no un juego de espejos. La economía de EE.UU., por fin, amaga levantar vuelo. La actividad, medida por los índices relámpago Markit PMI, los primeros que salen del horno (con información preliminar) aceleró el paso en noviembre. Si se considera la actividad total, creció a su ritmo más veloz desde julio. El sector más dañado por el temporal -la actividad manufacturera- clavó un máximo de 7 meses (y la producción de manufacturas, de 10). Los servicios, los que mantuvieron la situación a flote, continúan viento en popa (en un máximo también desde julio). ¿Se podría decir que el bache quedó atrás? El economista jefe de Markit piensa que sí, que lo peor pasó. De hecho, tras un par de meses de recortes de nómina, las empresas que cubre el sondeo retomaron la contratación de personal para atender una incipiente acumulación de trabajos pendientes. Todavía es temprano para cantar victoria (Wall Street siempre se anticipa), pero es más prematuro aun como para empezar a arriar las posiciones. ¿Que el fondo Bridgewater montó una exposición corta de mil millones de dólares a favor de un derrumbe bursátil durante los próximos tres meses? Sería bueno, desde un punto de vista contrarian, pero su hombre fuerte, Ray Dalio, dice simplemente que no es verdad.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario