28 de octubre 2004 - 00:00

Kirchner: "¿Se va don Alfonso? Qué pena"

Los que aseguraban que esta mutación era inevitable calcularon siempre que se realizaría de la manera en que sucedió: el cambio en la conducción de Repsol YPF vendría desde la Caixa, es decir, desde Cataluña o, dicho casi de la misma manera, desde el PSOE que ahora gobierna en España y en esa autonomía de manera simultánea. En efecto, Alfonso Cortina fue sustituido en la presidencia de la petrolera por Antoni Brufau, hasta ahora titular de Gas Natural BAN. Esa sucesión es el desenlace de varias tensiones: las que existen entre populares y socialistas y las que hay entre madrileños y catalanes.

Si se lee esta historia desde Buenos Aires, hay que consignar que Néstor Kirchner fue avisado de la noticia por gente de Repsol ni bien sucedió. «Ah, ¿se va don Alfonso? Una pena. Quiero mandarle un fuerte abrazo», transmitió el Presidente, como señal de despedida para un hombre con quien tuvo una larga relación, iniciada como gobernador de Santa Cruz, donde esa compañía realizó muchas inversiones. Nunca quedaron firmes aquellas versiones sobre desavenencias insalvables y tampoco la imagen, menos verosímil aún, de un presidente argentino reclamando ante José Luis Rodríguez Zapatero, el nuevo premier socialista, que se reemplazara a Cortina de la conducción de Repsol. Debe haber sido sincero el Presidente: el petrolero retirado le demostró en los últimos dos años un llamativo talento político.

• Reunión prolongada

La identidad del nuevo titular de la compañía no fue un dato del todo ajeno para Kirchner. En su último viaje a España, en febrero, se reunió con Brufau durante un largo rato y lo mismo sucedió cuando este ejecutivo visitó Buenos Aires, hace un par de meses. De 55 años (nació en Mollerussa en 1948) y de una llamativa simpatía, transita desde hace años por los principales nudos del establishment empresarial español. Además de presidir Gas Natural, se desempeñó también como director general de «La Caixa», primer accionista de Repsol con casi 13% de su capital. Desde esa condición, Brufau estuvo encargado de intervenir en la conducción de las empresas en las que el banco catalán tiene participación: además de Repsol, Enagás, Suez, CaixaBank Francia, CaixaBank Andorra y CaixaHolding (entidad que controla esas participadas).

Brufau conoce la Argentina no sólo por presidir Gas Natural BAN y por haber sido director delegado de esa empresa a mediados de los '90. También siguió de cerca la agenda energética del país desde su sillón de consejero de Repsol, por más que eso no signifique estar al tanto del día a día de la empresa. Sobre esa cotidianeidad lo pondrán al corriente ahora Ramón Blanco, el vicepresidente que ayer fue ratificado, y Alejandro Macfarlaine, figura principal de la compañía en la Argentina, sobre todo desde el punto de vista de su conducción política (José María Ranero Díaz, quien resolvió retirarse a fin de año, es un «country manager» que prefirió siempre el perfil técnico).

De esa actualización surgirá clara la agenda inmediata del nuevo presidente de la compañía: participación de la petrolera en la construcción del gasoducto desde Bolivia ( iniciativa de Techint que ahora saldrá a licitación), ampliación de los gasoductos ya existentes, discusión sobre el precio de los combustibles y pelea por el nivel de las retenciones a las exportaciones de hidrocarburos. Además de dos fantasmas que aparecen cada tanto: el de la aplicación de esas mismas retenciones para las exportaciones de derivados y el de la suspensión del régimen de libre liquidación de divisas para el sector. También el nuevo presidente deberá desentrañar el enigma sobre «qué es ENARSA». Y resolver un desafío de más largo plazo: el de reducir la dependencia que Repsol tiene de la Argentina. Tarea ya iniciada por su antecesor.

• Sorpresivo

¿Sabía Cortina que sería reemplazado por Brufau? ¿Estaba preparado para que eso sucediera ahora? Seguramente no. Si bien era previsible que el socialismo iniciara una etapa de cambios en la conducción de las principales compañías de servicios (tenga o no en ellas acciones de privilegio), todo el mundo se sorprendió de que este cambio de guardia petrolero se produjera de un día para el otro. La presión llegó desde los accionistas catalanes, en tanto que los otros «dueños» de la empresa, los delegados del BBVA se abstuvieron de decidir sobre la suerte de Cortina. Es lógico, se trata del hombre que había promovido a la presidencia de la firma el banco vasco, del que el ejecutivo saliente fue durante años el principal accionista individual. Es cierto que el ahora ex presidente agregaba otras notas salientes a su personalidad de alto ejecutivo: Cortina forma parte de un núcleo muy exclusivo de la burguesía española, ligado a la corona más que a un partido político, y del que forman parte también su hermano Alberto y su primo Alberto Alcocer.

Si bien expresa el cambio de clima que se inició en España con el regreso del PSOE y, tal vez, anticipe otros reemplazos en la primera línea del empresariado de ese país, la salida de Cortina fue para él sorpresiva (de lo contrario no habría dado el reportaje que hace pocos días concedió a «El Mundo» hablando de su satisfacción por el cargo) pero muy elegante. Repsol lo saludará bautizando un centro operativo con su nombre y lo tendrá al frente de su fundación (tarea que este hombre de negocios matizará prestando más atención a su exquisita bodega). En la Argentina, el gobierno de Kirchner tal vez lo eche de menos en poco tiempo: más allá de las rispideces, Cortina fue muy comprensivo con las urgencias políticas del Presidente, en especial con el imperativo de no irritar a la clase media de consumidores urbanos con medidas impopulares. La última muestra de este espíritu cooperativo la dio este ejecutivo en Nueva York, durante la última visita de Kirchner: viajó «ad hoc» (dicen que inducido por el propio Zapatero) para anunciar una inversión en la ampliación de gasoductos que, en rigor, Roberto Lavagna le había arrancado con más presiones que argumentos dos semanas antes.

Ahora el ministro, su colega Julio De Vido y el propio Kirchner deberán lidiar con una cara nueva. Tal vez les resulte más difícil presentar a Brufau como una imagen de los «malditos '90», tarea que facilitó Cortina por su antecedente de haber sido el presidente de la Repsol que compró YPF. El catalán que ayer fue puesto al frente de esa empresa llegará con una mochila más liviana.

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