Wall Street y el sol por la claraboya. Ningún mercado bear termina con buenas noticias

Economía

Estados Unidos se apresta a tomar la posta del hierro caliente de Italia. Y el Estado de Nueva York es el corazón de la nueva zona roja. El gobernador Andrew Cuomo confirmó casi 21 mil casos el lunes que eran 25 mil ayer. Wall Street volvió a ver la luz al final del túnel. O más bien, el sol por la claraboya.

Wall Street volvió a ver la luz al final del túnel. O más bien, el sol por la claraboya. Hágase memoria, como dos viernes atrás cuando el presidente Trump declaró la emergencia nacional por el coronavirus. Y no fue, por cierto, el fruto de un parte médico alentador. La Gran Manzana se infectó.

Estados Unidos se apresta a tomar la posta del hierro caliente de Italia. Y el Estado de Nueva York es el corazón de la nueva zona roja. El gobernador Andrew Cuomo confirmó casi 21 mil casos el lunes que eran 25 mil ayer. Mientras Trump titubea y no entrega suministros, Cuomo le endosó la factura: “Usted va a elegir a las 26 mil personas que van a morir por falta de respiradores”. La estimación oficial es más alta: 29600 (sólo en dicho estado).

En la calle Wall no lo pensaron dos veces y ayer se aferraron con gusto al respirador (de usos múltiples) que les ofreció la Fed. Y a su mensaje explícito: se hará todo lo que haga falta. Cada nuevo atasco es una sigla y un programa de desobstrucción específico. El paquete del lunes sumó 300 mil millones de dólares de poder de fuego con un capital de 30 mil millones aportado por el Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro (que se usó para auxiliar a México en el Tequila en 1996). Volvió la ventanilla TALF para preservar la fluidez de los fideicomisos (con respaldo de préstamos a estudiantes, prendas de autos, cupones de tarjeta de crédito y préstamos a pequeñas firmas con garantía SBA) y se crearon las facilidades SMCCF y PMCCF para darle a las corporaciones, respectivamente, liquidez a su deuda en circulación, y nuevo acceso al mercado de crédito. Un bear sempiterno como David Rosenberg así lo reconoció: la Fed ha hecho más que en todo el primer año de la crisis de Lehman.

En efecto, mutatis mutandis, usó la partitura que estaba escrita. La letra, por cierto, es un clásico. Ya en Lombard Street (1873), Walter Bagehot, recomendaba: “en tiempos de crisis, hay que prestar libremente contra buen colateral”. De ahí que el banco central sólo opera riesgo grado de inversión, a precio de mercado y con aforos (y ya no compromete su capital como diez años atrás, sino el del Tesoro). Por eso mismo salió decidido a prestar rápido: en tiempos ilíquidos, el colateral puede dañarse deprisa.

Delta Airlines, por caso, era grado de inversión hasta que ayer le mocharon la calificación. Una diferencia: Bagehot aconsejaba prestar a una tasa más alta que la del mercado, la Fed sigue su tradición de no penalizar la asistencia excepcional con un sobrecosto cuando abundan tantas otras dificultades. En los hechos, la Fed es hoy el prestamista de última instancia de Wall Street y de Main Street. Es decir, de las finanzas, de la industria y del comercio. Se lee en una columna especializada: “Lo que la Fed no puede hacer es entregar cheques en mano a la gente que perdió su trabajo por causa del virus”. No. Los firmará el Tesoro sujeto a la aprobación en el Congreso del megapaquete fiscal. Allí acudirán también los desclasados sin el pignet que exige Bagehot. Ello no quita que si el Tesoro lo autoriza el banco central no lo pueda ejecutar. Sin embargo, la idea de lanzar dinero desde el helicóptero está fuera del menú de acción inmediata. El mensaje es lo que importa: se hará todo lo que haga falta. Y la devolución: quizás entonces no haya que hacer tanto.

El Dow Jones Industrial trepó ayer más de 11%. El S&P500, 9,3%. ¿Qué diablos piensa Wall Street? ¿Qué ya vio lo peor? La Gran Manzana está rodeada. Sabe que no. La pandemia se acelera. Los muertos se suman de a millares. La cuarentena es la prescripción médica predominante junto con los tests para detectar la enfermedad. Se acaba de sumar India y más de 2600 millones de personas están recluidas en el mundo, pero los tests vienen muy a la rastra. Y obligarán a prolongar el encierro. Así la contracción económica global será épica. Nunca vista. Ni en la Gran Depresión. ¿Y es que a Wall Street ya no le quita el sueño? Tampoco. Sin embargo, soportó ayer una oleada compacta de crudos indicadores económicos – la hemorragia de los informes PMI Markit – y no cayó en pánico. Todo lo contrario. Son buenas noticias. Un respiro, si se quiere. También se sabe que ningún mercado bear termina con buenas noticias.

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