Pedido de Kirchner a Zapatero: frenar juicios contra el país
Kirchner volvió a encontrar ayer en Rodríguez Zapatero al líder internacional más solidario con su gestión. Sea porque el capitalismo español «enterró» en la Argentina miles de millones de euros, por una brumosa simpatía ideológica o por los consejos del rey Juan Carlos I («a Kirchner, que es muy difícil, hay que ganarlo con el cariño»). Lo cierto es que el mandatario europeo ofreció de nuevo un apoyo llamativo al gobierno argentino. Durante una hora y media de reunión, le dijo al Presidente que hasta haría una gestión para que las empresas de su país retiren las demandas contra la Argentina en los tribunales arbitrales del Banco Mundial (CIADI). Es cierto, también hizo que su ministro de Industria le explique a Kirchner que son los accionistas, en general fondos de inversión norteamericanos, los que pretenden ir a juicio. La suspensión de las acciones en el CIADI fue la principal demanda de Kirchner a su huésped. El Presidente agradeció también el compromiso español, expresado nuevamente, para que la propuesta de salida del default sea mejor aceptada. Kirchner le dijo que «del mercado local ya entró 50%, pero del exterior es imposible saber nada por ahora». En los discursos también hubo cordialidad. Y un detalle del santacruceño: para los que le reprochan respeto de las reglas de la economía aclaró: «Yo no soy el responsable ni de la convertibilidad, ni del default, ni de la devaluación, ni de la pesificación, ni del 'corralito'», que enumeró como si fueran plagas.
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El presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, arribando ayer junto a su esposa, Sonsoles Espinosa, a Buenos Aires.
Zapatero volvió a escuchar de Kirchner un discurso ya conocido: «La Argentina debe seguir creciendo después de una hecatombe. Y las empresas españolas deberían asociarse a ese crecimiento y no exigir resultados inmediatos ahora».
Zapatero estuvo de acuerdo y hasta adhirió a esa forma de ver la relación con los concesionarios de servicios públicos: «Vamos a hacer todo para que entiendan que no pueden poner al gobierno entre la espada y la pared con la cuestión de las tarifas», concedió. Es cierto que el dueño de casa estuvo también razonable en algún punto. Conocedor de la afinidad del gobierno socialista con la nueva conducción de Repsol, originada en la Caixa de Cataluña, Kirchner afirmó: «Hay empresarios que entienden perfectamente el problema. Es el caso de (Antoni) Brufau, con quien estuve ayer. Es increíble el cambio que hubo en la cúpula de la empresa y el grado de comprensión que encontramos ahora». El panegírico parece confirmar la versión publicada en su momento por el diario «El País» y jamás desmentida por nadie, según la cual Kirchner le pidió a Zapatero una gestión para desalojar a Alfonso Cortina de la cúspide de la petrolera y el jefe de gobierno español contestó: «Espera dos meses y estará afuera». Ayer el argentino pareció reconocer esa fantasmagórica gestión.
Buena parte de la charla la llevó la negociación por salir del default que lleva adelante la Argentina. El Presidente dijo allí que «del tramo local ya aceptó el canje 50%», lo que constituye una posición bastante optimista respecto de los evaluadores independientes, que ubican la cifra entre 35% y 40%. «¿Y del exterior, cuánto?», se interesó el abogado socialista. «Imposible saberlo ahora, para hablar francamente», aceptó el santacruceño. Los españoles conocen esta peripecia al detalle y ya comprometieron su apoyo internacional. Pero Zapatero insistió ayer en que «todo lo que podamos hacer lo haremos». Era importante porque Kirchner volvió a reclamar alguna gestión frente a Alemania,gobernada por los socialistas.Sin embargo, se admitió también ayer en la Casa Rosada que el verdadero problema está en Italia, irreductible a la propuesta oficial. Y allí no hay mediación alguna que pueda desbloquear el conflicto. Es lo que se dijo en el despacho del Presidente, frente a Rafael Bielsa, Roberto Lavagna, Fernández, De Vido, el embajador Carlos Bettini y un núcleo de españoles compuesto por Miguel Angel Moratinos (canciller), Montilla, Sebastián, Leire Pajín ( encargada de Cooperación Iberoamericana) y Carmelo Angulo Barturén, el representante del gobierno español en la Argentina.
Zapatero aprovechó para repasar con Kirchner una agenda regional que fue también motivo de análisis con Lula da Silva durante su permanencia de un día en Brasil. Al tope de esa agenda está el conflicto entre Venezuela y Colombia por la captura de narcos colombianos en territorio gobernado por Caracas: «Todo lo que se pueda hacer por acercar a (Hugo) Chávez con (Alvaro) Uribe hay que hacerlo», recomendó Zapatero. También fue muy enfático en reclamar apoyo para el presidente de Bolivia, Carlos Mesa. Como es sabido, importantes inversiones españolas estarían en riesgo si se produce un nuevo levantamiento indigenista allí.
Aun así, al visitante español le interesa especialmente que sus relaciones con Iberoamérica no queden reducidas al plano de los negocios. Por eso ayer invitó a Kirchner a integrar un cuarteto de líderes mundiales alrededor de los cuales España piensa llevar adelante el programa de «Alianza de Civilizaciones» (política exterior que se propone desmentir una tesis literaria, la de Samuel Huntington y su ensayo sobre el « choque de civilizaciones»). El Presidente agradeció el convite, tratando de romper un aislamiento que sufre a menudo y que considera producto de medidas que él no tomó, como le explicó también ayer a su visitante. Ignoto apego de Kirchner por las reglas del arte de la economía, que lo llevó a decir: «Ninguna de las barbaridades que se hicieron aquí y que afectaron tanto a todos me las tienen que imputar a mí, que no devalué, ni pesifiqué, ni declaré la cesación de pagos».



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