Cuatro petroleras británicas que operan en el Mar Argentino buscan instalar en el mercado internacional de commodities que en la zona de Malvinas existen gigantescas reservas de petróleo y gas. Se trata de Rockhopper Exploration (RE), Falkland Oil & Gas Limited (FOGL), Desire Petroleum (DP) y Borders and Southern (BS), las que, alternadamente, desde octubre pasado han anunciado avances en las etapas preliminares de exploración hidrocarburífera en el Atlántico Sur.
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Con una periodicidad mensual, entre las cuatro se reparten la difusión de comunicados de prensa en los que proclaman la posibilidad de existencia de grandes cantidades de crudo en el lecho marítimo alrededor de Malvinas. ¿Son tan gigantescas, como dicen, o sólo podrían llegar a serlo, quizás? ¿A qué se debe tanta premura? Algo elemental: «Las corre el precio del barril», que superó los u$s 120. Como el negocio es, además, riesgoso y aún no hay constatación ni de la cantidad ni la calidad del petróleo que podría extraerse, hay que aprovechar el momento. Las estimaciones (de estas petroleras, claro) oscilan entre los 14.000 y 60.000 millones de barriles. Resulta curioso entonces, que el gobierno de las islas le dijera al «Telegraph» de Londres «que las chances de encontrar petróleo oscilan entre 1 en 5 y entre 1 en 12». Extraño gol en contra en medio de este partido.
Hay una primera explicación, política, para todo este intríngulis. A fines de este mes se presentan las propuestas de reforma para el estatuto constitucional de las islas y un artículo en particular enfrenta al Consejo de los isleños con el gobernador ( puesto por Londres). Es el que se refiere a las decisiones a tomar sobre minerales e hidrocarburos, en los que el Consejo quiere tener el poder y veto. Y en Westminster no quieren entregar ese control, que hoy significa que 26% de las ganancias petroleras y 9% de los royalties por barril vendido ingresen a sus arcas. Una cuestión de soberanía. Interna. Por eso, contra reloj, las cuatro compañías petroleras necesitan instalar en la opinión pública isleña esa magnitud pantagruélica de los recursos de crudo que podría haber en el fondo del Mar Argentino.
Plataforma petrolera
Como consignó este diario, el jueves 24, Rockhopper (RE) -que explora en el norte de las Malvinas, lo mismo que Desire- anunció que en dos meses comenzaría a perforar en los yacimientos que tiene adjudicados. La noticia hizo que en el transcurso de 90 minutos se compraran 39.000 acciones de la compañía y que se vendieran otras 25.000. Especulación bursátil o no, lo cierto es que la acción de Rockhopper, que de febrero 2007 al mismo mes de este año, se mantuvo por debajo de los 50 pence (GBX), el jueves del anuncio tocó 116. Pingüe ganancia en un abrir y cerrar de ojos.
El comunicado de prensa operó como un instrumento financiero, pero si se lo analiza con detenimiento, salta que RE admite no tener capacidad propia para explotar los yacimientos, ni para conseguir una plataforma petrolera y que deberá recurrir al «farm-out» (semejante a una UTE, pero para un yacimiento específico, con un lapso de exploración y profundidad definido). Para el ingeniero Guillermo Martínez Funes, director de EnergyWorld.org, el proyecto de RE «no tiene sustento real, y sólo puede ser viable a través de un acuerdo futuro con alguna de las grandes compañías, cuyas opiniones aún no se han escuchado». En rigor, permanecen calladas dos de las posibles candidatas para entrar en un eventual negocio petrolero en el Mar Argentino: Shell -que exploró en 1998 y encontró petróleo en dos de los pozos de Malvinas norte-, y la británica BP. Tampoco nada ha dicho BHP Billiton, la gigantesca minera angloaustraliana, asociada con FOGL en la exploración de Malvinas sur.
De todas maneras, lo que desvela a las petroleras en Malvinas es contar con una plataforma. Sin ella no se puede extraer petróleo. Tampoco consiguieron una FPSO (Floating Production Storage and Offloading), enorme buque que procesa, almacena temporalmente y descarga el petróleo a los cisternas que lo transportarán a los puertos. Es otro imprescindiblepara zonas críticas como la de Malvinas, ubicada en el confín del mundo y muy lejos de algún puerto amigo que les permita descargar el crudo. Existen menos de 100 FPSO en todo el mundo y es obvio que de haber alguna disponible, será destinada primero, a algún yacimiento offshore que cuente con reservas comprobables.
Costo
Tema aparte es el costo de estos monstruos. Una plataforma petrolera semisumergible, como la que se necesita en el Mar Argentino, vale entre u$s 500 y 1.500 millones. El costo de operación diario se estima en u$s 500.000, a lo que hay que sumarle seguros, traslados (el tiempo que insumiría llevarla hasta el Mar Argentino -es lucro cesante- también juega en contra) y gastos de comunicaciones. No parece fácil, para estas compañías petroleras pequeñas, pagarlo. Más difícil todavía, como sucede con la FPSO, es conseguir que la plataforma llegue al sur.
Resta todavía adivinar cuáles son las intenciones de estas compañías y del gobierno británico. Martínez Funes cree que «continuarán la exploración, regulando su ritmo en función de los pronósticos diarios del precio del crudo, pero no comprometiéndose en la producción hasta que existan más detalles sobre las capacidades de los nuevos yacimientos de Brasil, que pueden influir drásticamente en el precio».
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