T radicionalmente, cuando venimos de dos sesiones en suba y dos en baja suele ser la del viernes la que termina definiendo la orientación del mercado. Esta vez no fue así. Al contrario, si algo dejó la última rueda, cuando el Dow apenas retrocedió 0,36% a 10.442,03 puntos, fue la misma sensación de incertidumbre que venimos sintiendo en la última semana (que de hecho terminó con un retroceso de 0,3%). Es que si tenemos por un lado un creciente optimismo de los analistas que apuestan a que la temporada de balances que estamos pasando viene con más sorpresas positivas que de las otras, en tanto la situación macroeconómica ya ha pasado indubitablemente de una de aceleración del crecimiento a un verdadero crecimiento, de a poco crece la sensación de que los inversores han comenzado a sopesar los problemas «extramercado». Dejando de lado el creciente número de muertos en el Golfo, así como el de personas raptadas y heridas, pocos recordaron que el viernes -a pesar de ser esta vez un día santo para muchos-se cumplió un año desde el ingreso de las tropas aliadas en Bagdad. Para ser precisos, no es el temor de la guerra en sí lo que preocupa a los inversores, de hecho, durante las dos guerras mundiales o la de Corea se pudieron generar pingües negocios en el ámbito bursátil. Lo que preocupa es la «politización» de la guerra, algo que vimos con Vietnam y que de la mano de los impresionantes déficit del Estado derivó en la desastrosa -para los tenedores de acciones-década del '70. Los próximos cinco días se reducen así a escoger entre estos dos escenarios, el político y lo que nos están diciendo la economía y las empresas.
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