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Tampoco el Tesoro ha hecho una política fiscal muy contracíclica. Sólo canceló deuda con organismos internacionales por u$s 8.300 millones. Es más, sin dibujos, el superávit fiscal está en vías de extinción a pesar de los $ 180.000 millones adicionales que se recaudan hoy respecto de 2002. En lo que va de 2007, la cancelación de deuda con el BID y el BIRF fue de sólo u$s 800 millones (el stock todavía es de u$s 14.500 millones), ya hubo endeudamiento neto en títulos por u$s 900 millones (sólo lo que se llamó en su momento «deuda performing», que hoy está venciendo, es de u$s 68.000 millones) y el aumento anualizado de la deuda pública después del canje de marzo de 2005 está en los u$s 6.800 millones (por el CER y el dólar débil en el mundo), no demasiado lejos de los u$s 7.700 millones anuales que crecía por los déficits fiscales de la convertibilidad que nos llevaron al default a fines de 2001.
En este contexto de serios problemas fiscales (aunque todavía no se noten), con términos del intercambio volando, objetivo de tipo de cambio más o menos fijo, economía en pleno boom de consumo y con la Casa Rosada tratando de que los bancos ganen plata (capitalismo corporativo), la única manera de evitar que la inflación verdadera supere el extravagante 17%/20% anual de hoy es que el BCRA coloque más y más deuda remunerada. Por este motivo, durante el período 2003-2006, las Lebac, Nobac y los pases pasivos netos (de los activos y de los redescuentos) han representado 55% de la acumulación de reservas y hoy ya han explotado hasta el 85%. Es mejor tener las reservas contra deuda cuasi fiscal a no tenerlas, como en la convertibilidad.
Es un verdadero disparate que con el tsunami de dólares que entra al país por los precios récords que día a día marcan en Chicago la soja, el maíz, el trigo y el petróleo, y por el extraordinario crecimiento económico mundial (también ya están entrando dólares por la cuenta capital vía endeudamiento de las empresas), el gobierno haya dejado sólo al BCRA para hacer política contracíclica por culpa de un Tesoro que tuvo la chance de tener más de 7% del PBI de superávit fiscal (Chile con un shock de términos del intercambio similar al nuestro tiene 8%) y hoy va a equilibrio fiscal en el mejor de los casos (sin dibujos, obvio) por haber aumentado el gasto público $ 170.000 millones desde 2002.
Ha habido una absoluta falta de coordinación entre la política fiscal y la monetaria. El gran problema, como en los maldecidos noventa, vuelve a ser fiscal.




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