28 de marzo 2005 - 00:00

El país está próximo a control de precios

Sebastián Katz
Sebastián Katz
El subsecretario de Programación Económica, Sebastián Katz, dijo este fin de semana dos cosas importantes en relación con el brote inflacionario, que seguiría si el índice de precios minoristas de marzo, como se supone, superara 1% y se agregaría al 2,4% del primer bimestre del año.

Katz dijo: a) «La política económica tiene mucho margen de maniobra» frente a un alza de precios, sobre todo si no es circunstancial. b) «Vamos a poner en práctica otras medidas».

Es cierto que la «política económica», en cualquier país, tiene varias formas de desalentar la perspectiva inflacionaria en cierne. Pero el problema es que este gobierno de centroizquierda está atado para aplicar la mayoría. El ministro de Hacienda de Lula da Silva, Antonio Palocci, lo dijo con claridad: «La racionalidad en el manejo de la Economía no es atributo de la derecha ni de la izquierda, sino que lo impone la lógica».

Pero Néstor Kirchner integra un amorfo centroizquierda criollo que cree que la ortodoxia económica es de los «neoliberales».

Un alza de precios, con racionalidad, se combate reduciendo la liquidez que aumenta la demanda. Por ejemplo, no aumentando el gasto estatal. El santacruceño actuó al revés, ya que lo elevó desde $ 69.553 a $ 89.206 millones el año pasado, casi 30% más. Además Kirchner no concibe la política -les sucede a los políticos sin carisma personal como Eduardo Duhalde, Leopoldo Moreau y el mismo Kirchner- sin «caja», o sea la posibilidad de gastar y subsidiar desde el Estado, nacional o provincial. En vísperas de la elección del 23 de octubre -que para colmo el propio Presidente la ubicó como el plebiscito de su gestión- no la imagina sin poder gastar desde el Estado, sobre todo porque necesita endulzar a gobernadores para que se plieguen a su nuevo proyecto: un frente con los justicialistas disponibles, los transversales aunque aporten poco, gobernadores radicales y el populismo clásico de este partido. ¿Cómo unir esta disparidad sin manejo discrecional de fondos desde el Estado nacional? Por eso la inflación lo enardece hoy al Presidente al trabar todos sus proyectos.

Un economista racional no insistiría en mantener un dólar alto (le conviene al gobierno para obtener elevados montos de retenciones para el Estado y favorecer su gasto político) en contra del mercado porque lo obliga a emitir moneda para adquirir oferta de dólares que no cesará mientras se mantenga activo el sector externo, más al continuar la baja mundial de soja por la sequía en Brasil.

• Efecto

Un economista racional también le diría que si mantiene el dólar alto por sus fines políticos, se le hace muy difícil la inversión en equipos a la industria que puede incrementar la producción y por consiguiente la oferta frente a una demanda «endulzada» desde el Estado.

Un formidable efecto de la economía ortodoxa contra la inflación es la importación temporaria del bien que escasea aquí por exceso de demanda. Por ejemplo, importar carne, pollos, lácteos, lo que sea. Pero esto requiere seriedad y saber manejar la economía seria. Raúl Alfonsín, por ejemplo, no lo sabía. Se quiso hacer el «racional» y autorizó a su secretario de Comercio Mazzorín a importar pollos que aumentaban incesantemente de precio en los años '60. Se importaron y el efecto en este tipo de medidas fue instantáneo: los que retenían los pollos para provocar un aumento del precio los lanzaron a los mercados. Esto desorientó a Alfonsín, que aceptó guardarlos en frigoríficos. Terminaron pudriéndose y tirados en basurales. ¿Falló la ortodoxia o quienes la aplicaron? Fallaron estos últimos: si enfrentan una especulación e importan un producto deben volcarlo siempre al mercado aunque bajen más los precios y reciban fuerte castigo en ingresos los que especularon. Alfonsín -un populista típico y mal administrador- prefirió sacrificar al Estado y a su correcto ministro. El drama se conoció como «los pollos de Mazzorín».

Un gobierno converso en la economía racional, como el actual, podría caer en lo mismo. Por eso prefieren «vigilar» por ahora.

Eventualmente llegar a «control de precios máximos que sería etapa ineludible sobre todo si el brote inflacionario se extiende cerca de las elecciones de octubre.

• Improbable

Como este gobierno se mueve en la economía del tanteo y en formas no ortodoxas, por caso con el uso de las «retenciones» podría aumentarlas para desalentar la salida al exterior de productos. Sólo en una economía dirigista cabe esto.

Otra forma racional es bajar impuestos a sectores que así no aumentarían los precios, pero parece improbable el uso en un gobierno que aspira a triunfar con gasto público en las próximas elecciones.

Entre estas imposibilidades por el tipo populista de gobierno que tenemos -en realidad un centroizquierda populista- se cree que se irá por el camino tortuoso de enfrentar alzas de precios. Primero «vigilarlos», luego «controlarlos». Paso siguiente aplicar las leyes de emergencia económica y la cuarta etapa inevitable cuando esto sucede: surgen los mercados negros. El precio «controlado o máximo» es para productos de menor calidad, los llamados «populares», y los mejores hay que pagarlos más. No estaría mal, pero eso se puede lograr por otras vías que este gobierno se niega a aplicar.

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