El peligroso cóctel formado por la Argentina y sus bonos de alto rendimiento explotó en 2001 y dejó herido a medio millón de inversores cuando el país cayó en cesación de pagos sobre su deuda pública por unos 100.000 millones de dólares. Sin embargo, esa combinación está en boga nuevamente entre los inversores institucionales de mercados emergentes, que se esperanzaron con lo que ellos ven como «la nueva Argentina», con una situación fiscal que cuadra y un rápido crecimiento.
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Meses después de que la Argentina reestructuró su deuda forzando a cientos de miles de acreedores a perder hasta 70% de su inversión en bonos locales, Wall Street tiene muchas cosas buenas para decir sobre el ex paria financiero.
Walter Molano, jefe de Investigación Económica y Financiera del BCP Securities sugiere que la Argentina es «la nueva estrella», mientras que José Barrionuevo, director de Estrategias para Mercados Emergentes en Barclays Capital habla de «la nueva Argentina» en sus informes.
Como lo hicieron en la década de 1990 en México, Rusia y Brasil, los analistas dicen que la Argentina simplemente está siguiendo el ciclo de la vida, con picos y valles, propio del mercado emergente de deuda. Algunos podrán decir que los altos rendimientos de las recientes emisiones de bonos son lo suficientemente tentadores como para borrar los malos recuerdos del pasado.
La Argentina vendió fácilmente casi 1.500 millones de dólares en estas semanas, con rendimientos de 16% en deuda en pesos ajustada por inflación, y de 8% para la primera emisión de bonos en dólares tras la cesación de pagos. Pero los analistas insisten en que la historia de la Argentina va más allá de esos buenos rendimientos.
Eso no significa que la «nueva» Argentina esté fuera de peligro. Algunos analistas están preocupados por cómo el país pagará cuando su economía se desacelere, como está previsto, o cuando las condiciones de financiamiento internacionales empeoren. Además debe lidiar con la inflación, que se estima alcance casi 11% en 2005.
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