26 de enero 2005 - 00:00

Pedido de Kirchner a Zapatero: frenar juicios contra el país

Kirchner volvió a encontrar ayer en Rodríguez Zapatero al líder internacional más solidario con su gestión. Sea porque el capitalismo español «enterró» en la Argentina miles de millones de euros, por una brumosa simpatía ideológica o por los consejos del rey Juan Carlos I («a Kirchner, que es muy difícil, hay que ganarlo con el cariño»). Lo cierto es que el mandatario europeo ofreció de nuevo un apoyo llamativo al gobierno argentino. Durante una hora y media de reunión, le dijo al Presidente que hasta haría una gestión para que las empresas de su país retiren las demandas contra la Argentina en los tribunales arbitrales del Banco Mundial (CIADI). Es cierto, también hizo que su ministro de Industria le explique a Kirchner que son los accionistas, en general fondos de inversión norteamericanos, los que pretenden ir a juicio. La suspensión de las acciones en el CIADI fue la principal demanda de Kirchner a su huésped. El Presidente agradeció también el compromiso español, expresado nuevamente, para que la propuesta de salida del default sea mejor aceptada. Kirchner le dijo que «del mercado local ya entró 50%, pero del exterior es imposible saber nada por ahora». En los discursos también hubo cordialidad. Y un detalle del santacruceño: para los que le reprochan respeto de las reglas de la economía aclaró: «Yo no soy el responsable ni de la convertibilidad, ni del default, ni de la devaluación, ni de la pesificación, ni del 'corralito'», que enumeró como si fueran plagas.

El presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, arribando ayer junto a su esposa, Sonsoles Espinosa, a Buenos Aires.
El presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, arribando ayer junto a su esposa, Sonsoles Espinosa, a Buenos Aires.
«No es posible que el gobierno de España nos brinde un apoyo excepcional y que las empresas, algunas de las cuales están muy bien, nos tengan demandados en el CIADI. Necesitamos que se reconsidere esa situación, José Luis.» El que habló así es Néstor Kirchner y José Luis es, obviamente, Rodríguez Zapatero, el premier español. La reunión entre Kirchner y su huésped socialista se extendió por una hora y media a partir de las 17. Kirchner quedó eufórico: Zapatero le ofreció una vez más un apoyo casi irrestricto, que sólo expuso reparos por razones técnicas, como en el caso del CIADI, precisamente.

El pedido para que se retiren las demandas en ese tribunal arbitral del Banco Mundial fue la materia central de la reunión de los dos mandatarios.

Kirchner puso el ejemplo de Telefónica y de Edesur, dos compañías que recurrieron a ese foro para que se respeten los tratados de protección de inversiones en el marco de los que participaron en licitaciones argentinas. El jefe del gobierno español no dijo ni sí ni no. Elegante, miró hacia su ministro de Industria, Turismo y Comercio, el hábil José Montilla, quien explicó: «No siempre se pueden eludir los pleitos porque los gerentes y ejecutivos deben dar explicaciones a los accionistas de las empresas». Montilla no fue más allá, para relatar que la mayoría de las compañías de gestión española son, en realidad, de capitales estadounidenses, organizados en fondos de inversión.

El problema de los juicios que se siguen en el CIADI preocupa especialmente a Kirchner. En lo material, él cree que no se verá dramáticamente afectadoen su gestión: si bien el país obtendría resultados adversos de todos los arbitrajes, los bienes en condiciones de ser incautados no están a disposición de los acreedores. Pero desde el punto de vista formal, la perspectiva es lamentable: no sólo porque obliga al gobierno a actuar de mala fe, ocultando su patrimonio, sino porque los países cuyas empresas se ven defraudadas no pueden apoyar a la Argentina en ningún foro en el que se discutan condiciones internacionales. Por eso la presión para que se retiren las demandas es tan fuerte, como se notó ayer en la reunión de presidentes.

Zapatero parece seguir con Kirchner el consejo del rey Juan Carlos I: «Lo mejor que podemos hacer con el gobierno argentino es apoyarlo, ganarlo por el afecto». Casi un cariño preventivo. Por eso ayer, en la reunión de la Casa Rosada, no hizo alusión alguna a lo que sería la contrapartida de una retirada de las empresas españolas del CIADI: la normalización rápida de todos los contratos, que supone el ajuste de tarifas. Si el líder del PSOE no planteó el problema fue por dos razones. Primero, ya Alberto Fernández (presente en el encuentro) le había dado garantías al respecto en su último viaje a España. Segundo, estas « materialidades» se conversaron ayer en otros niveles. Por ejemplo, el del asesor económico de La Moncloa, Miguel Sebastián, con Roberto Lavagna o el de Montilla con Julio De Vido. Allí sí se analizó detalladamente la crisis que rodea al caso Aguas Argentinas, una empresa de capitales franceses, pero también españoles. Igual que la demanda en el CIADI que lleva adelante Telefónica (aunque el despliegue que le dio la prensa fue explicado ayer en la Casa Rosada como una «operación propia de la guerra mediática», en relacióncon que esa empresa es propietaria de medios de comunicación en el país) o Edesur (controlada por Endesa).

• Reiteración

Zapatero volvió a escuchar de Kirchner un discurso ya conocido: «La Argentina debe seguir creciendo después de una hecatombe. Y las empresas españolas deberían asociarse a ese crecimiento y no exigir resultados inmediatos ahora».

Zapatero estuvo de acuerdo y hasta adhirió a esa forma de ver la relación con los concesionarios de servicios públicos: «Vamos a hacer todo para que entiendan que no pueden poner al gobierno entre la espada y la pared con la cuestión de las tarifas», concedió. Es cierto que el dueño de casa estuvo también razonable en algún punto. Conocedor de la afinidad del gobierno socialista con la nueva conducción de Repsol, originada en la Caixa de Cataluña, Kirchner afirmó: «Hay empresarios que entienden perfectamente el problema. Es el caso de (Antoni) Brufau, con quien estuve ayer. Es increíble el cambio que hubo en la cúpula de la empresa y el grado de comprensión que encontramos ahora». El panegírico parece confirmar la versión publicada en su momento por el diario «El País» y jamás desmentida por nadie, según la cual Kirchner le pidió a Zapatero una gestión para desalojar a Alfonso Cortina de la cúspide de la petrolera y el jefe de gobierno español contestó: «Espera dos meses y estará afuera». Ayer el argentino pareció reconocer esa fantasmagórica gestión.

Buena parte de la charla la llevó la negociación por salir del default que lleva adelante la Argentina. El Presidente dijo allí que «del tramo local ya aceptó el canje 50%», lo que constituye una posición bastante optimista respecto de los evaluadores independientes, que ubican la cifra entre 35% y 40%. «¿Y del exterior, cuánto?», se interesó el abogado socialista. «Imposible saberlo ahora, para hablar francamente», aceptó el santacruceño. Los españoles conocen esta peripecia al detalle y ya comprometieron su apoyo internacional. Pero Zapatero insistió ayer en que «todo lo que podamos hacer lo haremos». Era importante porque Kirchner volvió a reclamar alguna gestión frente a Alemania,gobernada por los socialistas.Sin embargo, se admitió también ayer en la Casa Rosada que el verdadero problema está en Italia, irreductible a la propuesta oficial. Y allí no hay mediación alguna que pueda desbloquear el conflicto. Es lo que se dijo en el despacho del Presidente, frente a Rafael Bielsa, Roberto Lavagna, Fernández, De Vido, el embajador Carlos Bettini y un núcleo de españoles compuesto por Miguel Angel Moratinos (canciller), Montilla, Sebastián, Leire Pajín ( encargada de Cooperación Iberoamericana) y Carmelo Angulo Barturén, el representante del gobierno español en la Argentina.

Zapatero aprovechó para repasar con Kirchner una agenda regional que fue también motivo de análisis con Lula da Silva durante su permanencia de un día en Brasil. Al tope de esa agenda está el conflicto entre Venezuela y Colombia por la captura de narcos colombianos en territorio gobernado por Caracas: «Todo lo que se pueda hacer por acercar a (Hugo) Chávez con (Alvaro) Uribe hay que hacerlo», recomendó Zapatero. También fue muy enfático en reclamar apoyo para el presidente de Bolivia, Carlos Mesa. Como es sabido, importantes inversiones españolas estarían en riesgo si se produce un nuevo levantamiento indigenista allí.

Aun así, al visitante español le interesa especialmente que sus relaciones con Iberoamérica no queden reducidas al plano de los negocios. Por eso ayer invitó a Kirchner a integrar un cuarteto de líderes mundiales alrededor de los cuales España piensa llevar adelante el programa de «Alianza de Civilizaciones» (política exterior que se propone desmentir una tesis literaria, la de Samuel Huntington y su ensayo sobre el « choque de civilizaciones»). El Presidente agradeció el convite, tratando de romper un aislamiento que sufre a menudo y que considera producto de medidas que él no tomó, como le explicó también ayer a su visitante. Ignoto apego de Kirchner por las reglas del arte de la economía, que lo llevó a decir: «Ninguna de las barbaridades que se hicieron aquí y que afectaron tanto a todos me las tienen que imputar a mí, que no devalué, ni pesifiqué, ni declaré la cesación de pagos».

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