Wall Street ante un brote de euforia que puede ser peligroso

Economía

El Dow Jones Industrial sobrepasó el mojón histórico de los 30 mil puntos (aunque cerró la semana levemente por debajo). Después del Día de Acción de Gracias, en la rueda abreviada del viernes, el S&P500 y el Nasdaq establecieron máximos relucientes como para desterrar dudas. La euforia es desbordante.

Es aconsejable que primero la Bolsa exponga el caso. El Dow Jones Industrial sobrepasó el mojón histórico de los 30 mil puntos (aunque cerró la semana levemente por debajo). Trepó 13% en lo que va de noviembre, su mejor mes desde 1987. ¿Qué decía el presidente Trump en campaña? ¿Cómo era aquello de que su derrota traería el fin del mercado bull? El emblema del rally Biden -la canasta Russell 2000 conformada por acciones de compañías pequeñas- escaló 20% en noviembre, y barrió con todos los récords en su mejor desempeño mensual en registros. Muerto el rey, viva el rey. Después del Día de Acción de Gracias, en la rueda abreviada del viernes, el S&P500 y el Nasdaq establecieron máximos relucientes como para desterrar dudas. Opera una rotación vibrante pero se enmarca en una marea creciente que es generalizada. Los últimos serán -ya son- los primeros. No obstante, los primeros continúan subiendo. Tres componentes del índice S&P, antes rezagados, ahora lideran. Energía (+37% en lo que va del mes), Finanzas (+19%) e Industria (+18%). El récord del Nasdaq nos recuerda que no por ello la tecnología se tornó obsoleta.

Trump embarra la transición, pero la Bolsa no se mancha. Ni se manca. Habitan ya en burbujas separadas. Que la Tesorería de Steven Mnuchin se lleve los fondos que la Fed no usó en sus programas de emergencias es delicado, y presagia una movida eventual que podría ser peor: el bloqueo fiscal de los republicanos a la administración entrante. Fue la estrategia de corrosión (pre-Trump) que sufrió Obama cuando perdió el control del Congreso (y rigió a lo largo de sus seis últimos años). No es probable que los demócratas consigan un milagro en Georgia el 5 de enero y empaten el Senado. Así las cosas, y en plena pandemia, el mandoble de Mnuchin es un sablazo, pero la ilusión no se pincha. Es la gracia que concede toda luna de miel. Revisemos los números de Wall Street: se trata del arranque poselectoral más estupendo de los últimos cuarenta años, sin rival desde la primera victoria de Ronald Reagan. Seamos justos: los comicios eran un referéndum sobre Trump. Y sucumbieron dos pájaros de un tiro. La algarabía de las acciones cotiza ambas proezas, los triunfos de Biden y de la vacuna, aunque el presidente y el covid-19 vayan a seguir empuñando las riendas por un buen rato. La Bolsa en sus precios anticipa un posible futuro mejor. Los bonos largos, en sus tasas deprimidas, todavía están anclados a las penurias del presente. Conviene no pasarlo por alto. Por último, Biden aporta lo suyo. Y no es el carisma del burócrata, sino el oficio de años en Washington. Lo desplegó en sus nombramientos. Postergó sistemáticamente a los miembros de su belicosa ala extrema, hasta hace poco alertas en pie de guerra, y sin embargo el partido permanece unido.

Con la confirmación de Janet Yellen en el Tesoro tendrá a Wall Street en las alturas, y en el bolsillo. No hay mejor abogada de la idea de insistir con el estímulo extraordinario. ¿No trae Biden una agenda regulatoria hostil? También. Con Yellen la podrá ejecutar con un mínimo de oleaje. ¿Será capaz de cerrar la división en los EE.UU.? No se sabe. Es más difícil, porque con la moderación sola no alcanza.

¿Qué más se puede pedir? No se pida que suba sino que dure. La euforia es desbordante. Se mire donde se mire. Precios, valuación, flujos, sentimiento, la estacionalidad del calendario. Y la ya citada luna de miel que racionaliza con un sesgo notable el impacto de los acontecimientos. ¿Cómo convergerá el spread entre una realidad plagada de defectos y el futuro perfecto que nutre la dinámica de las cotizaciones? Otros fervores ya corrigieron con brusquedad. Que lo diga el oro (y la plata) que se presumía imbatible. O el bitcoin y su vértigo de cañita voladora, que pasó de rozar los máximos a hundirse casi 3 mil dólares en un santiamén (para luego subir y quebrar los récords). Imperturbable y ajena, la Bolsa desafía los límites. Y con su volatilidad -el índice VIX- por debajo fugazmente de 20 -como nunca desde febrero- expresa que va todavía por más. Es la receta para terminar con el sacudón de un pozo de aire. ¿A manos quizá de una oleada de ventas impositivas antes que finalice diciembre? El mercado bull podrá recomponerse de cara a 2021. Llegará más lejos si viaja más despacio. Créase o no, la prudencia rinde más kilómetros que la euforia.

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