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Lo mismo ocurre al observar el comportamiento de los inversores de plazo fijo. Los depósitos en pesos crecen este mes a razón de 2,2 por ciento, lo que implica un aumento de casi 250 millones en términos absolutos. Por el lado de los argendólares, éstos crecen poco más de 0,50 por ciento, que representa un incremento absoluto de 217 millones.
El total de las colocaciones a plazo fijo ya supera los 52.700 millones: 11.600 millones en pesos y 41.130 millones en dólares.
Se plantea así un dilema en el sistema financiero. Porque de continuar el crecimiento de los depósitos, con un nivel de consumo estable y una demanda crediticia todavía en retroceso, generará una situación de elevada liquidez para los bancos. Que tendrá como correlato (de no mediar ninguna sorpresa que afecte el nivel de riesgo-país) una mayor presión sobre las tasas de interés pasivas (para los ahorristas). Y que también debería acentuarse sobre las tasas activas (para préstamos).
Dado que si continúan creciendo los depósitos y los créditos no aumentan, los bancos tendrán problemas de rentabilidad.
En este caso se teme que este exceso de liquidez vuelva a tener como destino financiar al Tesoro nacional vía compra de títulos públicos como ocurrió el mes pasado y a lo largo de los últimos dos años.
El equipo económico con el salvataje ya tendría cubiertas las necesidades de financiamiento para este año por lo que no debería volver a generar el efecto crowding out (desplazando al sector privado de la oferta crediticia) canalizando la liquidez de los bancos en nuevas emisiones de bonos.



