Periodista: La Fed de Powell promete copiar los modos salvajes de Alan Greenspan en 1994-1995, y no pasa nada. O sí. La Bolsa se abre camino al alza. El S&P 500 está en los máximos de las últimas seis semanas -como si la invasión a Ucrania no hubiera existido- y a solo el 4% del récord absoluto.
Diálogos de Wall Street
La Fed se endurece, los bonos se derriten y, sorpresivamente, la Bolsa gana confianza y cotización. ¿Cómo es el juego, Gordon Gekko?
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Jay Powell en pantalla.
Gordon Gekko: A los bonos, el nuevo discurso de Powell les cayó muy mal. Las tasas treparon a los niveles más altos en tres años. Es un contrapunto notable.
P.: ¿La bonanza de Wall Street no estaba apoyada en el bajo nivel de las tasas de interés? Powell les sacó la escalera, la curva de rendimientos está pronta a invertirse señalando una recesión probable, y la Bolsa se empeña en subir. ¿Saca fuerzas de dónde? ¿Se cuelga de la solidez del pincel?
G.G.: ¿Por qué Powell mudó su discurso? Porque la inflación es demasiado alta y por la robustez del mercado de trabajo. Eso no es alentador para la renta fija (cuando rinde menos de la mitad de la tasa de inflación) pero, en principio, es ambiguo para la renta variable. La Fed quita una escalera, pero avisa que está la otra. Las acciones se cuelgan de allí, de la economía, y no del pincel. Y eso es muy conveniente, desde ya, pero además es válido.
P.: ¿Qué tan firme es esta escalera cuando la curva se aplana y luce a punto de invertirse? ¿No indica una recesión en ciernes? Un traspié de la actividad le va a serruchar los peldaños más altos. Y suele hacerlo con brusquedad.
G.G.: Una recesión obligará a bajarse de golpe, a saltar de la escalera.
P.: ¿Y entonces?
G.G.: La Bolsa no cree en una recesión. Y por eso arma campamento sobre la colina de una economía que hoy es muy saludable. Lo ratifica el informe PMI de servicios y manufacturas, los balances corporativos, la propia re-aceleración de los precios inmobiliarios (según el último informe Case Shiller) y los indicadores, rozagantes todos, del mercado laboral.
P.: ¿Está vez es diferente? La inversión de la curva no cuenta.
G.G.: Esta vez, en ese sentido, es como siempre. Enfrentamos el típico dilema de mitad de ciclo. ¿Es un bache intermedio o es el final de la película, y chocaremos contra la pared? La curva no se pronunció todavía. Se aplanó en el tramo más largo de 5 años a 30 años, y ya ensayó allí su primera inversión. Todavía borrosa, fugaz, pero ya premonitoria. La pendiente a dos años se empina más y más. En el corto plazo, los bonos ven lo mismo que la Bolsa. Y no es una recesión inminente.
P.: ¿Y qué es?
G.G.: La Fed que se viene encima con el hacha en mano.
P.: Muy amenazante...
G.G.: Ya dejó solo de amenazar. Empezó a intervenir en serio. Y lo que se viene son sucesivos mandobles de medio punto. Todos vemos la misma película. Acciones, bonos y cash. La Fed va a trabajar a destajo. Tiene que hacerlo. Nadie lo ignora.
P.: Quizás lo vean con finales distintos.
G.G.: Con el diario del lunes, la experiencia de Greenspan en 1994-1995 es el aterrizaje suave perfecto. La Bolsa abriga esa visión.
P.: ¿No recuerda las vicisitudes que tuvo que pasar? Salió bien esa vez, pero si repetimos el experimento la mitad de las veces acabaríamos en la banquina. Como terminó México.
G.G.: Y esta vez sí es diferente. Greenspan fue preventivo. Powell corre bien de atrás. Si la Fed entonces fue muy corrosiva, ¿qué cabe esperar ahora?
P.: Dígalo usted...
G.G.: El aterrizaje de Greenspan requirió bajar las tasas en 1995 para completarse con suavidad. La Fed de Powell puede necesitar ser más agresiva porque la inflación se salió de la órbita, pero en algún momento como le pasó a fin de de 2018/principio de 2019, tendrá que saber girar deprisa y descomprimir antes que sea tarde. Y eso es más arte que ciencia.
P.: ¿Y cómo influye la guerra en Ucrania? ¿Las negociaciones de paz suprimen subas de tasas?
G.G.: La guerra y sobre todo las sanciones, complicaron el terreno y su visibilidad. Si se calman, facilitarán la faena de la Fed. El informe PMI detecta una reducción significativa de los problemas de logística en marzo, y la guerra y la suba de los precios de los commodities metió por la ventana un nuevo shock de oferta adverso. Nada más oportuno, entonces, que retirarlo de escena con un proceso de paz. Pero la Fed igual tendrá que hacer su trabajo. Nos espera un año largo y duro. Y el que ríe último, ríe mejor.
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