8 de abril 2003 - 00:00

Hasta para inmolarse en Economía hay postulantes

Salvo alguna insospechada genialidad -una magia en que no puede confiar ningún país, menos al borde del abismo como el nuestro-, nadie (serio) cree que un solo hombre, con el diploma de «ministro de Economía», pueda superar la impresionante «herencia» que dejará Eduardo Duhalde el 25 de mayo. Ayer dimos en la tercera nota de esta serie una lista de 54 problemas graves que acosarán desde el 26 de mayo a quien haya asumido la primera magistratura el día anterior. Es tan cierto esto como el hecho de que en la política argentina se piensa primero en llegar, en engrosar el currículum, en cómo lo felicitarán familiares y amigos, la foto en diarios y revistas, algunos clientes para el poscargo. Luego en qué hacer y si uno es capaz de hacerlo. La única excepción a esto debe ser -de ahí su fama y respeto de la gente- el santafesino Carlos Reutemann. En esta cuarta nota comenzamos a analizar los posibles ministros de los candidatos a presidente. Carlos Menem, a medida que se acrecientan sus probabilidades de ganar la elección y porque hasta las encuestas fraguadas en su contra le adjudican una mayoría de gente que cree que será presidente, puede darse el lujo de designar canciller entre 10 hombres y ministro de Economía entre 11. Algunos son deseados por el público neutral (un Reutemann por lo menos canciller), otros se postulan para áreas específicas. La mayoría pelea la designación como un sueño, aunque no todos estén calificados para el desafío que viene. No es malo tener muchas alternativas de colaboradores porque, en definitiva, eso favorece la calidad en las designaciones. Sí es malo, en cambio, que independientemente de sus lógicos esfuerzos políticos hoy por triunfar, los candidatos a presidente no tengan coordinados o ampliados sus postulantes, porque entre el 27 de abril y el 25 de mayo habrá menos de un mes. Algunos tienen uno o máximo dos hombres y es poco. Otros tienen los equipos de siempre (Ricardo López Murphy, por caso). Otros, caso Menem, tienen de sobra pero sin coordinación.

Ya dijimos en la segunda nota de esta serie «La economía que viene» que una duda del voto más pensado para el 27 de abril próximo es la diversidad de líneas y personas que se muestran como posible cabeza para llevar la economía desde el 25 de mayo si Carlos Menem ganara la primera magistratura. Dimos el ejemplo que el 25 de marzo, simultáneamente, mostraban esa economía futura un equipo en Europa, encabezado por Juan Carlos Romero y el economista Carlos Melconian y otro en Buenos Aires con el propio Carlos Menem ante Anoop Singh con Pablo Rojo y Pedro Pou. No llamaría la atención sin esta particularidad: Rojo y Melconian no se quieren, no se comunican -salvo bajo el común denominador del Dr. Pou- y tienen algunas claras diferencias de enfoque.

También dijimos que no hay la misma duda con Ricardo López Murphy ya que él mismo es economista y se sabe que si llegara a la presidencia de la Nación dirigiría, junto a él, el área económica el ya probado como eficaz Manuel Solanet (actuó con Roberto Aleman en 1982 y junto al propio López Murphy, breve ministro de Economía de Fernando de la Rúa en 2001). Tampoco es secreto que Daniel Artana, Juan Luis Bour y otros conocidos economistas de una entidad especial como es FIEL integrarían el equipo económico, precisamente porque López Murphy fue economista jefe de FIEL. Esta vendría a ser, con un enfoque más liberal puro, similar a la Fundación Mediterránea que abasteció de hombres al equipo de Domingo Cavallo, en los años '80 y '90.

• Menos claridad

En Menem es menos claro el panorama y más cuando ante la posibilidad de su triunfo cada día se le acerca más gente. Salvo el Centro de Estudios Macroeconómicos (CEMA) no tiene detrás, como aspirante a la conducción económica de un eventual gobierno suyo, ninguna institución del peso y prestigio equivalente a FIEL o a la Fundación Mediterránea en el pasado. Sí un conjunto valioso de econonomistas como ningún otro candidato. Pero un conjunto no homogeneizado.

El CEMA, entonces, es una de las 11 líneas económicas a que podría recurrir el candidato riojano.

Desde ya que no es poco. Hoy en el CEMA por empezar y en primer nivel el mismo Pedro Pou, último presidente del Banco Central del anterior gobierno de Menem que concluyó en 1999 y hasta abril de 2000 con Fernando de la Rúa. Luego está Carlos Rodríguez, intempestivo por la enorme y, para muchos, valiosa crudeza con que expone sus ideas. Más atrás Roque Fernández que también fue el último ministro de Economía de Menem hasta 1999 y a quien hoy sólo se lo ve para alguna embajada significativa. En planos siguientes el controvertido Jorge Avila con opositores por sus hipótesis de paridad cambiaria (llegó a pronosticar un dólar de $ 6) pero que es teórico reconocido.

El principal problema que presenta el CEMA es que no se adaptaría a la necesidad de presentar «caras nuevas» que se ha propuesto el candidato riojano si le toca un nuevo período presidencial. Pero, por otro lado, prácticamente todos reconocen -incluidas las líneas que compiten con el CEMA- que no hay un experto mayor que
Pedro Pou en el país que conozca sobre finanzas y entidades, sobre todo cuando es urgente y fundamental recomponer el sistema bancario. No sólo por lo que sabe sino porque también cuenta con el apoyo de Eduardo Bauzá, que siempre pisó fuerte en el primer círculo del entorno de Menem.

Si uno de los postulados creíbles del menemismo es restituirle poder al Banco Central -torpemente reducido por
Domingo Cavallo primero y por el duhaldismo después, inclusive modificándole su ley orgánica- Pou sería un hombre ideal desde Economía o desde el mismo Banco Central que tanto conoce.

Este economista mendocino sufre, en cambio, el desgaste que le impuso una arremetida -no menos torpe- de
Elisa Carrió con el invento de que favoreció el lavado de dinero o narcodólares. Entre tantos males que tiene la Argentina carece de este mal o es irrelevante, como lo reconoce el mismo Estados Unidos. Pero para Carrió -y desde ya para la izquierda que siempre quiere ajar toda figura de la libreempresa que se destaque- Pou fue un trampolín ideal para proyectarse a la opinión pública y ser también candidata presidencial aunque ninguna de sus denuncias las pudo probar y hasta sufrió el ridículo de que algunas «pruebas» que lanzó desde la presidencia de «comisiones investigadoras» que creó resultaron fábulas que le acercaron por Internet.

Algo serio, para
Pou son, en cambio, las denuncias comunes a todo presidente que haya pasado por el Banco Central. Casi la totalidad son referidas a cuando el titular de esa entidad debe disponer el cierre de un banco, circunstancia nada fácil de precisar porque puede ser determinante de algo posible, quizá, de recuperar y, a la vez, criticable y judiciable por algún favoritismo que se le adjudique por demorar tal clausura, aunque haya sido para dar tiempo a una eventual recuperación. No hay, en la Argentina ni en ningún país del mundo, un cartabón de uso que marque límites exactos en esos casos y en otros no menos delicados que debe resolver la cabeza de la entidad máxima de autoridad monetaria. Por eso en Estados Unidos la ley admite la denuncia y el accionar de la Justicia contra el Banco Central -allí Reserva Federal- por sus decisiones pero no contra quienes desempeñaron cargos. Un Poder Legislativo como el nuestro mañoso, de escaso nivel por provenir la mayoría de sus hombres del «clientismo» para ganar la postulación nunca aprobó aquí una indispensable ley así.

• Eficacia

Fuera de esos conflictos judiciales, lamentablemente subsistentes, Pou enfrenta el hecho de que el actual titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, es un hombre que agrada a Carlos Menem. Pertenece al mundo de los técnicos que llegan a cargos relevantes por sus méritos más allá de qué gobierno los convoca.

Es como el caso de
Martín Redrado en la conducción del comercio exterior en la Cancillería. Redrado fue el funcionario más eficaz, por sus aportes reales al país, (incremento de exportaciones por casi 2.000 millones de dólares) de todo el gobierno de transición del duhaldismo, sin pertenecer a esta corriente. Tanto, que nadie concibe que los contactos efectivos, habilidad para abrir caminos a productos exportables argentinos (el acuerdo de venta de autos a México, por ejemplo) pueda ser desaprovechado en un próximo gobierno, cualquiera que sea su signo. Inclusive tiene armada en su área un equipo joven reconocido como valioso.

No puja por competir porque sabe que el tiempo juega a su favor con sólo 41 años. Lo necesitan más que lo que él necesita. Por tanto ni siquiera tiene «padrino» influyente y lamentablemente no es mirado hoy en primera línea por el hombre de La Rioja.

Martín Redrado
es, inclusive, por sí solo y con su Fundación Capital atrás otra línea posible al alcance de una eventual presidencia de Carlos Menem. El dominio de la economía, las relaciones internacionales como valiosa cartera propia y la experiencia en funciones de gobierno (desde la Comisión de Valores a cuyo frente se desempeñó hasta el área de Comercio Exterior), más su juventud lo hacen otra posibilidad latente para un futuro gobernante. Inclusive no lo desperdiciarían tampoco ni Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá y menos aún Ricardo López Murphy.

Las contras de
Martín Redrado nacen de sus propios valores. La casi totalidad de quienes aspiran a conducir la economía desde el 25 de mayo lo miran con recelo por eso, por lo que vale y por lo que aporta. Inclusive, podría proyectarlo directamente con capacidad para ministro de Economía o canciller ya que todos saben que fue quien efectivamente condujo las relaciones exteriores -no sólo comerciales- del país en los últimos 15 meses y no la dupla figurativa del escasamente hábil Carlos Ruckauf y su «monje negro» Esteban «Cacho» Caselli. Hasta para que le tradujera el inglés de conspicuas figuras internacionales que entrevistaba lo utilizó Ruckauf quien prefirió siempre estar viajando por el exterior y visitar, con gastos pagos de funcionario, a sus nietos en Nueva York.

Redrado
hoy enfrentaría en Comercio Exterior a Beatriz Nofal, ex radical, economista interesante que es recomendada a Menem por Oscar Salvi, el abogado de la detención del hombre de La Rioja, que actuó con ella en Toyota. No obstante sus méritos, Nofal tendría que aprender lo que Redrado ya domina y eso retrasaría la más importante área del gobierno que asuma, como es incrementar el comercio exterior para lograr las divisas para saldar los apremiantes pagos externos. Si ven dudas en exportar y ganar divisas los acreedores privados y el FMI serán durísimos con la Argentina.

Otro aspecto que hay que tomar en cuenta de
Carlos Menem es que siempre dejó formarse círculos a su alrededor, confiando en que su intuición, que nunca fue poca, le marcará finalmente la designación correcta. Pero, a su vez, el voto pensante en el país no desea que vuelva a repetir su penosa trayectoria inicial cuando comenzó su primera presidencia, en 1989, y cayó en una sucesión de ministros de Economía tan poco eficaces como Miguel Roig (falleció pronto), Néstor Rapanelli y Antonio Erman González hasta que desembocó en Domingo Cavallo y la convertibilidad, que fue un hallazgo frente a la hiperinflación. La convertibilidad falló por su prolongación excesiva en el tiempo y por las ínfulas desmedidas que su éxito, en años iniciales, le dio a Cavallo. La línea Universidad Di Tella se llevó mucha gente del CEMA. Tiene un solo candidato entre los 11 pero muy valioso, Pablo Guidotti, que fue secretario de Hacienda con Menem hasta 1999. A Guidotti lo considera indispensable en la futura conducción económica nada menos que Pedro Pou. Guidotti es una versión Manuel Solanet más cercana a Menem. Es un economista importante.

Esa intuición de
Menem ya se vio cuando de arranque colocó a aquel economista de la Fundación Mediterránea como canciller (Cavallo) para tenerlo «a mano». Eso caracteriza a Menem: no desperdicia los hombres valiosos y los va usando en el tiempo tras los inevitables desgastes del poder. Pero los sectores empresarios, profesionales, comerciantes, agropecuarios, medios en general saben que es tal la gravedad del país hoy que no soportaría otro tanteo Roig-Rapanelli-Erman González para encontrar un buen ministro del área económica. Más aún cuando Menem, que nunca vio con agrado el encumbramiento soberbio de Domingo Cavallo en su anterior gestión, hoy no quiere un nuevo ministro de Economía «muy fuerte».

Una «herencia» tan terrible como recibirá quien asuma el 25 de mayo -triplemente peor que la que dejó
Raúl Alfonsín, al abandonar anticipadamente el gobierno en 1989- pocos dudan que devorará muchos funcionarios por lo cual es conveniente que cualquier futuro presidente tenga cerca y «a mano» la mayor cantidad de talentos que requiere un momento tan difícil.

• Competencia sana

Dentro de esa puja por «estar» de tantos economistas hay que distinguir que es sana porque se eligen mejor los hombres con abundancia de postulantes.

Juan Carlos Romero
, el candidato a vicepresidente, es distinguido en el menemismo por la prontitud con que ejecuta, por la multiplicidad de lugares que ocupa sin ponerle mala cara a nada que se le pida. Asume riesgos y viene de una gobernación exitosa en Salta. Hasta es criticado por la izquierda criolla, algo que en la Argentina siempre se toma como signo de que se llegó al escalón del éxito público y tiene proyección futura.

Pero no le es fácil a
Romero ubicarse -más si es ambicioso- a medida que se olfatea la posibilidad de asumir el poder, que es cuando proliferan los acercamientos a Menem. Este hombre de Salta tiene el mérito de haber jugado de entrada en la línea Menem cuando aun era arriesgado para muchos hacerlo. Así logró la candidatura a vicepresidente a poco que desistió de ella el que más le interesaba al riojano, el eficaz gobernador de la Pampa, Rubén Marín, posiblemente el político que más escucha Menem hoy. A quien admira, además, por la modestia en sus pretensiones. Marín, a su vez, también es el político de la línea menemista más respetado por los adversarios en el justicialismo, desde el duhaldismo al adolfismo sanluiseño. Romero no goza del status de Marín ni ante Menem ni ante el «otro» peronismo. Tiene el salteño planes elaborados que ya generan resistencia en el entorno peronista cuando todavía el acceso al poder es algo no dilucidado para 19 candidatos.

Romero
ha decidido apadrinar a una de las líneas económicas posibles del menemismo, la de Carlos Melconian. Su plan es más ambicioso: no ejercer como eventual vicepresidente electo la titularidad del Senado, que quiere dejar en manos de Eduardo Menem, y sí desempeñar la Jefatura de Gabinete de un posible futuro gobierno de Menem. Pero no es constitucional compartir la vicepresidencia y un ministerio. No obstante, Romero invoca haberlo convenido así con el candidato de La Rioja al aceptarle desistir de su propia aspiración presidencial y pasar a integrar la fórmula con Menem. Pero es difícil hoy que lo logre si llegara la hora del triunfo. El haber llenado ciudades con afiches «Menem-Romero, una marca registrada» fue un error que financió el salteño y dio motivo a quienes ya quieren limitarlos en sus aspiraciones. Ensombrecieron el rostro del hombre de la Rioja al decirle que el único slogan correcto es «Menem, una marca registrada».

Si llegara,
Carlos Menem tiene un mérito innegable: no le debería nada a nadie. Ninguno le podrá «pasar facturas». Lo mismo le sucedió cuando asumió en 1989. En la época actual, las burocracias sindicales, los «gordos» de la CGT, no lo apoyaron; al contrario, proclamaron estar dispuestos a dar impulso a la candidatura presidencial de Roberto Lavagna (en compensación a que el ministro les volvió a llenar la «caja» de las obras sociales por donde se enriquecen). Ningún gobernador -salvo Marín y Romero- se jugó por Menem abiertamente, aunque muchos le hayan explicado -y parte de razón tienen- que si lo hacían desafiaban a Duhalde, que manejaba los fondos coparticipables -su oxígeno- a su discreción y apetencias políticas. El «establishment» le festejó a Menem su embestida presidencial, pero en silencio, como además es su costumbre. Prensa favorable nunca tuvo. Al contrario, se exacerbaron con él y hasta un medio, como «Clarín», contribuyó decididamente a sus 5 meses de prisión. Ni su familia de sangre le respondió, salvo en la línea de los hermanos y, desde ya, en Cecilia Bolocco, su esposa. Viejos apoyos políticos lo traicionaron, desde «Cacho» Caselli hasta Jorge Yoma.

Por eso, Menem no siente compromisos imperativos, salvo con su esposa, que lo acompañó a la prisión, en Don Torcuato, a la semana de casarse y cuando pocos inicialmente se acercaban a esa quinta-prisión de
Armando Gostanian por temor a incinerarse.

Sí el hombre de La Rioja reconoce los apoyos de siempre dentro su entorno, desde
Ramón Hernández hasta Eduardo Bauzá, Alberto Kohan y el sindicalista Antonio Cassia, principalmente.

Se reconoce siempre que
Menem «tiene códigos», aunque no asume «obligaciones» políticas. Por eso, no se cree que le ceda la Jefatura de Gabinete a Juan Carlos Romero. Tampoco que acceda al plan de éste de llevarse a esa eventual Jefatura de Gabinete suya la relación con las provincias y sacar de Cancillería las relaciones comerciales con el exterior.

«Si fuera así, ¿quién aceptaría ser ministro del Interior sólo para mandar a reprimir manifestaciones en las calles o canciller sólo para presentar ante la ONU las repetidas propuestas sobre la devolución de las islas Malvinas?», dicen quienes se oponen al acaparamiento que propone el salteño.

Otra variante que se le propone es unir Justicia y Seguridad -como ahora con
«Juanjo» Alvarez- y agregarle Defensa, que hoy desempeña Horacio Jaunarena. Si no lo usa mejor al frente de la variedad inconexa de economistas, Rubén Marín podría ser un conciliador ministro del Interior. Cancilleres tiene 10 en potencia. Aunque no fue él quien le presentó a Carlos Melconian a Menem (lo hizo Alberto Kohan), Romero lo tomó como su ahijado económico, para un área vital que le daría más poder. Melconian también cuenta, por tanto, con el visto bueno del influyente Alberto Kohan, aunque más no sea para oponerse a los economistas que impulsa su enemigo, el también influyente ante Menem, Eduardo Bauzá. Melconian agrada a Menem y tiene un antecedente valioso: redactó la mayor parte del famoso texto de «los 14 puntos», con propuesta de gran racionalidad económica que hizo suyo Romero, lo sustentó en gobernadores y se lo impuso a Eduardo Duhalde justo cuando éste se disponía al desvarío de romper con el Fondo Monetario, repudiarlo y «vivir con lo nuestro», aislados del mundo. Este Melconian pisaba más fuerte hace unos meses hasta que aparecieron otros candidatos al Ministerio de Economía. Además, influyó que otros entraran a mostrarles los dientes a los planes de su principal mentor hoy, el mismo Juan Carlos Romero.

Melconian
es hombre joven, buen técnico y fruto de «consultorías», primero con Miguel Angel Broda y, ya independizado, con la propia que comparte con el introvertido socio, pero muy buen economista Rodolfo Santángelo.

La «consultoría propia» es el sueño de la mayoría de los economistas, como lo es el consultorio particular para el médico o el estudio propio del abogado. En el campo económico se imponen «las consultorías» por la tendencia de las empresas a no arriesgar, por un pequeño abono mensual, algo que pueda beneficiar a sus intereses. Así, reciben los gruesos informes mensuales con la realidad pasada y la proyección futura que derivan a los gerentes para que luego se las expliquen sintetizadas a los altos directivos. El muestreo mensual de las variables económicas ya es completo en casi todas las «consultorías» y lo que suele distinguirlas, entonces, son dos aspectos. Uno es que el titular tenga chances de ser parte de algún elenco oficial, algo que atrae más a las empresas. Un
Roberto Lavagna, con vieja militancia en cargos oficiales, pero surgido luego desde su consultoría Ecolatina, alentó con su ubicación a estas PyMEs del mundo económico. Lavagna, desde una consultoría, más cargo público, rompió la tendencia de los últimos años que marcaba para ministro de Economía a los provenientes del status superior, las «fundaciones» como proveedores naturales del cargo.

El otro aspecto que diferencia a las «consultorías» es que los informes mensuales tengan ponderación política más allá de lo que surge, simplemente, de proyectar las variables económicas a medida que se conocen. Aquí es donde las «consultorías» se inhiben en su gran mayoría, generalmente porque no dominan tal información política. Además, no les gusta a los economistas proyectar en base a algo intangible cómo son los datos de encuestas o comentarios políticos.

Melconian
es un típico producto de «consultoría económica». Domina casi de memoria la totalidad de los números de la economía, pero muestra carencia de realismo político. Puede enunciar 15 proyectos de ley a realizar, ya en el gobierno, pero no responder como haría un presidente Menem, si ganara, para imponerlas en un Congreso decididamente duro y mediocre, donde se vitoreó no pagar la deuda externa como si se hubiera obtenido un campeonato mundial deportivo. Con este Parlamento ni Duhalde -con sus dádivas y proveniente de él como «presidente designado»- pudo arrancarle muchas sanciones de leyes. El nuevo presidente convivirá con este Congreso hasta diciembre próximo. Claro, tendrá en vigencia la Ley de Emergencia Económica para operar, en emergencias, por decreto. Pero no siempre se puede saltear al Congreso, desde ya.

• Problemas parlamentarios

También es posible que el futuro presidente tenga más problemas que los habituales con el siguiente Parlamento, cuyos miembros serán elegidos en el peor momento para un gobernante, cuando haya caído sobre él el peso de toda la terrible «herencia» que le derivará el duhaldismo, tenga al Fondo Monetario mordiéndole las pantorrillas y deba encarar medidas de ajuste ciertamente no populares.

No olvidemos la frase del propio
Duhalde: «El próximo gobierno es la silla eléctrica».

Hay otra línea económica posible que juega con independencia fundamentalmente con un ímpetu penetrador mayor que sus posibilidades reales, la de
Pablo Rojo y Rogelio Frigerio (nieto) en primer lugar, más Francisco Susmel, Diego Estévez y otros. Tienen experiencia en cargos públicos, buscan tener contacto permanente con Pedro Pou y, más allá de la audacia que los acercó a Menem, no parecen tener padrino político. Poseen, además, ideas controvertidas en relación con otros aspirantes y así se los toma como difíciles para una colaboración conjunta; o sea, jugarían al todo o nada.

La siguiente variante -la más fresca- es la que impulsa el empresario
Francisco de Narváez, que tiene la peculiaridad de haber formado equipos para planes económicos, primero para Mauricio Macri, hasta que lo abandonó por no intentar éste -con lógica- lanzarse a la presidencia de la Nación sino arrancar ahora por la nominación, mucho más segura, de jefe de la Ciudad de Buenos Aires con el tercer presupuesto del país y el primero en proporción al número de habitantes, algo ideal para quien sepa gobernar la importante urbe con imaginación. De Narváez está asentado sobre más de 600 millones de dólares que obtuvo su familia -de la cual también es el futuro heredero- por la venta de Casa Tía. No es un capital despreciable para imponer una línea económica.

De Narváez
acaba de proponerle a Menem para Economía a Javier González Fraga, economista veterano en funciones de gobierno (llegó a presidente del Banco Central en 1990, durante la gestión ministerial en Economía de Erman González), y le agregó, fuera de los cargos oficiales, habilidades empresarias (es fuerte productor y exportador de dulce de leche). Aun en nivel de PyME, mostró un realismo no común en los economistas teóricos.

Hay otra última línea económica en las proximidades de
Menem. Es menos conocida, pero contaría con el beneplácito nada menos que de Cecilia Bolocco de Menem. Es Octavio Frigerio, hijo del ya recluido en su hogar Rogelio, creador con Arturo Frondizi del Desarrollismo. Octavio es padre, a su vez, del Frigerio que está junto a Pablo Rojo.

Siempre tuvo vocación política y empresaria, como su padre
Rogelio. Actuó durante el gobierno Menem impulsando los cascos blancos (ayuda humanitaria) para la ONU. Ahora encabeza un grupo agropecuario importante en el país, el que impulsó los transgénicos y especialmente agrupa a los productores de soja (donde está Carlos Reutemann). El único «plan» -más allá de ideas generales- que esbozó en detalle Carlos Menem, si llega a la presidencia, es mantener por 6 meses los planes asistenciales Jefas y Jefes de Hogar para ir cambiándolos más por contribuciones estatales alimentarias, en base a la nutritiva soja. Los técnicos expusieron esto en un almuerzo en un barco fletado especialmente por el lobby de Frigerio y quien lo asimiló como invitada especial fue Cecilia Bolocco acompañada por ese núcleo de mujeres decididas (las que terminaron con los escraches a Menem, que se llaman a sí mismas «los ángeles de Charlie») encabezado por Lita de Lázari.

Habría otra línea tenue de quienes reclaman su participación en una futura conducción económica -de
Menem o de cualquier otro justicialistaes- grimiendo su «militancia histórica en el partido».

Como se ve, es vasta la oferta para conducir la economía de
Menem. No deja de ser una audacia de los postulantes frente a la magnitud del problema a enfrentar desde el 25 de mayo. El problema es que están casi todos los aspirantes dispersos, y aunque el ex presidente diga «no importa, son todos menemistas», no parece ser tan así y eso lo hace desconfiar al importante sector medio productivo y de profesionales, que tendrá peso en una elección.

¿Qué sería lo ideal en economía para el próximo gobierno? Desde ya, una conducción sólida y bien consustanciada con quien sea presidente de la Nación y con los ministros que actuarán en el fundamental complemento desde el ala política porque sin esto la economía no funcionará frente a la magnitud de los problemas.

Es tal la cantidad y gravedad de los problemas -
Ambito Financiero anunció 54 ayer y son más- y la limitación de los recursos que no se recuerda en la historia nacional en vísperas de la asunción de un nuevo primer magistrado un caso parecido.

Si fuera
Carlos Menem -trataremos en notas siguientes si fuera algunos de los otros candidatos-, por lo expuesto aquí, su principal problema no es carecer para el área económica de hombres importantes sino tenerlos en exceso y hasta enfrentados entre sí. Si partimos de la abundancia, algo promisorio sin duda para un candidato, el problema es menor: cómo aprovecharlos y coordinarlos.

No se ve mejor forma que alguien reconocido arriba que sea aceptado por todos para adjudicar áreas e impulsar el trabajo en equipo. No es fácil para
Menem, si gana, ubicar este hombre que no necesariamente debe ser economista, pero sí saber administrar y moverse en el Estado, más tener ascendiente sobre el conjunto, calidad para decidir ante las opciones y mucha confianza del presidente de la Nación.

¿Quién reúne estas condiciones con un gobierno
Menem?

Pareciera el más completo
Rubén Marín, el actual gobernador de La Pampa. Si, en cambio, se busca que sea un economista, el de más ascendiente y respeto ganado es Pedro Pou, con los riesgos de crítica que su designación implicaría. Si se buscara alguien muy técnico y audaz para la gravedad del momento, podría ser Carlos Rodríguez, del CEMA. Si se optara por alguien que ampliara la base de sustento, podría ser Manuel Solanet ( Ricardo López Murphy jamás aceptaría, salvo que le fuera muy mal en esta elección, pero no parece que vaya a ser así). Si se quisiera alguien «de afuera» de los pretendientes, podría ser Orlando Ferreres. Si buscara un político y semieconomista, Octavio Frigerio.

A partir de allí, cualquier opción por las que optara
Menem le significaría automáticamente perder varias de las «líneas» que hoy tiene a su disposición y ya no aprovecharía el conjunto.

El hecho de que muchos de los que hoy están cerca de él sean jóvenes es una virtud, pero también un riesgo: si no les agrada el ministro «de arriba» o su ubicación en el conjunto operativo, pueden esperar otra oportunidad y alejarse ahora.

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