10 de junio 2008 - 00:00

Explicó Cristina, luego de 90 días de crisis, el destino del dinero que le quita al campo

Se distribuirá, dijo, para hacer hospitales, viviendas y caminos. Como gesto desprendido aseguró que el reparto no lo hará su gobierno, sino los gobernadores -es una forma de decir, claro-. Se trata de un obvio maquillaje político para que nadie discuta -sospecha hasta ayer creciente-lo que harán con los fondos del nuevo impuesto al agro. También una social premisa publicitaria: sacarles a unos ricos para darles a los pobres. Además, es clara la búsqueda de socios -otros sectores económicos, presentes en la Casa Rosada-para reforzar la coalición oficial en su pugna con los ruralistas. Poca o nula imaginación económica para salir del conflicto, cuando la puja es exclusivamente por precio. Todo puede seguir igual, no se sabe si la explicación de la víspera sirve para reanudar el diálogo o la negociación; parece, ciertamente, una forma de presionar para resentir la rebeldía del agro.

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
EXAGERADA

Pareció, al menos, la utilización de la cadena nacional para el anuncio. Demasiada pompa y expectativa, tal vez insatisfechas, para comentar la forma en que se distribuirán los nuevos tributos. Si se utilizó la cadena nacional para este acto, ¿cuáles serán la convocatoria y la exposición requeridas para divulgar, si ocurre, el demorado Pacto Social, llamado Bicentenario? Nadie entiende, además, por qué no se hizo esta manifestación hace tres meses -los mismos que han empañado la gestión de Cristina-, cuando se firmó el decreto. Ni por qué, además, hubo tanta demora oficial para encontrar el leitmotiv de «redistribución de la riqueza» (utilizado desde hace unos 30 días) como justificación del impuesto rural.

RESCATABLE

Cambió el tono encendido la Presidente, pidió disculpas, se apartó de la exagerada violencia oral de su marido Néstor en sus últimas apariciones como cabeza del PJ. Aunque las modificaciones sólo fueron de forma y estilo, ya que perduró el mismo contenido de las medidas. Gustó el tardío «tenemos que hablar, no imponer». Ideal 3 meses atrás.

DUDOSO 

Persiste en el absurdo esquema de las retenciones móviles (les fija un sueldo a quienesno son obreros) del renunciado Martín Lousteau. También los mismos porcentajes imponibles que desataron la protesta general del agro, sin reparar en los costos inflacionarios para el sector ni en los distintos rindes por hectárea. Con voz dulce y un propósito altruista señaló: nada cambia. No parece una contribución para negociar.

CONFESO

Al prometer hospitales, colegios, rutas y viviendas, quizás olvidó la mandataria que éstos ya figuran como «a construirse» en el Presupuesto Nacional. Quiere decir que el Estado actual, el gobierno, carece de las suficientes partidas para esa realización. O sea, el dinero reclamado al campo es para cubrir excesos del gasto público.

REPETICION

Este decreto ostentoso reitera experiencias ya ejecutadas por Domingo Cavallo en los odiados noventa: justificaba en razones sociales indiscutibles (el pago a los jubilados, por ejemplo) la suba del impuesto al gasoil y del IVA. Ninguna novedad -cuando todo debe hacerse igual-, más bien la copia de prácticas del ministro menemista que contaba entonces con la admiración extrema del gobernador de Santa Cruz, Kirchner (a propósito, conviene recordar que a Carlos Menem, en su mandato, también se le ocurrió la construcción del doble de hospitales que ahora planifica el matrimonio oficial, a través de esos fondos fiduciarios tan actuales, y debió doblegarse por una objeción colectiva: más que hospitales, la atención pública requiere centros especiales con capacidad para resolver problemas de urgencia y derivar a otros centros los enfermos).

COMANDITA

Cuando ayer Gregorio Chodos, un clásico de las concesiones prebendarias del Estado -según la jerga que suelen utilizar y predicar los Kirchner-, se abalanzó sobre la Presidente para ser el primero en besarla, luego del discurso, muchos entendieron que algunos sectores se afanarían por acompañarla. Naturalmente, en la distribución de los nuevos fondos aportados por el campo. El anuncio de una multitud de obras públicas es una transfusión de sangre masiva para el mar en el que nada este tipo de tiburones (la comparación tal vez ofenda a los protectores de la vida animal). Tanto hablar contra las corporaciones y se termina asociándose a ellas. Se descuenta, entonces, que habrá sectores (construcción, bancos, entre otros) dispuestos a sostener hasta las últimas consecuencias el proyecto social de Cristina. Serán socios, si se los reclama, también para firmar solicitadas contra el campo. Todo sea para construir o para financiar.

INTERROGANTE

Como se sabe, el esquema de retenciones móviles se aplica a partir de ciertos precios internacionales. Para quitarles rentabilidad a quienes se benefician con los aumentos. Queda una pregunta: las obras prometidas, a dos, tres o cinco años, ¿cómo serán cubiertas si bajan esos precios internacionales? Duda para algún previsor en la Rosada: ¿no buscará el gobierno ese aporte faltante entre los que se encontraban como espectadores y admiradores del proyecto? Los que eran contra el campo, pasado mañana pueden ser el campo.

EXCESIVA

Fue la advertencia sobre el riesgo de la soberanía alimentaria, inclusive el diagnóstico sobre dificultades de hambre existentes sólo en Africa. Parecían comparaciones tipo Elisa Carrió, como en los tiempos que anticipaba la invasión de extraños para llevarse el agua de la Argentina. Aun así, hay que considerar la situación: en algunas provincias se comprueban graves problemas de desnutrición y si el país no es bien gobernado en los próximos años, tal vez ese cuadro catastrófico sea una realidad.

RECORTE

Aunque previo al discurso se hablaba hasta de cambios de ministros, todo en el gobierno permanece inmutable. Los anticipos sobre distribución de fondos, sin embargo, revelan que el jefe de Gabinete (Alberto Fernández) derivará responsabilidades a otros ministros, léase el ascendente Julio De Vido o la formada a los tumbos Graciela Ocaña («Me recibí en el secundario con libros prestados», confesó; tal vez en la facultad, la Kennedy, ni siquiera requirió esos elementos).

LATIGUILLO

Volvió la Presidente a insistir en que el campo ha sido el sector más beneficiado en los últimos años del país, el que obtuvo más rentas, casi sin trabajar. No suministró ningún estudio al respecto, pero justo es admitir que tampoco las organizaciones rurales -en 90 días de conflicto- se preocuparon por reclamar un informe económico que avale o cuestione esta afirmación. Es la Argentina, tonto, sería la reflexión de Bill Clinton.

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