El default argentino, una saga que acumula siete años. ¿Terminará?
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Adolfo
Rodríguez
Saá recibió
aplausos
cuando
anunció el
default en
2001. En 2005
los poseedores
de esos
bonos empezaban
a
avizorar una
luz al final del
túnel cuando
se iniciaba el
canje. Ahora,
tras el anuncio
del lunes,
¿volverán los
aplausos?
Fue en la primavera de 2003, ya bajo la administración de Néstor Kirchner, que la palabra default sonó con contundencia en el anuncio que el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, hizo como propuesta de pago de deuda.
Tan árido como el desierto en el que se presentó fue el primer recibimiento que tuvo el plan en el mercado.
Lavagna explicó en Dubai, durante la Asamblea Anual del FMI y del Banco Mundial, que la quita ofrecida a los bonistas era de 75% (mucho mayor que la que esperaban los inversores) y que «no admitirá modificaciones». Pero al día siguiente, los cálculos que se hacían en los bancos, derivados de la presentación argentina, indicaban que la quita final sería de casi 92%.
El equipo económico salió rápidamente a negar semejante porcentaje y como si el daño que se haría a los bonistas fuera mínimo, ratificaron un descuento de 17 puntos menor.
El gobierno se proponía bajar la deuda de casi u$s 179 mil millones a poco más de u$s 113 mil millones, y dejar de lado unos u$s 14 mil millones de intereses acumulados luego de declararse el default.
Todavía había relaciones con el FMI y en la carta de intención que el país firmó con ese organismo se aseguraba que la negociación de la deuda iba a finalizar a mediados de 2004.
Pero el trámite se fue dilatando, oficialmente explicado como un retraso por cuestiones burocráticas. Y en junio se realiza una mejora en la oferta que redujo la quita a cerca de 50%. Se fijaron nuevos plazos y tasas más altas.
Luego de seis semanas de Road Show del equipo económico por el mundo en promoción del «plan canje», el 25 de febrero de 2005 se cerró la posibilidad de cambiar aquellos 152 bonos en default por los títulos Par, Cuasipar o Discount. Ante un escenario que no terminaba de convencer, la adhesión al canje fue superior a la prevista por analistas y llegó a 76% de los inversores. Néstor Kirchner se jactaba entonces de que los argentinos iban «a demostrar que podemos, que habremos hecho la mejor negociación de la historia del mundo».
Pero no podía dejar de hablarse de default ya que el canje solo logró reducir la deuda a u$s 125.283 millones.En as manos de inversoresque prefirieron no entrar en esta operación y esperar una futura, y eventualmente mejor, oferta argentina quedaban más de u$s 20 mil millones en bonos.
No lograron borrar el término default de los diálogos cotidianos ni la cancelación de la deuda en cesación de pagos con el FMI de cerca de u$s 10 mil millones que se hizo el primer día de 2006, ni el anuncio oficial que a principiosde este mes se hizo sobre la voluntad de pagar u$s 6.700 millones al Club de París con reservas internacionales del Banco Central.
La reapertura del canje de deuda en manos de tenedores privados que anunció Cristina de Kirchner esta semana augura el fin de la repetición de esa palabra. Aunque dados los trámites necesarios para implementar el nuevo canje, no será tan rápido desprenderse del default.




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