28 de diciembre 2001 - 00:00

Peligran automotrices en la Argentina por devaluación

El horizonte para las automotrices es cada vez más sombrío. A la profunda caída de las ventas del último período se suman ahora los efectos de la nueva economía posdefault. La sensación del sector fue sintetizada a este diario por el directivo de una terminal: «La Argentina de los últimos 10 años desapareció».

Para las empresas esto significa, sin rodeos, volver a la década del '80 cuando la devaluación de la moneda perfiló un mercado interno de 100.000 unidades anuales con modelos nacionales desactualizados, sin oferta de importados y precios accesibles para pocos.

«Será como volver al Ford Falcon»
, ejemplificó con tristeza otro directivo.

La revuelta social y los cambios económicos quedaron plasmados en la realidad automotriz de los últimos días. Algunas marcas importadas decidieron paralizar todas las operaciones hasta saber qué pasará con la moneda argentina. Otras siguen vendiendo pero sólo en dólares. Las fábricas mantienen su actividad aceptando pesos con normalidad.

«La mayoría de los presupuestos de las terminales tiene desde hace 2 o 3 años contemplada una posible devaluación por lo que están cubierta ante cualquier cambio. El problema no es ahora porque hay stock y ya fue pagado. El problema es para el futuro», explicó un empresario.

Las filiales locales están en permanente contacto con sus casas matrices para definir ese futuro plagado de incógnitas. Con un panorama de un mercado más chico (alrededor de 120.000 unidades) que el actual para el año 2002, la viabilidad de muchas marcas es cuestionada. Cuando Domingo Cavallo todavía alumbraba la esperanza de mantener la convertibilidad, las empresas se debatían en suspensiones de personal, recortes de producción y muchas dudas sobre cuándo reanudar la actividad después de las vacaciones forzadas. Ahora se aceleraron los cambios.

Depuración

«Si todo marcha como parece no podrán sobrevivir todas las fábricas que hoy producen en el país y habrá además una gran depuración de marcas importadas. Quedarán muy pocas. No es simpático decirlo pero sería tonto a esta altura negarlo», confesó un ejecutivo de una automotriz.

Uno de los problemas que enfrenta el sector es la vinculación de la producción con los precios en dólares. Alrededor de 60% de una auto producido en la Argentina son autopartes importadas (básicamente de Brasil) que con la moneda devaluada encarecerán el precio de un vehículo. Ya algunas empresas están recibiendo presiones de sus proveedores en el exterior para renovar las garantías por un posible incumplimiento de pago, lo que encarece más los costos.

Actualmente, 30% de la producción se destina al mercado interno y el resto para importar en base a los lineamientos del régimen automotor que fijó las reglas en los últimos 10 años, mediante el sistema de compensación, y que sirvió para integrarse con los mercados internacionales.
Si la Argentina no recibe la producción de nuevos modelos por el cierre de la economía no tendrá, en el corto plazo, unidades para vender en el exterior y las empresas no podrán seguir operando como en la actualidad.

En la última década los precios de los autos se redujeron en relación a otros bienes como los inmuebles pero una devaluación impulsará un reordenamiento de los valores en los que los compradores de vehículos saldrán perdieron. Hoy un coche chico, igual a los que se venden en Europa, cuesta entre u$s 10.000 y u$s 15.000 mientras que un departamento de 2 ambientes vale por encima de los u$s 40.000. Una relación de casi 4 a 1.

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