El PJ amenaza con opacar la cumbre de De la Rúa con Bush
Fernando de la Rúa viajará esta noche a Nueva York. Será uno de los oradores ante la Asamblea de las Naciones Unidas, pero el centro del viaje será otro: su reunión, el domingo a las 11, con George W. Bush en el Waldorf Astoria. El Presidente espera conseguir de su colega norteamericano una gestión ante el Departamento del Tesoro y el Fondo Monetario Internacional para que el «Nuevo Plan» adoptado por el gobierno obtenga respaldo. Es decir: que se adelante el tramo de u$s 1.260 millones concedido por el Fondo como parte del blindaje y que el Tesoro garantice los nuevos títulos de la deuda pública reestructurada con un bono cupón cero o alguna alternativa por el estilo. Para que estas pretensiones puedan cumplirse, De la Rúa deberá despejar las dudas que existen sobre la viabilidad fiscal del programa. Por eso es clave que pueda mostrar su acuerdo con los gobernadores. Precisamente esta dificultad hacía que anoche se dudara sobre la participación de Domingo Cavallo en el viaje, ya que el ministro debería permanecer en Buenos Aires para definir las negociaciones.
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Por otro lado, Cavallo conspiró contra la propia Casa Rosada en la negociación, atendiendo a las urgencias de gobernadores que, después de cobrar sucesivos auxilios, seguían negándose a firmar los papeles de un pacto. Es el caso de José Manuel de la Sota, de Gildo Insfrán y de Carlos Ruckauf. De la Rúa cometió un error incomprensible en la conducción del proceso: aisló a quien negociaba políticamente (Chrystian Colombo) de quien administra la caja federal (Cavallo).
A estas torpezas, tan habituales en la actual administración, se sumaron también internas del PJ que se vuelven cada vez más virulentas. Eduardo Duhalde, por ejemplo, se ha convertido en un fiscalista ortodoxo frente a un Carlos Ruckauf que resiste como puede la seguramente inevitable tarea de realizar un ajuste de proporciones en Buenos Aires, el año próximo. El sábado pasado, Duhalde recibió en su casa la visita de Colombo y confesó que su salariazo docente de 1998 fue un desacierto. «Pero ahora Ruckauf debe corregir todo eso», razonó, como si esperara que el actual gobernador le arregle las cuentas por él desajustadas por si en 2003 vuelve a ser gobernador del distrito. La disidencia entre estos dos peronistas llegó a un límite ayer, cuando Duhalde visitó a Ruckauf en el Banco Provincia: se dijeron de todo, en voz alta. Pero el senador electo no estaba tan inquieto por la demora de Ruckauf en firmar con la Nación -desautorizando sus promesas a la Casa Rosada- sino porque detectó que el operador Juan Carlos Mazzón había estimulado al entrerriano Jorge Busti para que no apoye el congreso partidario en el que el propio Duhalde pretende destronar a Carlos Menem de la jefatura partidaria aprovechando su situación de preso.
Como se ve, las variables del acuerdo que esperaba ayer De la Rúa para llevar a Estados Unidos son infinitas. Y los recursos para intentar definir la negociación, ya infinita, también. Tanto que Cavallo ya le adelantó a varios gobernadores que no hará reglamentar la norma que permite a las empresas pagar impuestos con LECOP. Todo un castigo a los jefes provinciales que reclaman a las grandes compañías canjear esos bonos por dinero para atender urgencias de administración que no se pueden satisfacer con títulos.




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