«El Mercosur tiene demasiada retórica y poca gestión, y carece de un grado suficiente de institucionalidad. El bloque tiene un aspecto retórico muy fuerte y una gestión mucho más débil.» El diagnóstico pertenece a José Botafogo Gonçalves, que fue embajador plenipotenciario de Brasil para el Mercosur y embajador en la Argentina y, probablemente, una de las personas que más conocen el funcionamiento del bloque. Según el diplomático, retirado de la vida pública, «los problemas del bloque son mucho más de naturaleza institucional que económica».
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Para Botafogo, «el intercambio comercial entre Brasil, la Argentina, Uruguay y Paraguay está en niveles satisfactorios», pero el grupo «sufre por la falta de estructuras comunes con poder para ejecutar políticas en los cuatro países».
Para el brasileño, un ejemplo de la necesidad de instituciones comunes es la ausencia de una autoridad sanitaria para todo el Mercosur, fundamental para establecer acciones de control de la fiebre aftosa. Del mismo modo, al bloque le falta un órgano deliberativo de normas técnicas, sin lo cual es casi imposible evitar divergencias entre los cuatro socios.
Botafogo recordó que hasta iniciativas simples, como un pasaporte único, están trabadas por la lentitud institucional del Mercosur, cuya instancia política máxima, el Consejo del Mercado Común, se reúne apenas dos veces al año y su Secretaría Técnica no tiene poder de ejecutar políticas.