Revolución con pies de barro

Economía

Aunque la pandemia se encargó de darle el golpe final, la crisis que desembocó en la salida de Latam de Argentina comenzó bastante antes. Fue en el segundo semestre de 2018, cuando se empezó a sentir el impacto de la devaluación de abril que llevó el dólar a $40. Esto significó el quiebre de la llamada “Revolución de los aviones” que impulsó el entonces ministro de Transporte Guillermo Dietrich. Un modelo basado en la desregulación total del mercado, sin tarifas mínimas, que alentó el ingreso de nuevos jugadores al mercado aerocomercial argentino, como Flybondi, JetSmart y Norwegian (ya se fue).

Se alentó una guerra de tarifas claramente insostenible antes de la devaluación. Y más aun después. En la edición del viernes 14 de septiembre de 2018, Ámbito alertó sobre ese proceso en una nota titulada “Vuelos de cabotaje: aumentan los viajeros pero caen los ingresos”. Es que llenar un avión no es garantía de tener rentabilidad. Y menos si se venden pasajes en pesos y se pagan costos en dólares, como el combustible, los alquileres de aviones, seguros y otros rubros pactados en divisas.

Los defensores de la supuesta “revolución” de los aviones se dedicaron a medir estadísticas sobre cantidad de pasajeros transportados. Es cierto que mucha gente que nunca había volado pudo hacerlo por primer vez. Pero también es cierto que los valores de los pasajes sólo podían ser sostenidos por empresas dispuestas a perder plata. Y la capacidad de aguantar dependía de las espaldas financieras de cada una de ellas. JetSmart, con el poderoso fondo de inversión estadounidense Indigo Partners, parece llevar las de ganar. Flybondi también vuela a pérdida y sus socios la financian. Aerolíneas Argentinas le costó casi u$s700 millones al fisco en 2019. Y Latam arrastraba cuatro años seguidos sin ganancias en Argentina.

La pandemia no hizo más que precipitar todo. El mercado doméstico se desarrolló en los últimos años sobre la falacia de ignorar el contexto económico. Nadie quiso quedarse afuera pese a los riesgos. Ahora algunos dijeron basta.

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