Divergente y asincrónica, la recuperación a la que teme el Fondo Monetario

Economía

Las desigualdades se han acentuado. Al Fondo le preocupa lo que haga la Fed con las tasas. Hay inquietud por la estabilidad financiera global.

El FMI volvió a recalcular, para arriba, sus estimaciones de crecimiento mundial. Claro que lo hizo bajo fuertes supuestos como ser, nada más ni nada menos que, el ritmo de vacunación y los rebrotes pandémicos. De ahí que Gita Gopinath, economista jefe del FMI, no dudara en afirmar que “las perspectivas mundiales están rodeadas de un alto grado de incertidumbre”. O sea, si se acelera el ritmo de la vacunación podrían mejorar los pronósticos pero si la pandemia se prolonga con variantes del virus, que no puedan prevenirse con las vacunas, los pronósticos podrían sufrir drásticos recortes.

Hoy, más que nunca, la economía global funciona a un ritmo anárquico y con ello sus recuperaciones. Por eso, quizás, el Fondo deja traslucir su cauteloso optimismo. Ocurre que en aras de la estabilidad mundial, alerta sobre los riesgos de que la recuperación mundial sea asincrónica y divergente. Es decir, que no se dan al mismo tiempo y encima se separen mucho en sus trayectorias. Por eso Gopinath señala que las recuperaciones a distintas velocidades plantean riesgos financieros si las tasas de interés en EE.UU. siguen subiendo de manera imprevista, porque provocarían una corrección desordenada de los activos sobrevalorados, un abrupto endurecimiento de las condiciones financieras y un deterioro de las perspectivas de recuperación, especialmente para algunas economías emergentes y en desarrollo muy apalancadas. Es más, Tobias Adrian, director del Departamento de Mercados Monetarios y Capitales del FMI, sostiene que “una recuperación asincrónica y divergente puede poner en riesgo la estabilidad financiera”.

El Fondo, y el mundo entero, siembran esperanzas en el efecto derrame de los planes de estímulos de la administración Biden, que de por sí contribuyeron a este recálculo de las estimaciones de crecimiento global. Al respecto, los economistas del FMI destacan el impacto positivo de las medidas fiscales tomadas el año pasado en todo el mundo ya que el grave colapso del 2020, estiman, podría haber sido tres veces peor sin dichas políticas de respaldo. Pero si bien esto evitó una crisis financiera mundial que tendría un costo a mediano plazo menor a la del 2008, la diferencia es que se prevé que las mayores cicatrices queden en los países emergentes y de bajo ingreso, dado el limitado margen de que disponen para la aplicación de políticas.

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Pero los mercados mundiales vienen observando el aumento de las tasas de interés de largo plazo de EE.UU., preocupados de que un aumento rápido y persistente pueda resultar en condiciones financieras más estrictas, lo que podría dañar las perspectivas de crecimiento. Desde agosto pasado, el rendimiento del bono del Tesoro de EE.UU. a 10 años aumentó 1,25% a alrededor del 1,75% a principios de abril de 2021, volviendo cerca de su nivel prepandémico de principios de 2020.

La buena noticia, dice Adrian, es que el aumento de las tasas en EE.UU. se ha visto impulsado en parte por la mejora de las perspectivas de vacunación y el fortalecimiento del crecimiento y la inflación. Ya en el último Informe de Estabilidad Financiera Global, el FMI había destacado que las tasas de interés tanto nominales como reales habían aumentado pero los rendimientos nominales lo habían hecho aún más, lo que sugiere que la inflación implícita en el mercado (la diferencia entre los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. nominal e indexados a la inflación) se estaba recuperando. Vale decir que permitir una modesta inflación ha sido un objetivo de la política monetaria relajada. Pero también Adrian señala que hay una mala noticia: este aumento puede reflejar incertidumbre sobre la trayectoria futura de la política monetaria y posiblemente preocupaciones de los inversores sobre el aumento de la oferta de deuda del Tesoro para financiar la expansión fiscal de EE.UU., como se refleja en el fuerte aumento de las primas a plazo (compensación de los inversores por riesgo de tasa). De ahí que los inversores están comenzando a centrarse en el momento en que la Fed reduzca sus compras de activos, lo que podría aumentar las tasas de largo plazo y los costos de financiamiento, lo que alimentaría un endurecimiento de las condiciones financieras, especialmente si está asociado con una disminución en los precios de los activos de riesgo. Para ser claros, “las tasas globales siguen siendo bajas según los estándares históricos, pero la velocidad de su ajuste puede generar una volatilidad no deseada en los mercados mundiales, como ya se vio este año”, advierte Adrian. El problema son los países donde la recuperación es más lenta y donde las vacunas están rezagadas. Sus economías pueden aún no estar preparadas para condiciones financieras más estrictas (los gobiernos pueden verse obligados a usar políticas monetarias y cambiarias para compensar cualquier posible ajuste) que podrían amenazar su recuperación posterior a la pandemia. Por eso el FMI teme que una recuperación global asincrónica y divergente ponga en jaque la estabilidad financiera mundial.

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