"No están todas las cartas jugadas. No se olviden de que yo tengo una ley sancionada por Diputados..." Enigmático, Chrystian Colombo insinuó delante de varios senadores radicales, el martes por la noche, que había un atajo para convalidar el ajuste o para presionar al bloque del PJ. El arma de Colombo era un decreto de necesidad y urgencia que debería reproducir el texto aprobado por la Cámara baja. El plan consistía en emitir esa norma a las 17 de ayer, si para esa hora no había concluido el acuerdo con la oposición senatorial para tratar el ajuste. Colombo remató el programa con retórica académica: «Y la guita para las provincias les llegará el día del arquero».
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La idea de que un decreto de necesidad y urgencia podría sensibilizar a la bancada del PJ navegó en secreto hasta el mediodía de ayer. Todo el oficialismo le encontraba una ventaja pero pocos advirtieron su limitación, difícil de salvar. La virtud de ese decreto es que, al calcar el articulado aprobado por la Cámara de Diputados, debía ser convalidado automáticamente por ese cuerpo. De ese modo no perdería vigencia ni correría el riesgo de ser anulado: con que sólo una de las dos alas del Congreso acepte un decreto de esa naturaleza, éste queda firme. Los senadores Rostán, Massaccesi, Meneghini, Sáez, León, García Arecha, Altuna y Angeloz y el secretario parlamentario Manuel Canals, festejaron la martingala. Sólo uno de ellos se animó con una pregunta que relativizaba el optimismo: «Chrystian -dijo-, ¿y si los peronistas se enojan?». Esa pregunta casi naïf recibió del jefe de Gabinete una respuesta elegante, que suele ser habitual en este funcionario: «¿Por qué no te dejás de preguntar pelotudeces?».
Al amanecer de ayer, el optimismo infundido por Colombo en la tropa del gobierno en el Senado se fue matizando con artículos constitucionales, opiniones de abogados, recuerdos de ex constituyentes. De todas esas autoridades se derivaba la misma limitación: un decreto que regulara la creación de impuestos sería insalvablemente inconstitucional por lo que establece el inciso 3° del artículo 99 de la Carta Magna. Allí se prescribe que el Poder Ejecutivo está impedido de emitir decretos de necesidad y urgencia en materia penal, tributaria, electoral o de partidos políticos. El decreto imaginado por Colombo estaría violentando esa limitación ya que fija nuevos gravámenes para los depósitos en caja de ahorro y modifica el régimen de pago del IVA.
Es cierto que, forzando la interpretación hasta lo intolerable, el jefe de Gabinete podría aducir que sólo extiende la base de aplicación de un impuesto ya creado (el del cheque) y que cambia el sistema de contribución del IVA pero no su fondo. Pero son argumentos endebles, sobre todo para el costo político que, se preveía, pagaría el gobierno con la decisión, que es lo que más contraría a los funcionarios. Es obvio: si ya en la elaboración del ajuste De la Rúa enfrentó un deterioro impresionante en su base de apoyo político -perdiendo la solidaridad del Frepaso y de buena parte de la UCR-, el dictado de un decreto sería interpretado como un desafío al Congreso que aislaría todavía más a la Casa Rosada.
Análisis
Colombo llegó al comedor del Senado, donde se discutió esta estrategia, después de parlamentar con Carlos Verna y Alberto Tell, los dos peronistas que llevan adelante la negociación con el gobierno. En esa conversación crucial, que este diario reprodujo en exclusiva, el jefe de Gabinete advirtió que el PJ arrastraría los pies más de lo conveniente en el tratamiento de la ley de ajuste. Las razones de esa morosidad se analizaron en la mesa, mientras «el Vikingo» picaba un poco de queso antes de enfrentar la comida, ya sobre la medianoche. Entre los argumentos que se desgranaron allí hubo uno que se mencionó casi al pasar pero que mostró toda su veracidad ayer por la noche: los senadores del PJ no están utilizando la ley para presionar por «conquistas» exclusivamente al gobierno nacional. También hay líneas de tensión entre esos legisladores y sus propios gobernadores provinciales.
Un radical del interior, experto en ese tipo de transacciones, explicó así esa disputa, larvada y menos visible: «Los senadores que dejan su mandato definitivamente tienen la última oportunidad de arreglar sus cuentas en la provincia; mantener su gente en los cargos públicos, obtener algún espacio en el gobierno local y cosas por el estilo». La observación se volvió muy convincente anoche, cuando muchos «padres de la Patria» hicieron oídos sordos ante el llamado de los jefes provinciales.
Herida mortal
Estas especulaciones sobre la conducta peronista consumieron casi toda la sobremesa de los senadores (que para Colombo era la cena), salvo cuando comenzó a hablarse de Domingo Cavallo y su equipo. Se citó allí al cordobés Luis Molinari Romero, quien había dicho en la reunión de bloque de la tarde que «la situación fiscal es peor de lo que dice Economía porque el país está herido de muerte». El «Vikingo» carraspeó pero no tuvo respuestas cuando en la mesa lo aguijonearon con una pregunta: «¿Por qué llamamos a (Jorge) Baldrich y a (Guillermo) Mondino a mostrar los números y no vienen nunca?». Por suerte salió en su auxilio Meneghini, quien propuso «sacarles la plata a las AFJP como hicieron en Chile...». Un gracioso, conocedor de que el senador santiagueño es todo menos un técnico, le preguntó con picardía: «¿Cómo sería? Explicalo bien, Javier». Al legislador se le acabaron los argumentos y sólo recomendó: «No sé, no sé, fue en Chile, pregunten allá».
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