24 de septiembre 2008 - 00:00

El default argentino, una saga que acumula siete años. ¿Terminará?

AdolfoRodríguezSaá recibióaplausoscuandoanunció eldefault en2001. En 2005los poseedoresde esosbonos empezabanaavizorar unaluz al final deltúnel cuandose iniciaba elcanje. Ahora,tras el anunciodel lunes,¿volverán losaplausos?
Adolfo Rodríguez Saá recibió aplausos cuando anunció el default en 2001. En 2005 los poseedores de esos bonos empezaban a avizorar una luz al final del túnel cuando se iniciaba el canje. Ahora, tras el anuncio del lunes, ¿volverán los aplausos?
Es hoy imposible explicar en forma más clara la incapacidad de pagarle al diariero, al almacenero o al verdulero algún pedido adeudado que decirle simplemente «estoy en default». Impensada expresión hace una década atrás para esos ámbitos, el uso cotidiano del término default ya no sorprende. Trascendió las barreras de la jerga económica financiera hacia fines de 2001, cuando subrepticiamente se comenzó a mencionar luego de que el fugaz presidente Adolfo Rodríguez Saá recibió aplausos al anunciar ante el Congreso con entusiasmo la suspensión de pagos de la deuda pública.

Terminaba el año 2001 y la Argentina parecía Kosovo, acéfala de gobierno, devastada por saqueos y enfrentamientos en las calles, con límites en la extracción de dinero de los bancos y un riesgopaís de más de 4.700 puntos.

La deuda entonces superaba los u$s 140 mil millones y aunque el FMI y el Banco Mundial figuraban entre los acreedores, los principales perjudicados eran los tenedores de bonos (muchos internacionales, pero también argentinos).

Se habló del default con la llegada de la devaluación de Eduardo Duhalde y la emisión de bonos para compensar la pesificación asimétrica que terminó elevando la deuda a casi u$s 200 mil millones, sin que ese presidente negociara una recomposición en las relaciones con los bonistas afectados.

  • Manifestaciones

    Miles de tenedores de bonos alemanes, estadounidenses y japoneses, pero principalmente italianos, comenzaron a manifestarse en contra de la Argentina. Muchos vendieron sus títulos a fondos que vieron la posibilidad de presentar demandas en tribunales internacionales.

    Fue en la primavera de 2003, ya bajo la administración de Néstor Kirchner, que la palabra default sonó con contundencia en el anuncio que el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, hizo como propuesta de pago de deuda.

    Tan árido como el desierto en el que se presentó fue el primer recibimiento que tuvo el plan en el mercado.

    Lavagna explicó en Dubai, durante la Asamblea Anual del FMI y del Banco Mundial, que la quita ofrecida a los bonistas era de 75% (mucho mayor que la que esperaban los inversores) y que «no admitirá modificaciones». Pero al día siguiente, los cálculos que se hacían en los bancos, derivados de la presentación argentina, indicaban que la quita final sería de casi 92%.

  • Ratificación

    El equipo económico salió rápidamente a negar semejante porcentaje y como si el daño que se haría a los bonistas fuera mínimo, ratificaron un descuento de 17 puntos menor.

    El gobierno se proponía bajar la deuda de casi u$s 179 mil millones a poco más de u$s 113 mil millones, y dejar de lado unos u$s 14 mil millones de intereses acumulados luego de declararse el default.

    Todavía había relaciones con el FMI y en la carta de intención que el país firmó con ese organismo se aseguraba que la negociación de la deuda iba a finalizar a mediados de 2004.

    Pero el trámite se fue dilatando, oficialmente explicado como un retraso por cuestiones burocráticas. Y en junio se realiza una mejora en la oferta que redujo la quita a cerca de 50%. Se fijaron nuevos plazos y tasas más altas.

    Luego de seis semanas de Road Show del equipo económico por el mundo en promoción del «plan canje», el 25 de febrero de 2005 se cerró la posibilidad de cambiar aquellos 152 bonos en default por los títulos Par, Cuasipar o Discount. Ante un escenario que no terminaba de convencer, la adhesión al canje fue superior a la prevista por analistas y llegó a 76% de los inversores. Néstor Kirchner se jactaba entonces de que los argentinos iban «a demostrar que podemos, que habremos hecho la mejor negociación de la historia del mundo».

    Pero no podía dejar de hablarse de default ya que el canje solo logró reducir la deuda a u$s 125.283 millones.En as manos de inversoresque prefirieron no entrar en esta operación y esperar una futura, y eventualmente mejor, oferta argentina quedaban más de u$s 20 mil millones en bonos.

    No lograron borrar el término default de los diálogos cotidianos ni la cancelación de la deuda en cesación de pagos con el FMI de cerca de u$s 10 mil millones que se hizo el primer día de 2006, ni el anuncio oficial que a principiosde este mes se hizo sobre la voluntad de pagar u$s 6.700 millones al Club de París con reservas internacionales del Banco Central.

    La reapertura del canje de deuda en manos de tenedores privados que anunció Cristina de Kirchner esta semana augura el fin de la repetición de esa palabra. Aunque dados los trámites necesarios para implementar el nuevo canje, no será tan rápido desprenderse del default.
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