8 de noviembre 2001 - 00:00

El PJ amenaza con opacar la cumbre de De la Rúa con Bush

Fernando de la Rúa viajará esta noche a Nueva York. Será uno de los oradores ante la Asamblea de las Naciones Unidas, pero el centro del viaje será otro: su reunión, el domingo a las 11, con George W. Bush en el Waldorf Astoria. El Presidente espera conseguir de su colega norteamericano una gestión ante el Departamento del Tesoro y el Fondo Monetario Internacional para que el «Nuevo Plan» adoptado por el gobierno obtenga respaldo. Es decir: que se adelante el tramo de u$s 1.260 millones concedido por el Fondo como parte del blindaje y que el Tesoro garantice los nuevos títulos de la deuda pública reestructurada con un bono cupón cero o alguna alternativa por el estilo. Para que estas pretensiones puedan cumplirse, De la Rúa deberá despejar las dudas que existen sobre la viabilidad fiscal del programa. Por eso es clave que pueda mostrar su acuerdo con los gobernadores. Precisamente esta dificultad hacía que anoche se dudara sobre la participación de Domingo Cavallo en el viaje, ya que el ministro debería permanecer en Buenos Aires para definir las negociaciones.

Fernando de la Rúa viajará hoy a Nueva York, donde participará de la Asamblea General de las Naciones Unidas y el domingo a las 11 se entrevistará con George W. Bush. El viaje estará dominado por dos temas, bastante previsibles: la seguridad internacional y regional en relación con los ataques terroristas del 11 de setiembre pasado y el respaldo internacional que requiere la Argentina para su «Nuevo Plan». La primera cuestión será materia de la exposición del Presidente en la ONU y también de la charla con Bush, quien agradecerá los esfuerzos que hizo el país en materia de cooperación internacional, sobre todo la actividad de los Cascos Blancos.

La cuestión económica, en cambio, quedará reservada para el encuentro con Bush. El resultado de la charla era todavía una incógnita anoche: la demora para que los gobernadores sellen un acuerdo fiscal con el gobierno se traslada también a los apoyos que el país puede pretender en el exterior. Lo notaron bien Horacio Liendo y Jorge Baldrich, los dos funcionarios que trajinaron en estos días las oficinas del gobierno de los Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional para despejar los dos grandes interrogantes del paquete lanzado por el gobierno: su viabilidad fiscal y la estructura jurídica y financiera de la reestructuración de la deuda. Liendo y Baldrich debieron recurrir a promesas y evasivas cada vez que los indagaron sobre el pacto fiscal con los gobernadores, clave del nivel de reducción de gastos que se realizará en el país.

Para resolver estos interrogantes, Domingo Cavallo participará del viaje de De la Rúa y hasta se evaluaba anoche la conveniencia de que esté en algún tramo de la entrevista con Bush, a la que seguramente asistirá Adalberto Rodríguez Giavarini, figura clave en la gestión del difícil encuentro (el presidente norteamericano se reservó para esa reunión y otra, separada, que mantendrá con Fernando Henrique Cardoso en las próximas horas).

Sin embargo, anoche se especulaba con que, si el pacto con los mandatarios provinciales se demoraba más, acaso el ministro de Economía debería permanecer en Buenos Aires para asistir a las últimas transacciones. Inclusive se llegó a pensar que De la Rúa podría hacerse asistir por Daniel Marx, quien anoche viajó a Nueva York para explicar el canje de deuda. Esa participación del secretario de Finanzas sería una ironía capaz de alegrar a varios miembros del equipo de De la Rúa, quienes pretenden vengar el aislamiento con que Cavallo castigó a su segundo. La primera víctima de este espíritu de revancha fue Jacob Frenkel, cuya participación en la operatoria financiera fue casi testimonial. Como se sabe, las relaciones entre Cavallo y Marx son pésimas, a tal punto que el segundo estuvo a punto de renunciar el jueves de la semana pasada.

• Espía

Más allá de estas intrigas, que convierten cada vez más a Marx en una especie de espía de la Casa Rosada en el Palacio de Hacienda, el gobierno tropezaba anoche con una dificultad delicada: la posibilidad de que De la Rúa viajara al encuentro con Bush sin componer la foto del acuerdo con los jefes de provincia. Esta limitación tuvo razones múltiples, muchas de ellas objetivas. Pero también hubo algunas torpezas por parte de los actores oficiales. La primera de todas fue exponer públicamente su ansiedad: al señalar, primero, que sin acuerdo con los gobernadores no habría medidas y, después, que se opacaría el encuentro con Bush, los hombres del PJ elevaron automáticamente sus pretensiones.

Por otro lado, Cavallo conspiró contra la propia Casa Rosada en la negociación, atendiendo a las urgencias de gobernadores que, después de cobrar sucesivos auxilios, seguían negándose a firmar los papeles de un pacto. Es el caso de José Manuel de la Sota, de Gildo Insfrán y de Carlos Ruckauf. De la Rúa cometió un error incomprensible en la conducción del proceso: aisló a quien negociaba políticamente (Chrystian Colombo) de quien administra la caja federal (Cavallo).

A estas torpezas, tan habituales en la actual administración, se sumaron también internas del PJ que se vuelven cada vez más virulentas. Eduardo Duhalde, por ejemplo, se ha convertido en un fiscalista ortodoxo frente a un Carlos Ruckauf que resiste como puede la seguramente inevitable tarea de realizar un ajuste de proporciones en Buenos Aires, el año próximo. El sábado pasado, Duhalde recibió en su casa la visita de Colombo y confesó que su salariazo docente de 1998 fue un desacierto. «Pero ahora Ruckauf debe corregir todo eso», razonó, como si esperara que el actual gobernador le arregle las cuentas por él desajustadas por si en 2003 vuelve a ser gobernador del distrito. La disidencia entre estos dos peronistas llegó a un límite ayer, cuando Duhalde visitó a Ruckauf en el Banco Provincia: se dijeron de todo, en voz alta. Pero el senador electo no estaba tan inquieto por la demora de Ruckauf en firmar con la Nación -desautorizando sus promesas a la Casa Rosada- sino porque detectó que el operador Juan Carlos Mazzón había estimulado al entrerriano Jorge Busti para que no apoye el congreso partidario en el que el propio Duhalde pretende destronar a Carlos Menem de la jefatura partidaria aprovechando su situación de preso.

Como se ve, las variables del acuerdo que esperaba ayer De la Rúa para llevar a Estados Unidos son infinitas. Y los recursos para intentar definir la negociación, ya infinita, también. Tanto que Cavallo ya le adelantó a varios gobernadores que no hará reglamentar la norma que permite a las empresas pagar impuestos con LECOP. Todo un castigo a los jefes provinciales que reclaman a las grandes compañías canjear esos bonos por dinero para atender urgencias de administración que no se pueden satisfacer con títulos.

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