Hace tiempo que pensamos que la principal fuente de vulnerabilidad de la economía argentina proviene de la falta de blindaje a la deuda pública que permita eliminar la percepción de que el gobierno puede entrar en cesación de pagos si es que se cierran los mercados de capitales. Insistíamos en que era prioritario darles a los vencimientos de la deuda pública el mismo grado de protección de liquidez que la convertibilidad le da a la moneda y que los requisitos de liquidez y otras políticas del BCRA les dan a los depositantes.
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Un verdadero blindaje estaba pensado como un instrumento preventivo, contingente, acordado antes de la crisis, justamente para evitar que la crisis se produzca. No es que la Argentina no tuviera una estrategia de administración de deuda, la tiene pero es insuficiente. La experiencia muestra que tener un colchón de prefinanciamiento de un trimestre, diversificar mercados, no desembolsar fondos del FMI, no permitir que los vencimientos anuales de deuda excedan 12% del stock total y fomentar la creación de un mercado local de capitales es bueno pero insuficiente. Hacía falta algo más, no sólo como un instrumento defensivo sino también ofensivo, para pulverizar el riesgo-país y gatillar la reactivación económica.
Este apoyo de organismos internacionales y acreedores locales que recibe el gobierno argentino no es el blindaje preventivo del que hablábamos. Para poner las cosas en su justo lugar, tampoco viene en condición de bombero cuando el incendio ya se ha declarado y hay que apagar el fuego como precondición para iniciar la reconstrucción. Cualquier comparación objetiva de los fundamentals de la Argentina con los de otros países que recientemente debieron ser socorridos en la emergencia (países asiáticos, Rusia, Brasil, Turquía) muestra una situación nuestra bastante sólida, con un problema de liquidez y falta de credibilidad y una recesión que ya lleva 9 trimestres. Basta con leer los cinco prerrequisitos que la exigente Comisión Metzler reclama para que países sean merecedores del apoyo internacional: la Argentina cumple con cuatro y medio.
Bombaje
Ni blindaje, ni bombero: por eso este apoyo que se supo conseguir debe ser denominado bombaje, mitad blindaje, mitad bombero. Si en los próximos meses, el bombaje se convierte en blindaje, la Argentina estará encontrando la llave de la puerta que permita convertir la crisis en oportunidad. Esto es que la liquidez haga la tarea que el ajuste fiscal de caja de 2000 no supo realizar. Que el riesgo soberano baje a los niveles que tenía durante el primer trimestre de este año, que venga la reactivación y que el gobierno aproveche este lubricante para implementar alguna reforma en serio de largo plazo. El gobierno habrá usado apenas una parte pequeña del financiamiento y rápidamente, no después de abril, podrá financiarse en mercados voluntarios a tasas razonalbes, dejando la parte no usada en el banco de suplentes y hasta precancelando antes de fin de año el desembolso inicial.
Por el contrario, si el bombaje va camino a transformarse, descubriremos una vez que hay una cosa peor que no tener plata: haberla tenido y haberla dilapidado. Si no se logra restablecer la credibilidad o si se «prepotea» al mercado pensando que hasta que la tasa de interés no baje a 9% no importa porque se usa el desembolso del FMI, pronto puede empezar la cuenta regresiva y el mercado preguntarse hasta cuándo alcanzará la plata.
Inicialmente, el gobierno y el equipo económico deben adoptar una actitud ofensiva. El catenaccio defensivo era válido cuando había que acudir todos los meses a los mercados para financiarse. Con el dique de contención del blindaje, se puede ir al ataque para darles a los inversores que hoy dudan excusas para que compren Argentina. Una administración agresiva de la deuda (con canje de deuda, pagando bonos antes de que venzan, etc.) puede ser un buen instrumento. Un buen marketing «a la Arminio Fraga» puede ser un buen complemento si consiste en mostrar lo que se está haciendo y cómo se piensan encarar los problemas y no si consiste en prometer reformas que nunca llegan o decir que todo va fenómeno. Basta de quejarse por la herencia, enfatizando los aspectos negativos y olvidándose de los positivos porque se transforma en un bumerán. Basta del doble discurso.
Tras dos años de caída acumulada del PBI de 3%, la Argentina está en condiciones de crecer más de lo que el consenso cree. Para ello necesitamos, por supuesto, un contexto internacional algo mejor que el de los últimos dos años y que puede aparecer en 2001, tasas de interés en EE.UU. levemente en baja, precios de oleaginosos más normales e importaciones en Brasil acercándose a los récords del '97. Si, además, ello viene acompañado de un dólar algo más débil, sobre todo contra el real, el peso chileno y el euro, mejor. Y también necesitamos que el equipo de gobierno, empezando por el Presidente, el gabinete y el Ministerio de Economía, sean consistentes en sus intenciones de reforma.
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