2 de diciembre 2008 - 00:00

El lavado del lavado

El lavado de activos para financiar terrorismoo proveniente del tráficode drogas, contrabando de armas, corrupción pública, entre otros delitos, viene reclamando hace años la presencia activa de los Estados. Convenciones internacionales han establecido compromisos. La Organización de Estados Americanos (OEA) tuvo, también, su desempeño. En igual dirección, el Grupo de Acción Financiera (GAFI), que elaboró las «cuarenta recomendaciones», asume un rol importante. En esa dirección, nuestro país sancionó la Ley 25.246 (año 2000), reformada últimamente por las leyes 26.119 (2006) y 26.268 (2007). Mencionamos los años de sanción y reformas, para que se advierta la inmediatez temporal de la aprobación de estas normas. Varias veces la Argentina debió apresurarse ante la necesidad de cumplir obligaciones internacionales asumidas, las que, por imperio de la reforma constitucional de 1994, son implementadas por convenciones que tienen supremacía por encima de la legislación federal.

El GAFI nos ha hecho algunas observaciones. La legislación nacional, además de reformar el Código Penal, creó la Unidad de Información Financiera (UIF), destinada al tratamiento de toda la información sobre los posibles delitos de lavado de activos y financiación del terrorismo. A ella deben informar, según la ley, entidades financieras, agentes de Bolsas y mercados, aseguradoras, transportadoras de caudales, explotadores de juegos de azar, emisores de tarjetas, escribanos, concesionarios postales, entre tantos otros, hasta filatélicos, numismáticos y joyeros, pasando por inmobiliarios y mercados de futuros, además de los organismos públicos relacionados (BCRA, AFIP, etc.).

Todo el mundo. La UIF, que inclusive puede pedir a la AFIP que releve el secreto fiscal, tiene grandes facultades, inclusive fijar los montos mínimos de las operaciones a informar. En la reforma al Código Penal se optó por la suma de $ 50.000, para diferenciar la figura agravada, creando un marco de referencia.

En eso estábamos, cuando el Poder Ejecutivo decidió elevar al Congreso el proyecto de ley que prevé «la exteriorización de la tenencia de moneda nacional, extranjera y divisas» que, como se ha reiterado, con cargas fiscales que oscilan entre ocho y uno por ciento, permite blanquear todas la tenencias, aun a nombre del cónyuge, ascendientes o descendientes, sin ninguna limitación como no sea la de pagar el módico impuesto. La persona que lo haga, dice el proyecto, no está obligada a explicar la causa, ni la época, de la adquisición de las tenencias, y queda liberada de toda acción civil, comercial, penal, también de impuestos. No importa de dónde salió la plata, si provino del narcotráfico, la financiación del terrorismo, la corrupción u otros delitos consignados por la Ley 25.246 y sus recientes reformas, sino que cumpla con el sencillo trámite administrativo. Para salvar las apariencias, el proyecto prevé en su artículo 41 que las disposiciones no liberan de las obligaciones sobre lavado de dinero, quedando las personas excluidas de todo problema formalizando «una declaración jurada al respecto» (textual), es decir, una declaración jurada que diga, más o menos así: «Juro que no es dinero del tráfico de drogas, ni del terrorismo, ni de la corrupción».

Aquí aparece la cuestión. La Argentina se comprometió internacionalmente a luchar contra el lavado de dinero. Participa, en ese sentido, en foros mundiales y regionales. Es supervisada y participa en la supervisión de otros. Pero ahora está por echar todo por la borda, renunciar de hecho y de derecho a las obligaciones asumidas. No le será fácil hacerlo impunemente, entre otras cosas, por sus normas constitucionales -jerarquía superior de los tratados sobre las leyesy por las promesas ante la comunidad de naciones.

Encima otra tentación. Enormes tenencias de acciones, títulos, obligaciones negociables, créditos, de sociedades anónimas argentinas, que estaban en la administración del sector privado (AFJP) pasan a manos del Estado. El dinero, cuya causa y origen no se debe explicar a nadie, es tan dulce y entra tan barato, que nada le costará posicionarse dentro de nuestras empresas.

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