La desbancarización e informalidad que provoca el impuesto al cheque en la economía queda en evidencia en una serie de indicadores monetarios y fiscales: desde el mismo día que nació, automáticamente el dinero debitado en cuenta corriente se redujo a la mitad, la velocidad de rotación de los depósitos cayó 44,5% y buena parte de lo que el gobierno recaudó por ese gravamen, se perdió del IVA.
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Los datos del Banco Central son bien descriptivos de la desbancarización que se generó desde el 1 de abril de 2001 cuando el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, creó el impuesto a los débito y créditos bancarios.
Ese mes (aún no existía el «corralito»), los registros del Banco Central indican que el total de débitos realizados por cuenta corriente se redujo a sólo $ 83.704 millones, 48,4% menos a los $162.113 millones debitados por cuenta corriente en abril de 2000. Es decir, la reducción en el monto de débitos fue de $ 78.409 millones y eso que la medida fue lanzada con la alícuota mínima: 1,2 por mil o 0,12%. Resultados de similar magnitud se registran en la comparación mensual: el monto debitado cayó en cuestión de días casi 30% si se compara abril de 2001 contra marzo del mismo año.
Semejante reducción le costó al gobierno ingresos fiscales menores a los proyectados. Cuando el gobierno ideó la medida, realizó los cálculos sobre la base de unos $ 160.000 millones que se debitaban al mes por cuenta corriente. En base a eso se esperaba que en su primer mes de vigencia (abril de 2001) el nuevo impuesto recaudaría $ 357 millones. Con lo que no se contó es que esa medida provocaría una amplia desbancarización y que entonces ese tributo sólo aportaría la mitad de lo esperado.
Incluso hoy, cuando el total de dinero debitado por cuenta corriente asciende a $ 80.600 millones al mes, valores similares a los de abril de 2001 cuando comenzó a regir el impuesto al cheque (aunque mayores a los registrados en los primeros meses del «corralito»), el gobierno se pierde de recaudar unos $ 400 millones al mes sólo por la desbancarización que provocó su existencia.
•Desplome
La velocidad de rotación de los depósitos en cuenta corriente se desplomó así abruptamente: si en el mes de abril de 2000 el dinero rotó 13.17 veces, en abril de 2001 solo rotó 7.32 veces. Hoy el dinero rota menos de 5 veces al mes, aunque esa menor rotación se explica también por el «corralito» y además se compensa con el mayor circulante que hay en la economía.
Pero hay otro costado confuso de este tributo. Desde el mismo Ministerio de Economía aseguraron a este diario que hay que tener cuidado al evaluar al impuesto al cheque como el «gran recaudador». Es que tienen un dato contundente: buena parte de lo que la gente pagó de impuesto al cheque en los dos años lo dejó de pagar en IVA ya que en la mayoría de las empresas los ingresos no alcanzaban para abonar ambos impuestos.
Eso explica por qué desde 2001 la caída del IVA, que es un impuesto muy atado al nivel de actividad, más que duplicó a la caída de la economía. En 2001 la recaudación del IVA a precios de 1993 fue de 16.774 millones, 8% menor al 2000. Esa caída duplicó a la que tuvo la economía: entre esos mismos años el nivel del Producto Bruto Interno constantes (a precios de factores, es decir, sin incluir impuestos) cayó 4%. Lo mismo sucedió en 2002: ese año el PBI constante (siempre a precios de factores) cayó 9,3% mientras que la caída en la recaudación constante del IVA (a precios de 1993) triplicó a la que registró el PBI al caer 26,7%.
Frente a estos datos, el gobierno está hoy ante un gran dilema. La mayoría de los tributaristas, economistas y hasta el ministro Lavagna coinciden que hay que eliminar el impuesto al cheque. El problema es que este año se espera recaudar de ese tributo más de $ 6.000 millones. Y lo que muchos se preguntan es ¿cómo hacer para eliminar ese impuesto y recuperar la pérdida adicional que el «cheque» generó en el IVA? Una vez más, este tipo de medidas refleja las limitaciones que se presentan al intentar aplicar medidas exitosas en otras regiones. En Brasil, el mismo impuesto es un éxito, y en la Argentina ha resuelto un problema, pero ha generado otros tantos.
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