La demanda de campos aumentó casi 30% durante los últimos cuatro meses como consecuencia de la mejora de rentabilidad de la actividad agropecuaria que sedujo a inversores internos y externos. Debido a esta situación extraordinaria los valores de la tierra productiva treparon entre 10% y 20%, según la ubicación y la actividad a la que está destinada.
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Después de la devaluación y la pesificación de las deudas -que saneó la situación financiera de muchas empresas agropecuarias-, los campos argentinos se convirtieron en una de las opciones preferidas por los inversores locales y extranjeros. A medida que la demanda se incrementaba, los propietarios de campos comenzaban a analizar las alternativas de la nueva campaña. Con este escenario, a una demanda interesada en explotaciones agropecuarias se enfrentó una oferta acotada y poco dispuesta a vender sus propiedades.
La estimación de que, en el mediano plazo, la tierra se revalorizará al compás de la mejora de la situación económica frenó la decisión de propietarios, que en su mayoría ya estaban posicionados en la actividad como rubro principal o como complemento afianzado de inversión. De esta manera se entiende cómo muchas ofertas de inversores extranjeros fueron rechazadas aunque, como es habitual, trascienden ciertas operaciones que son consideradas paradigmas de la actividad.
Algunas ventas en el nordeste del país, otras en la mesopotamia y los negocios del Grupo Pérez Companc con 75 mil hectáreas en Buenos Aires, Corrientes, Córdoba y Santa Fe que fueron cedidas a un grupo inversor argentino-estadounidense hicieron presumir que una ola de ventas predominaba en el mercado. Sin embargo, el interés por la compra es superior al volumen de negocios concretado. La mejora relativa en la rentabilidad del campo es un incentivo más para que propietarios y empresarios rurales rechacen ofertas. Las buenas perspectivas de la actividad hacen que los agropecuarios e inversores ya posicionados busquen también mayor número de hectáreas para arrendar. Esta situación fortaleció también al mercado de arrendamientos.
El aumento en las cotizaciones de granos, que a nivel internacional llegó a 50% en algunos productos, motorizó el mayor interés por los campos agrícolas. Durante el primer semestre de este año una hectárea maicera se cotizaba en u$s 2.500 promedio y hoy se sitúa en u$s 2.750, valor que implica una suba de 10%, según lo estimado por «Márgenes Agropecuarios».La misma fuente muestra que la hectárea triguera saltó desde u$s 850 hasta u$s 1.000, cotización que muestra un alza de 17,6%.
En este rubro cabe destacar la relación hectárea-producto. En ese aspecto, la hectárea maicera es hoy 7% más barata -es decir, se necesita 7% menos de maíz para comprar una hectárea-y la triguera llega a una baja 17% aunque el concepto puede ser erróneo y valdría indicar que, en realidad, con precios de granos en alza hoy cuesta relativamente menos acceder a una hectárea de tierra, pero no se tienen en cuenta ni las retenciones ni los mayores costos de producción. En ganadería la situación es similar, aunque los valores del producto (ganado y carnes) no aumentaron en la misma proporción, inclusive, algunas categorías registraron bajas durante los últimos tres meses. De esta forma, una explotación en Trenque Lauquen -típica zona de invernada-se ubica en u$s 1.100 por hectárea mientras que a principios de este año valía u$s 950. En este caso, el precio subió 15,7% y hoy se necesita 4% menos de novillo para acceder a una hectárea. Los campos de cría también se revalorizaron y hoy se ubican en u$s 400 por hectárea contra un valor de u$s 330, acompañando una suba de 21% en el precio de los terneros. En este caso, sin embrago, se necesitan más kilos de ternero para acceder a una hectárea: 702 kilos contra 672 kilos requeridos durante el primer semestre de este año.
En el sector ganadero también se dio la situación de «jugadores» externos que buscaban en la actividad una salida financiera y de inversión. La búsqueda de animales para capitalización en campos de terceros (el «inversor» compra los animales y el propietario aporta la tierra y sus pasturas) y la adquisición de hacienda como forma de saltar el «corralito financiero» determinaron una fuerte demanda de campos ganaderos. «La plaza prácticamente se secó», graficaba un operador que indicaba una fuerte demanda en Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Chaco y hasta Santiago del Estero.
Un relevamiento entre empresarios vinculados a la compraventa de campos ayuda a simplificar:
• La demanda se considera explosiva.
• Se concentra especialmente sobre campos chicos y medianos, que aumentaron más su valor.
• Hay tantos precios como compradores.
• El valor depende de la forma de pago, ya que se ofrecen bienes inmuebles, maquinarias, plazos fijos, dólares en efectivo y, en algunos casos de campos muy chicos, hasta bonos.
• En esta época de inundaciones generalizadas suelen deprimirse los precios de los campos bajos y se fortalece el mercado de zonas no inundables.
• Surge una fuerte pulseada entre inversores grandes y propietarios de explotaciones con buena infraestructura
• La brecha entre oferta y demanda no existe porque el propietario impone el precio.
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