18 de enero 2002 - 00:00

Efecto devaluación: salarios caerán este año más de 30%

Efecto devaluación: salarios caerán este año más de 30%
La devaluación impactará muy fuerte sobre el poder adquisitivo de los argentinos, que, como mínimo, verán licuar 30% de sus ingresos en el año, sólo por el impacto monetario que genera la salida de convertibilidad sobre los precios minoristas.

El problema es muy serio: con el aumento del dólar, que en adelante se liquidará a $ 1,4 para bienes e insumos que se consideran críticos, pero al precio de mercado para el resto de las compras al exterior, las estimaciones privadas indican que inevitablemente el país deberá asumir una inflación minorista de entre 25% y 30%, que podría incluso ser mayor si el dólar se consolidó por encima de los $ 2.

Con esos niveles, aunque en términos nominales el salario se mantuviera estable, en términos reales verá reducirse por lo menos 30% promedio cuando los bienes que se quieran adquirir resulten menores a los que se adquirían hasta fines de 2001 con el mismo salario.

•Dependencia

La incidencia de las importaciones en la producción nacional es muy alta: todos los sectores dependen de la importación de bienes e insumos, ya sea porque lo compran directamente o porque para su producción compran bienes nacionales (de capital o intermedios) que se elaboran con componentes importados, y por eso es alta propensión a incrementar precios.

Pero, en medio de una de las peores crisis que se hayan vivido en la historia argentina, donde se conjugan la recesión, un desempleo que ya supera ampliamente 20% y la iliquidez que deja el «corralito», las empresas sólo podrán incrementar precios para cubrir los mayores costos que el mayor valor del dólar provoca. Y nada más. No habrá resto para indexar salarios en el sector privado ni en el sector público. Y la caída de ingresos del sector asalariado se trasladará inmediatamente al sector empresarial con menores ventas. A esto hay que sumar también el impacto que reciben muchas familias y empresas que quedaron fuera de la pesificación y lo que sucederá de aquí a 180 días, cuando se renegocien alquileres, tarifas y otros contratos.

Con este cóctel de impactos, el poder adquisitivo de las familias caerá bruscamente sólo por «efecto inflacionario», a lo cual, además, habría que computar el deterioro en las condiciones de empleo que traerá aparejado un cuarto año en recesión. Lo más grave es que esta caída se sumará a la reducción que ya sufrieron los ingresos familiares desde 1999. Según datos de Fundación Mercado, entre diciembre pasado y diciembre de 1999, los ingresos promedio en todo el país cayeron 44,1%. Tanto la pérdida del empleo, la eliminación de horas extra, como las menores ventas y las reducciones salariales afectaron a la mayoría de los hogares del país, que, como consecuencia, han visto deteriorar mes tras mes sus niveles de ingresos.

•Inflación

Este año, a todos estos impactos se suma el de la inflación que licua el poder adquisitivo, si no hay en el medio algún tipo de indexación, algo que prácticamente se descarta que pueda lograrse con recursos genuinos este año (excepto que se opte por la emisión irracional de dinero), ya que se espera una caída del PBI de, mínimo, 8%.

Así, después de convivir tres años con deflación,
la inflación vuelve a instalarse en el país. Históricamente, la inflación en la Argentina ha acompañado en 50% la apreciación que sufrió el dólar frente al peso. Es decir, que si el dólar se dispara a $ 1,8, la apreciación de la divisa frente al peso es de 80% con lo cual se esperaría una inflación minorista de 40%.

Ahora, ante la parálisis en la actividad económica, las dificultades para importar (ya que desde el Banco Central aún no terminan de reglamentar las normativas y las empresas tienen trabadas sus compras externas) y la posibilidad de importar una serie de productos a $ 1,4, las estimaciones realizadas desde el sector privado arrojan una inflación algo inferior a 50% de la apreciación de la divisa, pero igualmente importante. Por ejemplo, desde
Fundación Capital, Carlos Pérez anticipa que, con un dólar a $ 1,8, hoy se puede esperar una inflación promedio en el año de entre 25% y 30%. Desde Ferreres y Asoc., Camilo Tiscornia señala que, aunque aún es muy preliminar estimar la inflación, con un dólar en $ 1,8, podría esperarse un aumento de precios de 29% en el índice de precios minoristas si se compara diciembre de 2002 y diciembre de 2001.

Desde
Ecolatina, el economista Ricardo Delgado indica que, con un dólar contenido, donde no hubiera superado $ 1,8, se habría podido esperar una inflación de 15% anual; mientras que José Luis Espert, si bien adelantó que en estas condiciones es muy endeble realizar proyecciones, estima un aumento en los precios minorista de 18%.

Desde
Fundación Mercado, Dardo Ferrer explica que, con la estructura de las importaciones, es increíble que la inflación anual sólo sea 8% o 12%, como presupuestó el gobierno. En cambio, calcula que, en un escenario optimista, la inflación podría ser 5% mensual, aunque se inclinó más por una inflación de 30% en los próximos tres meses.

Cierto es que, con la modificación del tipo de cambio, se podría esperar un aumento de la competitividad del país, reducción de importaciones y sustitución por producción nacional. Pero eso es hoy muy difícil, por no decir imposible, de lograr en la Argentina. Porque, para desarrollar la industria nacional, se necesita inversión en formación de capital, y para ello, se requiere crédito, algo que hoy no existe. Y luego de convivir 11 años con un tipo de cambio 1 a 1 mientras muchos países devaluaban su moneda, es lógico que una gran cantidad de bienes dejó de producirse en el país, pero hoy no están en condiciones de volver a levantar esa industria de un día al otro. Llevará tiempo esa sustitución, y siempre que se logre ordenar el país. Aun con la gravísima recesión, la inflación vuelve a ser una amenaza. Por eso, devaluar en medio de semejante crisis puede terminar siendo un sinsentido.

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