¿Quién vendrá después del campo?
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Si bien el sector agrario fue tolerante hasta el presente con las retenciones a pesar de su desacuerdo con ese impuesto, el nivel actual y la cuota creciente ante las mejoras del precio rebasaron su paciencia. La anterior suba, de noviembre de 2007, que llevó la alícuota a 35%, se produjo a semanas del triunfo oficialista en las elecciones, lo que, en esos momentos de pronunciamiento del país y euforia triunfalista, mitigó cualquier atisbo de protesta.Además, este último cambio de reglas de juego se produce cuando el partido está en su desenlace, o sea, cuando faltan apenas semanas para levantar la cosecha. Aunque desalentador también, pero al menos más ético, hubiera sido establecer nuevas reglas a futuro, para que libremente los jugadores decidan entrar o abstenerse.
Los productores se percataron de que si ceden en esta pulseada, tienen la partida perdida y los controlarán en adelante con medidas más sectorizadas, más específicas, incapaces por tanto de actuar como catalizador para todo el sector. Son conscientes además de su gran contribución a la bonanza que vive el país mediante el extraordinario esfuerzode modernización del agro y el aumento de su productividad y viven esta política como un gesto de ingratitud y un desestímulo a su espíritu emprendedor.
Desde el otro lado del mostrador y más allá de cualquier estado anímico con el agro, desde una visión más intelectual e ideológica, disociada de la realidad, se piensa que las excepcionales cualidades naturales de las praderas argentinas no deben servir para el usufructo de una minoría, sino que deben estar al servicio de los sectores populares, a los que se pretende movilizar a Plaza de Mayo en respaldo de las medidas -tanto argentinos como inmigrantes de países vecinos y sus descendencias-, los cuales, coincidentemente, son los que con su voto sostienen en el poder a los magnánimos que los hacen participar de aquella riqueza.
Más allá que el desenlace de esta confrontación se presente incierta, no hay dudas del efecto pernicioso y los costos que ocasiona al país. Implica un nubarrón en el futuro y en el margen que tendrá la iniciativa privada. Conlleva desconocimiento de cómo opera el sistema rural al creer que se puede compensar de manera diferente a unos productores de otros. Al margen de que se viola un principio constitucional de igualdad ante la ley, en la práctica resulta imposible de aplicar y servirá para abonar una estructura de imparcialidad y corrupción.
Falto sin dudas en la formación de los que toman las decisiones, la lectura de un pequeñísimo libro -pero inmenso en su sabiduría-, «El Principito», de Antoine de Saint-Exupéry que nos recuerda en su recorrido del universo por parte del protagonista, a un rey de un planeta lejano, que tomaba resoluciones de importancia cósmica pero atadas al sentido común: diariamente, antes del anochecer, ordenaba al sol esconderse y antes del amanecer que vuelva a salir. La primera regla de un gobernante es tomar decisiones que se puedan cumplir.




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