Nueva York - Hace más de nueve años, los rostrosde Alan Greenspan, Robert Rubin y Lawrence Summers aparecieron en la portada de la revista «Time» como integrantes del Comité para Salvar el Mundo. En aquel entonces, Estados Unidos estaba en auge. La tasa de crecimiento económico era elevada, la inflación y el desempleo eran escasos, la Bolsa de Valores estaba por las nubes. El cuasi colapso del fondo de cobertura de riesgo Long-Term Capital Management en el otoño de 1998 resultó ser un episodio fugaz, en tanto la cura prescrita -bajar las tasas de interés- alimentó la última etapa de la burbuja de las acciones tecnológicas y de Internet.
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Asia padeció una crisis financiera y económica en 1997; Rusia, en 1998. Con Rubin y Summers al timón del Departamento del Tesoro y Greenspan al de la Reserva Federal, Estados Unidos atravesó las crisis indemne.
«A estos hombres no se les atribuye todo el mérito por el auge -ellos mismos son los primeros en decir que lo único que hicieron fue dejar que los mercados funcionaran-, pero tanto en Wall Street como en Washington, se llevan la mayor parte», escribió Joshua Cooper Ramo en su artículo en el «Time» del 15 de febrero de 1999.
El auge, o más bien la burbuja, llegó a su fin en 2000. Las cosas mejoraron, hubo otra, esta vez de inmuebles residenciales, y ésta, también, llegó a su fin. Entonces, ¿ dónde está hoy en día el Comité para Salvar el Mundo? Ninguno de los tres hombres está salvando mucho que se diga, menos en lo que se refiere a sus respectivas reputaciones. Ninguno trabaja en el gobierno, lo que hace falta para tener categoría de salvador.
El legado de Greenspan está hecho trizas porque la burbuja inmobiliaria, inflada durante su gestión, reventó con un estampido que oyeron por todo el mundo. Summers tuvo que dimitir de la presidencia de la Universidad de Harvard a principios de 2006 por haber hecho comentarios políticamente incorrectos sobre las mujeres en la ciencia, lo que me parece admirable. Y Rubin, presidente del comité ejecutivo de Citigroup, todavía tiene preguntas que contestar, aun después de haber tratado de eximirse de culpa por las pérdidas del banco. Por ejemplo, ¿qué hacía en esa oficina junto a la de Chuck Prince, el ex jefe ejecutivo, mientras Citi ardía? Citigroup anunció más de u$s 40.000 millones en concepto de pérdidas y depreciaciones desde noviembre.
Ficción
«Es un papel ficticio», afirma Jim Bianco, director general de la firma de investigaciones Bianco Research. «Las otras firmas de Wall Street no tienen un presidente del comitéejecutivo, un sabio al que se paga por frotarse el mentón e impedir que esto suceda».
«The New York Times» sostuvo en un artículo el 27 de abril que Rubin no tenía « ninguna responsabilidad específica y podía usar su cargo para hacer pronunciamientos sobre política pública». Por eso -tenía «responsabilidad sin obligación», según un banquero anónimo citado en el artículo del «NYT»- le pagaban más de u$s 10 millones al año.
Ahora que la economía no está en su mejor momento la marea está en reflujo. La playa está cubierta de fragmentos de naufragios. El Comité para Salvar el Mundo, al que se vio por última vez remando furiosamente en contra de la marea, fue arrastrado mar afuera.
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