Festejos retardados por la «hazaña» bélica, necesidad de dar otro cariz a un mercado que perdía fieles, ciertos indicadores a los que se les desea leer el costado bueno, lo cierto es que desde Wall Street se sacudieron las telarañas de encima y se reincorporaron de un solo golpe. A partir de esto, una ola fue recorriendo los distintos recintos y a medida que se acercaba a la zona más austral rompió con más fuerza. Todos extrajeron mieles de las bondades del comienzo de Semana Santa, pero en Buenos Aires esto se percibió con enjundia de indicadores. Como para romper el tedio de la sucesión interminable de ruedas sin sentido, los Mervales pegaron el salto y lo hicieron en porcentuales de casi 3,5% de incremento.
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Duran poco los momentos felices de estos tiempos. Habrá que saber libar de inmediato, pero el índice porteño se puso en carrera para intentar -otra vez- quebrar esos 600 casi maléficos, que lo han hecho rebotar desde enero. Cierre en los 586 puntos. Un volumen que se superó hasta los $ 20 millones para acciones (hubo fuerte ritmo en CEDEAR, con $ 55 millones). Cualquiera se despachaba con suba de cinco, seis por ciento, hasta tocar la cima con el casi 14% de Comercial; y las de energía y servicios como que prenuncian un aumento tarifario, a modo de despedida de este gobierno. Sugestivos movimientos sobre tal sector, acaso lo más destacado dentro de una fecha que brilló mucho más ante el contraste con lo gris de pasadas semanas. Si fue «misil» alcista, durará lo que dure la explosión. (Salvo que sean ráfagas...)
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