El país está próximo a control de precios
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Sebastián Katz
• Efecto
Un economista racional también le diría que si mantiene el dólar alto por sus fines políticos, se le hace muy difícil la inversión en equipos a la industria que puede incrementar la producción y por consiguiente la oferta frente a una demanda «endulzada» desde el Estado.
Un formidable efecto de la economía ortodoxa contra la inflación es la importación temporaria del bien que escasea aquí por exceso de demanda. Por ejemplo, importar carne, pollos, lácteos, lo que sea. Pero esto requiere seriedad y saber manejar la economía seria. Raúl Alfonsín, por ejemplo, no lo sabía. Se quiso hacer el «racional» y autorizó a su secretario de Comercio Mazzorín a importar pollos que aumentaban incesantemente de precio en los años '60. Se importaron y el efecto en este tipo de medidas fue instantáneo: los que retenían los pollos para provocar un aumento del precio los lanzaron a los mercados. Esto desorientó a Alfonsín, que aceptó guardarlos en frigoríficos. Terminaron pudriéndose y tirados en basurales. ¿Falló la ortodoxia o quienes la aplicaron? Fallaron estos últimos: si enfrentan una especulación e importan un producto deben volcarlo siempre al mercado aunque bajen más los precios y reciban fuerte castigo en ingresos los que especularon. Alfonsín -un populista típico y mal administrador- prefirió sacrificar al Estado y a su correcto ministro. El drama se conoció como «los pollos de Mazzorín».
Un gobierno converso en la economía racional, como el actual, podría caer en lo mismo. Por eso prefieren «vigilar» por ahora.
Eventualmente llegar a «control de precios máximos que sería etapa ineludible sobre todo si el brote inflacionario se extiende cerca de las elecciones de octubre.
• Improbable
Como este gobierno se mueve en la economía del tanteo y en formas no ortodoxas, por caso con el uso de las «retenciones» podría aumentarlas para desalentar la salida al exterior de productos. Sólo en una economía dirigista cabe esto.
Otra forma racional es bajar impuestos a sectores que así no aumentarían los precios, pero parece improbable el uso en un gobierno que aspira a triunfar con gasto público en las próximas elecciones.
Entre estas imposibilidades por el tipo populista de gobierno que tenemos -en realidad un centroizquierda populista- se cree que se irá por el camino tortuoso de enfrentar alzas de precios. Primero «vigilarlos», luego «controlarlos». Paso siguiente aplicar las leyes de emergencia económica y la cuarta etapa inevitable cuando esto sucede: surgen los mercados negros. El precio «controlado o máximo» es para productos de menor calidad, los llamados «populares», y los mejores hay que pagarlos más. No estaría mal, pero eso se puede lograr por otras vías que este gobierno se niega a aplicar.




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