El intento de Roberto Lavagna de reformar la Carta Orgánica del Banco Central, ya sea por decreto o mediante la vía correcta de realizarlo, mediante una ley, fue una constante en la historia cada vez que un gobierno necesitó mayor financiamiento o modificar la política de asistencia a entidades financieras en crisis. Pero hubo casos emblemáticos.
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Ya en el final de la crisis que terminó con la renuncia de Fernando de la Rúa, Domingo Cavallo -como ministro de Economía- apeló a tres decretos de necesidad y urgencia para modificar la Carta Orgánica del Central. Uno de los mas polémicos fue el Decreto 1.523/2001, dictado en noviembre de ese año, que modificó las condiciones de asistencia a bancos y constitución de encajes. Cavallo ya había avanzado antes sobre las reservas y encajes -generando uno de los chispazos más grandes con Pedro Pou- al punto que un grupo de diputados peronistas -encabezados por Humberto Roggero, Oscar Lamberto y Jorge Remes Lenicov- lo denunció ante la Justicia federal. Curioso dato histórico hoy con otro presidente peronista en el gobierno.
En cuanto a la posibilidad de disponer de mayores préstamos del Central al Tesoro, la última reforma a la Carta Orgánica -por otros temas hubo luego una más- fue la del 5 de setiembre de 2003, ya bajo la presidencia de Néstor Kirchner con Alfonso Prat-Gay en la conducción del Central.
Se pasó así en la historia del BCRA de disponer que el «Bancos ólo podrá financiar al gobierno nacional a través de la compra, a precios de mercado, de títulos negociables emitidos por la Tesorería General de la Nación» con un límite de un tercio del total de las reservas, a fijar un límite para adelantos de 12% de la base monetaria y otro de 10% de los recursos líquidos del Estado. Todo debe devolverse al Central dentro de los 12 meses de prestado.
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