Islandia 2008: el acuerdo que se pone como ejemplo para Argentina

Economía

En el marco de la Asamblea Anual Conjunta del FMI y el Banco Mundial, los dos grupos de negociadores encontraron en el acuerdo que en 2008 firmó Islandia con el organismo financiero internacional, un ejemplo a seguir. Especialmente en un capítulo especial donde Argentina tiene particular interés: el mantenimiento de las restricciones cambiarias para el acceso a divisas.

Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) encontraron un ejemplo exitoso a seguir para moldear el Facilidades Extendidas que las partes negocian, ahora sí, de manera acelerada. En el marco de la Asamblea Anual Conjunta del FMI y el Banco Mundial, los dos grupos de negociadores encontraron en el acuerdo que en 2008 firmó Islandia con el organismo financiero internacional, un ejemplo a seguir. Especialmente en un capítulo especial donde Argentina tiene particular interés: el mantenimiento de las restricciones cambiarias para el acceso a divisas, bajo ciertas condiciones estrictas. El tema es especialmente sensible para el país, y los primeros acordes de conjunto para cerrar una acuerdo en este capítulo, tal como adelantó este diario; apuntan al permiso para sostener cierto nivel de “cepo” durante los próximos años; bajo la condición de un aumento anual de las reservas en un ritmo de u$s5.000/ 6.000 millones anuales y a la contracción efectiva de la brecha entre el dólar oficial y las versiones financieras.

El antecedente para aceptar estas restricciones, se basa en el caso de Islandia del 2008, donde el FMI y algunos países europeos salieron al rescate de ese estado luego del colapso de su sistema bancario. Ese año Islandia sufría una devaluación de la corona islandesa, se triplicó el desempleo, creció la deuda externa pública y privada y el país entró en una severa crisis política. Al salvataje acudieron el Banco Central Europeo, los países nórdicos integrantes de la Unión Europea (Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia) y el FMI que aportó unos u$s2.500 millones, de un paquete total de aproximadamente u$s2.500 millones.

Ante esta situación, el país hace un llamado a diferentes organismos para que le echen una mano y eviten la bancarrota de país, por lo que acude a una troika formada por el FMI, BCE, Unión Europa, Rusia, Polonia, Países nórdicos (Dinamarca, Noruega, Suecia, Islas Feroe y Finlandia) así como Alemania, Holanda y el Reino Unido; países estos últimos que mantenían un litigio por los fondos del Icesave que de la noche a la mañana se habían esfumado por el crack de los bancos y al ser depósitos extranjeros no estaban sometidos a garantía. Una de las claves del acuerdo fue la aplicación de un plan de rescate de los bancos, inyectando casi un 20% del PBI islandés al sistema financiero del país, pero con la condición que ese dinero no se transfiera a divisas. El capítulo específico de la restricción hablaba de que el Gobierno de Islandia pasaría a controlar el capital aportado, con medidas que incluían la imposibilidad de los particulares a comercializar con moneda extranjera de forma libre por montos superiores a los 2.800 dólares, además de la prohibición de utilizarlos para girar al exterior. Con esto se buscó estabilizar el tipo de cambio y amortizar la devaluación de la corona islandesa, que pasó de los 90 contra el euro a 189 en un año. Las restricciones se mantendrían hasta que las reservas del país alcanzaran un nivel importante, que le permita obtener al gobierno islandés un poder de fuego lo suficientemente potente como para evitar corridas a partir de herramientas sanas.

Habrá que recordar que el objetivo se logró, pero que Islandia debió aplicar un severo plan de reducción del gasto público para llevar el déficit fiscal a cero en dos años. El gobierno de este país recortó el presupuesto de sanidad, educación, pensiones y la Administración del estado, en una cifra equivalente al 3% del PBI del país (más de 40.000 millones de coronas) en un país donde el sector público es de por sí reducido y donde los salarios son más bajos que en el sector privado. Finalmente en septiembre de 2011, el programa respaldado por el FMI fue cancelado con anticipación, y el país liberado del plan de ajuste.

El acuerdo con el FMI generó una crisis política de dimensiones, en un Estado acostumbrado al bienestar y a no pasar mayores situaciones de inestabilidad política. Hubo grandes movilizaciones populares en las calles en señal de protesta, y el gobierno islandés decidió llamar a un referéndum sobre el pago de la deuda. Este fue rechazado por una amplia mayoría. A continuación el gobierno islandés renegoció la deuda con los privados con un plazo a 37 años y una tasa de interés general de 3%. El resultado de la crisis habla de las siguientes estadísticas: en 2009 el PBI islandés cayó 6,67%, la corona se devaluó el 100%; pero el rescate del FMI comenzó a dar resultados un año después. El PBI creció 2,9% anual promedio, con un sostenimiento de las exportaciones, equilibrio fiscal y un mercado interno creciente.

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