Fuentes del Ente Regulador del Gas (Enargas) admitieron ayer que el organismo no llamará a audiencia pública para tratar el aumento en el precio del gas que debería producirse a partir del 1 de mayo, al comenzar el período invernal. «No hay condiciones políticas para debatir este tema en medio de la campaña electoral», indicaron las fuentes. En mayo también debería subir el precio mayorista de la energía eléctrica, según ocurrió hasta el año pasado, debido al mayor costo de las centrales térmicas en los días en que no tienen suministro de gas, y deben usar combustible líquido. Sin embargo, en el gobierno predomina el criterio de que la decisión debe quedar para el nuevo presidente, o, según los más prolijos, por lo menos definirse después del 18 de mayo, para evitar que las futuras autoridades se encuentren con problemas eléctricos, porque las generadoras no compraron el combustible para operar.
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El marco regulatorio del gas prevé una suba del precio del combustible en yacimiento que perciben las petroleras a partir del 1 de mayo, y una rebaja desde el 1 de octubre, por razones de oferta y demanda. En el caso de la electricidad, está prevista la fijación del precio estacional de la energía cada seis meses, con posibilidad de revisión trimestral, considerando, entre otros factores, las expectativas sobre la generación hidroeléctrica, que es la de más bajo precio, y el precio de los insumos para las centrales térmicas. Por esta última razón, siempre en la etapa invernal el precio de la electricidad sube y vuelve a bajar a partir del 1 de noviembre.
En el caso del gas, en mayo del año pasado hubo una suba en el precio de yacimiento de 10 a 12% que tuvo un impacto de 3% en la tarifa promedio residencial. El precio no bajó en octubre, y éste sería uno de los argumentos que usaría el gobierno para no autorizar ahora un nuevo incremento.
Las petroleras afirman que el precio del gas viene desalentando las inversiones en exploración y aun en el desarrollo de nuevos pozos, mientras la producción de los yacimientos existentes tiene una declinación natural. Destacan que el millón de btu tiene un precio de 40 centavos de dólar en este momento, mientras antes de la devaluación, el valor era de 1,40 dólar para el gas proveniente de la cuenca neuquina.
•Adecuaciones
Según voceros oficiales, deberían ir adecuándose simultáneamente los tres elementos de la tarifa: el precio del gas y los márgenes del transportista y la distribuidora. En este sentido, algunas distribuidoras admitieron que crearía «malestar» si sube el precio del gas, y no se ajustan los márgenes de transporte y distribución, cuyas subas están paradas por la Justicia.
En la práctica, tras la devaluación, el gobierno frenó los precios del gas y de la energía mayorista, aunque son sectores no regulados, y esto en el mediano plazo derivaría en falta de suministro adecuado. En lo inmediato, el próximo gobierno puede tener un problema este mismo invierno con la luz. Si hay bajas temperaturas por varios días seguidos, las centrales térmicas que producen electricidad son las primeras que dejan de recibir gas, porque , por ley, se privilegia el consumo de los hogares y luego, el industrial ininterrumpible. Sin gas, las generadoras deben usar fueloil o gasoil, cuyos precios se movieron según la devaluación.
Las empresas generadoras afirman que producir un megavatio/hora con combustible líquido oscila entre 190 y 280 pesos, mientras ellas perciben 15 pesos por la misma unidad. Si no tienen garantías de que recuperarán ese costo, dicen que no van a comprar combustible, con lo cual puede faltar luz si hay insuficiente generación hidroeléctrica. Según estas compañías, el precio mayorista debe subir 30%, lo que tendría una incidencia de 10 a 12% en las tarifas, para recomponer el fondo con el cual se compensan los costos variables a las generadoras.
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