12 de diciembre 2001 - 00:00

El presidente Bush se sigue acercando hacia el "fast track"

La semana pasada, la administración del presidente George W. Bush se acercó a la posibilidad concreta de obtener del Congreso de su país la autorización para negociar acuerdos comerciales internacionales, sujeta -claro está- a la posterior aprobación o rechazo -integral-del acuerdo por el propio Poder Legislativo. Esto supone, entonces, una renuncia del Legislativo a la posibilidad de modificar parcialmente lo ya negociado por el Ejecutivo, esencial para poder encarar -con posibilidad de éxito- las negociaciones comerciales multilaterales. Como es el caso de la prevista en relación con el ALCA.

No es indispensable, sin embargo, para todo. A Bill Clinton se la negaron, por dos veces. Y fue, no obstante, capaz de celebrar acuerdos comerciales de menor magnitud, como los alcanzados con China, Vietnam y Jordania.

Ese paso al frente de Bush fue la aprobación de la referida autorización obtenida en la Cámara baja, la que resultó particularmente engorrosa. Tanto, que se logró luego de negociaciones febriles, a último momento y por escaso margen. Por 215 votos a favor, contra 214 en contra. Un solo voto decidió, entonces, la suerte del emotivo debate, en el transcurso del cual se invocaron hasta razones de seguridad. Quien finalmente posibilitó la aprobación del proyecto fue el representante de Carolina del Norte, Robin Hayes, al cambiar su intención de voto. Republicano, el hombre.

Cabe destacar que los legisladores del Partido Demócrata (lo que no sorprende demasiado, porque en su seno campea -cada vez másel proteccionismo) votaron -masivamente- en contra. Solamente 21 de ellos se animaron, en rigor, a acompañar a los republicanos.

El líder de la oposición a la libertad comercial (una vez más) fue el demagógico, y por momentos casi absurdo, Charles Rangel. Para tener en cuenta.

Postergación

Ahora el proyecto ha pasado al Senado donde, aunque la tarea tampoco será fácil, se anticipan menos dificultades. Es probable que allí la votación se postergue para después de fin de año. Pese al empeño del Ejecutivo por despejar la cuestión.

El episodio de la Cámara baja, cabe destacar, tuvo su costo. Elevado. Por una parte, para lograr los votos, la administración del presidente Bush, debió comprometerse a privilegiar al sector del acero, asegurándole una protección tarifaria de 40% para los próximos cuatro años. Por la otra, debió recortar beneficios comerciales ya concedidos en favor de los países del Caribe y del Africa subsahariana, en materia textil. Además, debió asumir un compromiso altamente peligroso: el de proteger a los productores de naranjas del estado de la Florida (cuándo no) contra las importaciones de ese producto originarias del Brasil. Como antecedente, complicado. Mañana puede tocarle a cualquier otro producto.

Mientras tanto, en paralelo, el Senado sigue como si no pasara nada, discutiendo el nuevo «Farm Bill» para la próxima década. Contiene subsidios de unos 171 billones de dólares, que permitirán a los productores norteamericanos seguir viviendo maravillosamente bien, más allá del clima y los mercados, con un ingreso total conformado en 50% por subsidios directos. Increíble muestra de proteccionismo. Se trata de un proyecto de los demócratas, liderados por el senador Tom Harkin, de Iowa, que está en línea con el enfoque también proteccionista de la Cámara baja, que ya votó una iniciativa parecida.

• Guerra

Pese a todo, los Estados Unidos se han embarcado en una verdadera «guerra de los tomates» con su socio del NAFTA, Canadá, que provee 43% de los tomates consumidos por los norteamericanos. Y, después de meses de delicadas negociaciones para corregir una flagrante arbitrariedad, el Senado ha puesto las cosas en su lugar al autorizar -finalmente a los camiones mexicanos (su otro socio del NAFTA) a transportar carga en los Estados Unidos. Aunque sólo luego de ser «verificados», en materia de seguridad, antes de poder entrar en su territorio.

Por cierto que nada es fácil en el sector comercial. Más allá de los discursos, promesas y retórica. Pero cabe seguir de cerca lo que allí ocurre. Bueno y malo.

(*) Embajador. Ex representante permanente de la República Argentina ante la ONU.

Dejá tu comentario

Te puede interesar