Esta semana el equipo económico buscará reflotar la relación con el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, entidades con las que aún mantiene atrasos de pagos. De todas maneras todo estará supeditado a la aprobación -descontada desde ya-del directorio del Fondo Monetario a la reciente carta de intención firmada en Buenos Aires con los técnicos de ese organismo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La semana última estuvo en Washington Oscar Tangelson, el viceministro de Economía, pero de poco sirvió el viaje: no hubo avances significativos sobre la forma en que la Argentina se pondrá al día con el BID y el Banco Mundial. Sí se mantuvo la intención original que veladamente se incluyó en los comunicados distribuidos por el Ministerio de Economía el jueves al confirmarse el miniacuerdo con el FMI. Se incluyen desembolsos de u$s 4.400 millones del BID y Banco Mundial que, en realidad, son devoluciones por los pagos que el país haría con reservas para ponerse al día con esas mismas entidades.
Concretamente como resultado de la negociación, el gobierno ya pagó u$s 998 millones al FMI pero la entidad que preside Horst Köhler se comprometió a devolver los fondos una vez que el directorio dé la aprobación final al acuerdo lo que ocurriría este jueves. Esto significa que en realidad el movimiento de reservas que se vio y se verá en las próximas jornadas no será para alarmarse sino que contemplan pagos con devoluciones garantizadas de los tres organismos.
De ahora en adelante, el examen del gobierno pasará por respetar las metas asumidas, las cuales no son de fácil cumplimiento y más teniendo en cuenta que habrá revisiones periódicas -30 días y viaje de misiones cada dos meses-para comprobar lo firmado. Un dato importante en este sentido pasa por los artilugios contables que desde la Secretaría de Hacienda estuvieron utilizando durante todo 2002 para mostrar una buena performance fiscal. La sobreutilización de ganancias del BCRA como ingresos, y gastos bajo la alfombra ahora con un programa en vigencia del FMI no será de tan fácil aplicación para el equipo económico. Un dato refleja esto: la decisión de la pesificación asimétrica que tendrá un costo fiscal altísimo para las futuras administraciones (y más impuestos al sector privado) por la compensación a bancos, no figuró en la contabilidad de 2002 pese a que se generó el año pasado. Son en total $ 10.600 millones.
En lo concerniente a la reforma bancaria, la tarea tampoco será sencilla para el directorio del BCRA. De todas formas en el corto plazo, la decisión principal del equipo económico pasa por el «netting» o «neteo», operación que permitirá a los bancos que tienen redescuentos poder cancelarlos con títulos públicos. En este sentido, Lavagna busca un mecanismo que deja satisfechos a los principales actores, entidades que tenían como las que no poseían redescuentos, pero la gran duda es si esto tendrá un daño o perjuicio adicional a las cuentas públicas al estilo de la pesificación asimétrica. En este sentido la postura de Prat-Gay, titular del BCRA, es que cualquier decisión no debe implicar una pérdida patrimonial para la entidad que preside.
Dejá tu comentario