Paro exagerado deja al país sin vuelos
El conflicto de Aerolíneas Argentinas con dos de los gremios aeronáuticos (el de los pilotos y el de los técnicos) escaló ayer a un nivel que hace imprevisible su resolución. Por una parte, la empresa envió 168 telegramas de despido a empleados que no se presentaron a brindar lo que se denomina «servicios mínimos» y que están previstos en la legislación para el transporte aéreo. Los sindicatos, en otra exagerada medida, decidieron convertir el paro en huelga por tiempo indeterminado. Hoy la empresa intentaría volcar el conflicto apelando a la intervención directa del presidente Néstor Kirchner, quien ya habría clamado por una rápida solución. También tratarán de reforzar la presencia de Austral en el mercado, viejo proyecto que abrazaron desde que se hizo evidente que la conflictividad en Aerolíneas iría en aumento.
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Son miles los pasajeros que se encuentran varados en el Aeroparque metropolitano. Por la huelga, hace ya cuatro días que no hay vuelos. Ni soluciones.
«La empresa continuará asumiendo idéntica decisión con pilotos y técnicos que en las próximas jornadas persistan en su actitud de no presentarse en sus puestos, recayendo nuevamente en el incumplimiento de las disposiciones gubernamentales», amenaza el comunicado de Aerolíneas.
El comunicado finaliza -antes de pedir las disculpas de rigor por la falta de vuelos, que ya afecta a más de 25.000 pasajeros que no pudieron viajar- diciendo que desde las primeras horas de hoy « continuarán los contactos con autoridades del Ministerio de Trabajo y otras del más alto nivel del Poder Ejecutivo, a fin de encontrar una salida al conflicto, aun a sabiendas de las dificultades que ponen los gremios en litigio, al persistir en su actitud de incumplir las normas dictadas por la cartera laboral».
La referencia a miembros «del más alto nivel del Poder Ejecutivo» apunta sin dudas a gestiones que harán ante el ministro de Planificación, Julio De Vido, a través de quien esperan acceder al propio Néstor Kirchner. Este fin de semana trascendió la honda preocupación que habría provocado en la Casa Rosada la imparable escalada de un conflicto difícil de entender para la mayor parte de la población.
Es que en Aerolíneas existe desde el inicio de este gobierno la certeza de que Ricardo Cirielli, subsecretario de Transporte Aerocomercial y secretario general (en uso de licencia) de APTA -uno de los gremios en rebeldía-, busca la reestatización de Aerolíneas o, en el peor de los casos, la «renacionalización», lo que implica la desaparición de Marsans/ Mata como accionistas y su reemplazo por un grupo « nacional», cuya identidad aún se desconoce.
En tanto, en declaraciones a la agencia oficial, Juan Papalardo, secretario general en ejercicio de APTA, dijo: « Seguiremos con el paro por tiempo indeterminado», luego de notificarse de la decisión de la empresa. Su decisión es tan obvia como esperable y casi desesperada: es una huida hacia adelante, cuya efectividad dependerá de la actitud del Ejecutivo ante la huelga. Si el gobierno se encolumna con la empresa y vuelve a exigir el acatamiento a la conciliación obligatoria, las opciones para el tándem APTA-APLA seguirán acotándose.
Por ahora, deberán reunir $ 11 millones para pagar la multa impuesta el viernes a última hora por la cartera laboral por no acatar la conciliación ni cumplir con los servicios mínimos. Es un monto sin precedentes, que recaerá sobre todos los afiliados al gremio y resentirá los servicios que reciben.




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