"Lo vulnerable de la economía hace necesario que el FMI y el Gobierno trabajen para mejorar las condiciones"

Economía

La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ponderó la aplicación del aporte extraordinario de las grandes fortunas en el país.

Desde 2008 es la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), pero previamente ocupó diversos cargos de relevancia en otros organismos internacionales. Alicia Bárcena es una de las personalidades más importantes de la región en materia de desarrollo sostenible, igualdad, medioambiente y distribución del ingreso. En una entrevista exclusiva con Ámbito, afirmó que “el Gobierno y el FMI deben analizar el cronograma de pagos y la reducción del costo del financiamiento”. Ponderó la aplicación del aporte extraordinario de las grandes fortunas, rechazó la idea de una fuerte apertura comercial en la región y señaló que “el desafío más urgente es profundizar la integración regional”.

Periodista: ¿La propuesta de imponer un impuesto global del 15% a las transnacionales es suficiente o sigue siendo un piso muy bajo?

Alicia Barcena: Los acuerdos que se están desarrollando al nivel internacional para adecuar el sistema tributario global a la realidad económica representan un avance importante. El impuesto mínimo global a la renta corporativa es uno de los instrumentos que se está considerando. No obstante, para beneficiar los países en desarrollo y los mercados emergentes es imprescindible ser más ambicioso en cuanto a la tasa mínima. Las estimaciones que hay sugieren que la recaudación adicional producto del impuesto mínimo global en países como Brasil, Chile y México sería limitada con una tasa de 15%. El Independent Commission for the Reform of International Corporate Taxation (ICRICT) está planteando una tasa de 25% que generaría una recaudación adicional importante. Es por ello que se deben impulsar posicionamientos regionales sobre el impuesto mínimo a la renta corporativa y argumentar por una tasa mínima más alta, por ampliar el universo de empresas multinacionales a las que aplicará el acuerdo y lograr una distribución más equitativa de la recaudación entre países desarrollados y en desarrollo.

P: En el marco de la pandemia, en la Argentina se cobró un aporte por única vez a las principales 13 mil fortunas ¿Cómo evalúa las medidas de este tipo?

A.B: La idea de gravar el patrimonio de las personas físicas está tomando fuerza en el mundo. Son numerosos los estudios que muestran la desigual distribución de los ingresos. Estos estudios muestran que los impuestos sobre la renta son regresivos en la cima, es decir, que el 1% de mayores ingresos paga tasas inferiores a las que paga la clase media. Uno de los instrumentos bajo consideración es el impuesto sobre el patrimonio neto, que es parte de los denominados impuestos a la propiedad. Por tratarse de un impuesto directo, es factible, y común, darle un diseño progresivo. Los países de América Latina y el Caribe tienen elevados niveles de desigualdad y sistemas tributarios muy regresivos, y este tipo de instrumentos contribuye a aumentar la capacidad recaudatoria con un esquema de progresividad, como fue en el caso de Argentina. Estos recursos fueron muy importantes para hacer frente a los gastos destinados al sistema sanitario y a las políticas de asistencia a los sectores más afectados por la crisis.

P: CEPAL afirma que Latinoamérica es la región más endeudada del mundo ¿No debería revisar el FMI su política de sobretasas?

A.B: Las sobretasas del FMI afectan a los países que tienen créditos muy abultados con el organismo y solo se aplican a los créditos no concesionales que alcanzan principalmente a los países de ingreso medio. Esta política tiene dos problemas. Primero, tiene un sesgo procíclico, porque hace que la carga de intereses aumente en los momentos en que los países necesitan más financiamiento; y, segundo, resulta regresiva, porque afecta en mayor medida a los países con menor cuota relativa. En la región, los países que se encuentran alcanzados por los sobrecargos son tres: Argentina, Barbados y Ecuador. Pero entre ellos sobresale el caso argentino: se estima que en el último año más de la mitad de los sobrecargos totales que percibió el FMI correspondieron sólo a la Argentina. El sistema de sobrecargos es un tema que actualmente está en la agenda internacional, y es por este motivo que en la reunión del G20 en Italia se encargó al FMI una revisión de esta política para aliviar la carga sobre los países más afectados, como es el caso de la Argentina.

P: ¿Cree que el Gobierno argentino está encarando bien las negociaciones de la deuda?

A.B: El gobierno de Argentina está procurando restablecer la situación macroeconómica sin resentir el crecimiento, y las negociaciones que se están llevando a cabo apuntan en esa dirección. La situación de vulnerabilidad en la que se encuentra la economía argentina requiere de un trabajo conjunto entre su gobierno y el FMI para mejorar condiciones, es decir analizar cuál es el cronograma de pagos más adecuado, las posibilidades de reducir el costo de financiamiento y el marco general de las políticas macroeconómicas.

P: ¿Es un momento oportuno para abrir más las economías de los países en vías de desarrollo o el mundo está yendo por otro camino?

A.B: En la CEPAL proyectamos una importante recuperación del comercio de América Latina y el Caribe en 2021: tras caer 10% en 2020, el valor de sus exportaciones crecería alrededor de 24% este año. Si bien la recuperación de las exportaciones es una buena noticia, nos preocupa que la región siga profundizando su patrón primario exportador. Con una estructura exportadora como la actual, la región no será capaz de dar el salto que necesita hacia una economía más sofisticada, inclusiva y verde. En este contexto, la profundización de la apertura comercial de las últimas tres décadas no es lo que la región más necesita. De hecho, la apertura no impidió que se sufriera un severo desabastecimiento de insumos médicos desde la irrupción de la pandemia, dado que decenas de países limitaron sus exportaciones para privilegiar el consumo interno. En la CEPAL consideramos que el desafío comercial más urgente es profundizar la integración regional. El porcentaje de las exportaciones que se dirige a la propia región ha caído sistemáticamente desde mediados de la década pasada, y en 2020 alcanzó apenas al 13%, su menor nivel en tres décadas. Esto es muy grave, dado que el comercio intrarregional tiene un mayor componente de manufacturas que las exportaciones al resto del mundo, y también porque el mercado regional es el principal para las mipymes latinoamericanas. Por ende, la caída del comercio intrarregional implica pérdidas de capacidades productivas y tejido empresarial muy difíciles de recuperar.

P: Brasil comenzó su presidencia pro témpore del Mercosur en medio de un debate interno sobre el futuro. ¿Usted cree que el bloque debe flexibilizarse?

A.B: Para la CEPAL, profundizar la integración regional es un componente esencial de cualquier estrategia de desarrollo sostenible e inclusivo. Sin embargo, desde hace aproximadamente una década observamos una pérdida importante del peso del comercio entre los países del MERCOSUR. El bloque necesita revertir esta tendencia, no solo por el bien de sus países miembros, sino por el de toda la región. En algunos casos (de ciertas cadenas productivas) el fortalecimiento del Mercosur puede requerir mayor flexibilidad, como sugieren algunos analistas; pero en otros puede exigir un mayor apoyo financiero, el establecimiento de nuevas estrategias de vinculación tecnológica o, incluso, la introducción de nuevas reservas de mercado. En cualquier caso, el Mercosur ha sido históricamente una política de Estado para sus integrantes. Mantener vivo, vigente, activo el proyecto integrador que entraña la construcción del MERCOSUR es hoy tan importante como en el momento de su creación, hace treinta años. Y como hace treinta años, podrá lograrse si se combinan el interés estratégico regional y el pragmatismo.

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