29 de mayo 2015 - 14:31

La economía de Brasil cayó un 0,2% en el arranque de un año difícil

La economía brasileña se contrajo un 0,2% en el primer trimestre de 2015 frente al período precedente, un resultado mejor de lo esperado, pero que vislumbra un panorama negativo para este año, cuando el Gobierno prevé una retracción del 1,2% del producto bruto interno (PBI).

La reducción del PBI brasileño de enero a marzo fue del 1,6% si se compara con los tres primeros meses de 2014, mientras que en el acumulado de los últimos doce meses cayó un 0,9%, de acuerdo con el informe del estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

A pesar de la contracción, el retroceso de la mayor economía de América Latina en el primer trimestre del año fue menor de lo esperado, ya que el mercado auguraba un encogimiento de entre el 0,4 y el 0,5% para el periodo.

No obstante, los analistas financieros barajan una posible nueva retracción en el segundo trimestre del año, lo que colocaría a la economía brasileña en recesión técnica, como ya ocurrió a finales del primer semestre de 2014.

Brasil consiguió esquivar el pasado año los números negativos al crecer un tímido 0,1 %, pero el propio Gobierno ha admitido que la economía del gigante latinoamericano se encogerá un 1,2% a finales de 2015.

Si se confirman los pronósticos, ahora avalados por el propio Gobierno, la economía brasileña tendrá en 2015 su peor resultado desde 1990, cuando registró una caída del 4,3%.

Según los datos divulgados este viernes por el Gobierno, la desaceleración de la economía en los primeros tres meses del año con respecto al último trimestre de 2014 estuvo motivada en gran parte por la contracción de la actividad industrial (-0,3%) y del sector servicios, que se redujo un 0,7%.

El IBGE también calculó una caída del 1,5% en el consumo de las familias, lo que supone la mayor reducción desde 2008.

El consumo, que era hasta hace pocos meses el principal motor de la economía brasileña, viene cayendo perjudicado en los últimos meses por el aumento de la inflación, la restricción del acceso al crédito, la subida de los tipos de interés y la pérdida de confianza ante el escenario económico.

Asimismo, el gasto del Gobierno, que anunció un recorte de 69.946 millones de reales (23.315 millones de dólares) en su presupuesto de este año para ajustar sus deficitarias cuentas, se redujo un 1,3 % en el período y contribuyó al porcentaje negativo del PBI.

Sin embargo, la actividad agropecuaria, uno de los grandes ejes de la economía brasileña, creció un 4,7% de enero a marzo y compensó, en parte, los otros indicadores.

La inversión en Brasil completó siete trimestres consecutivos a la baja y se situó en el 19,7%, frente al 20,3% del mismo periodo del año anterior, lo que supone la menor tasa entre los países emergentes.

De acuerdo con los analistas del mercado financiero, la reducción de la tasa de inversión se ha visto influenciada por el gigantesco escándalo de corrupción en la petrolera estatal Petrobras, el débil desempeño del sector industrial, acentuado por el sector automotor, y la desconfianza en torno a la economía brasileña.

Para recuperar la confianza de los inversores, el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff ha lanzado un plan de ajuste fiscal, pendiente de la aprobación del Congreso, con el que el Ejecutivo pretende equilibrar las maltrechas cuentas públicas, que cerraron 2014 con el primer saldo negativo en 13 años.

El esfuerzo fiscal, rechazado por los sindicatos, ha contado con el apoyo del mercado financiero, quien defiende la política ortodoxa del ministro de Hacienda, Joquim Levy.

Según Levy, el ajuste permitirá que la economía comience a mostrar una recuperación en el segundo semestre de este año y se recompondrá finalmente en 2016.

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