Después de casi un año de parate, con una inversión declarada de u$s 65 millones se volverá a trabajar en las obras que convertirán al Palacio Duhau en un hotel cinco estrellas de la marca Hyatt. Hoy, en conferencia de prensa, directivos del grupo El Rosario, del empresario petrolero Juan Scalesciani, anunciarán la puesta en marcha del cinco estrellas que se levantará en los terrenos que ocupa la bella mansión construida por la familia Duhau. Y si bien las razones de la interrupción de la obra son casi obvias, también lo serán -seguramente- las que provocaron su reanudación: hoy construir un metro cuadrado de hotel de lujo sale la mitad o menos que hace un año, medido en dólares; además, los niveles de ocupación de estos establecimientos de lujo -salvo algunas excepciones, sobre todo la de un hotel ubicado a pocos metros de donde se levantará el Hyatt- están levantando de manera espectacular, de la mano del turismo extranjero.
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El Palacio Duhau había sido adquirido en 2001 por The Exxel Group en una cifra nunca revelada, pero que rondaría los u$s 13 millones; un año después El Rosario SA la compró por cerca de u$s 20 millones. Desde entonces, el proyecto -original de Diego Peralta Ramos- sufrió varias modificaciones de peso. La más importante, sin dudas -hecho que se confirmaría hoy- es el abandono de la idea original de utilizar la estructura del Palacio para albergar un «fashion center» en el que se ubicarían todas las marcas de lujo que manejaba el grupo de Juan Navarro, más otras que alquilarían locales allí. En lugar de ese shopping de híper lujo, en el Palacio se harán suites, al estilo de lo que se hizo con la casona de los Alzaga Unzué cuando el grupo Pharaon la adquirió para hacer el Park Hyatt.
Desde hace un año, esta marca -de la familia estadounidense Pritzker- no tiene hotel en la Argentina, porque Laith Pharaon (socio principal del establecimiento del establecimiento de Posadas y Cerrito) le cambió la marca por Four Seasons. De ahí la importancia que le dieron en la casa central de Hyatt al convenio con Scalesciani, y la consecuente frustración cuando el empresario decidió post-devaluación parar la obra. De hecho, trascendió que le ofrecieron asociarse haciendo un aporte de capital, a lo que el propietario del predio se habría negado.
• Buena noticia
La noticia, obviamente, es buena en más de un sentido: reafirma la incipiente tendencia de recuperación económica que atraviesan ciertas actividades (el turismo, por caso), representa varios centenares de puestos de trabajo (tanto en la etapa de construcción del hotel como cuando esté habilitado, dentro de un par de años) e implica una inversión difícil de cuantificar. Hace un par de años el costo estimado rondaba los u$s 40 millones (al margen de lo pagado por el terreno), cifra que por imperio de la devaluación se habrá achicado de manera considerable. Scalesciani está casado con una integrante de la familia Priú, que vendió su petrolera San Jorge a la estadounidense Chevron hace varios años. Esta será su primera incursión en el negocio de la hospitalidad.
La venta del predio a Scalesciani se concretó en junio de 2001, luego de que se destrabara una enojosa situación por la cual un grupo de «vecinos» intentó bloquear la reforma del Palacio y la construcción del hotel en base a débiles argumentos que iban desde la «seguridad» (linda con la Nunciatura) a cuestiones «ambientales» y «de preservación del patrimonio histórico de la ciudad». En ese momento el convenio con el Exxel preveía que éste alquilaría por diez años el Palacio (el hotel se hará en el terreno trasero, que da sobre la calle Posadas), para explotar el «fashion center». Eso no sucederá: desde entonces, el grupo de Navarro se desprendió de casi todas sus marcas de indumentaria, y la devaluación dejó absolutamente fuera de mercado a la ropa de alta costura, importada.
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