Periodista: Wall Street de parabienes. El mercado de trabajo ya no destruye empleos, y de prisa comienza a crearlos. La Fed le pone un piso a la compra de bonos, el QE, y compromete no menos de 120 mil millones de dólares por mes de expansión monetaria. Y la Bolsa, alta en el cielo, no tiene techo que la detenga, ni siquiera sensación de mareo.
El mejor de los mundos para los inversores
La Fed mantiene su política de fuerte estímulo aun después de las noticias favorables del empleo en los EE.UU. ¿Es el mejor de los mundos para los inversores? Gordon Gekko nos quita las dudas.
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Gordon Gekko: Ya vimos los primeros récords de nueva generación. Todavía con un perfil exclusivamente tecnológico, pero lo importante, demostrar que se podía poner una pica en Flandes, ya se logró.
P.: Todo a la velocidad del rayo.
G.G.: A la velocidad del virus. Llevó 22 días pasar de los máximos al infierno del mercado bajista y apenas otros 33 para asomar de nuevo en la cumbre.
P.: Increíble.
G.G.: Es un mercado viral. Un shock distinto, una catástrofe natural, como si fuera un huracán, sólo que su área de influencia es global.
P.: La pandemia continúa. Pero ya no asusta a nadie.
G.G.: El número de nuevos contagios volvió a aumentar en el mundo, pero las restricciones de aislamiento social se levantan igual. La economía sale de su encierro, recobra la actividad. Es lo que trasuntan los indicadores.
P.: Nos avisaron esta semana que la economía de los EE.UU. entró en una recesión en febrero. Llegó la confirmación oficial desde la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas (NBER).
G.G.: Ni falta que hiciera para darse cuenta.
P.: A eso voy, ¿estamos en recesión o, como sugiere una Bolsa que coquetea con los máximos, comenzó el recorrido de una flamante expansión?
G.G.: La idea era que la economía tocase fondo en abril, y el empleo recién uno o dos meses más tarde.
P.: En Estados Unidos, la impresión es que ya se dobló el cabo de Buena Esperanza en ambos frentes, ¿o me equivoco?
G.G.: Esa es la impresión.
P.: ¿Se exageró con la gravedad del golpe de la pandemia?
G.G.: Fue un golpe de nocaut. Nunca se sufrió un impacto así. Ni siquiera con la Gran Depresión. Y el número de muertos, la semana que viene, duplicará al de la Guerra de Vietnam. En apenas cuatro meses lo que peleando en la selva hubiese llevado 40 años. No lo subestimaría sólo porque se consiguió que la economía volviera a ponerse en pie.
P.: Con notable rapidez.
G.G.: Todo se hizo a gran velocidad. El crédito de la Fed creció 70% desde principios de marzo. El Tesoro sacó de la galera una respuesta fiscal de 14 puntos del PBI. La crisis de Lehman fue distinta, pero no se la desperdició. Proveyó la plataforma para lanzar una réplica contundente de política económica, tras elegir los blancos con gran acierto. Que no estemos hundidos en una tormenta crediticia es una proeza.
P.: ¿Dimos vuelta la página? ¿Se cerró el ciclo de auge más largo de la historia (128 meses), atravesamos la recesión más profunda, aunque breve, y nos montamos a una nueva expansión?
G.G.: Todavía hay que salir del brete. Urge afianzar una recuperación que está en pañales. Evitar una recaída. El choque fue frontal y hay destrozos. Es un milagro que los mercados de capital estén ávidos por tomar riesgo cuando hay que terminar de identificar, y quitar, los cadáveres del armario.
P.: Es el mensaje que da la Fed. El discurso es optimista, pero la política sigue siendo tremendamente expansiva.
G.G.: Es una cuestión de administración de riesgos. El error que no se puede cometer es quedarse corto en la acción, y que zozobre la recuperación. De ahí el guiño de no subir la tasa hasta 2022, la definición precisa del QE (que tenía contornos ambiguos), y sobre todo, la mención de Powell, de que tal vez la Fed tenga que hacer más y también el Congreso tenga que hacer más.
P.: ¿Tiene lógica que la Bolsa cotice en los récords cuando la recuperación es incipiente y podría frustrarse?
G.G.: Si la Fed y el Tesoro se preocupan, la Bolsa se despreocupa y corre más peligros. Es una muestra de gran confianza de un polizón.
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