Esperan crecimiento "anémico" porque habrá muy pocas inversiones

Economía

Las empresas han acumulado stock. Con los altos niveles de capacidad productiva ociosa el sector privado no proyecta fuertes inversiones. Lo que se invierte no cubre la amortización del stock de capital.

La Argentina debe destinar cada año por lo menos 18 puntos del PBI a la inversión. Pero eso es solo para mantener el stock de capital existente, o sea misma capacidad de producción. Si se estima un PBI de u$s400.000 millones, cada año el país debería invertir no menos de u$s72.000 millones. Dado los desafíos por delante no es un número menor.

Para entender el cuadro de situación, luego del período de la convertibilidad, solo en muy pocos años, la economía llegó a invertir apenas por encima del nivel crítico. Desde el año pasado el país viene comiéndose cada año un poco de su acervo de capital, por lo que cada vez tiene menos capacidad de producción. Todo esto redunda en la pobrísima tasa de crecimiento que viene mostrando la Argentina desde los ‘70 donde el PBI per cápita expone a la claras tamaño estancamiento secular e idiosincrático que sufre, hace décadas, el país. Semejante deterioro macroeconómico termina dañando la productividad de la economía, de ahí que de no mediar cambios sustanciales no es esperable una recuperación del nivel de actividad tras la pandemia. Puede haber un lógico rebote pero no el encauzamiento de un sendero de crecimiento económico sostenido.

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Por ejemplo, la consultora OJF estima que la inversión bruta interna fija (IBIF) está en niveles inferiores al 18% del PBI. Pero tampoco vislumbra por los próximos dos años que esta variable experimente una fuerte recuperación debido a la gran capacidad ociosa existente. Con esta tasa de inversión, el país sigue comiéndose el capital y por ende tiene una menor capacidad productiva para la recuperación económica. Proyectan un nivel de IBIF en torno del 14% del PBI este y el próximo año, bajo un escenario base (ni optimista ni pesimista).

Para tener una dimensión de cuánto el país debería destinar a la inversión, basta con señalar que para crecer un 3% a 4% por año se debería invertir no menos del 22%a 25% del PBI. Sin duda un gran desafío para el equipo económico una vez que finalice el etapa pandémica, sobre todo porque no pueden esperarse grandes flujos de inversiones o financiamiento de parte de los organismos financieros internacionales y por lo pronto el acceso a los mercados de capitales mundiales tampoco será una opción viable. Está claro que de este embrollo no se sale solo con la soja ni Vaca Muerta, si es que los commodities vuelven a épocas de bonanza. Sin ahorro interno, y sin poder seducir a los argentinos a “desarmar el canuto dolarizado” no hay muchas opciones ni cajas para aspirar a expandir la “torta”, lo que los economistas llaman correr la frontera de producción. Comerse el capital tiene patas cortas. Pan para hoy, hambre para mañana. En el corto plazo las empresas encima han acumulado inventarios, lo que contiene la inflación, pero dilata la mejora del nivel de actividad.

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