En la libre empresa no gusta al sector privado que el Estado se inmiscuya en los precios y menos que se los imponga. Es algo que directamente termina con la libre empresa. Sin este extremo, el Estado puede, legítimamente, enviar funcionarios a anotar precios, a usar fondos para difundirlos al efecto que la población compare y pueda defenderse mejor. Inclusive puede alentar y apoyar crediticiamente a cooperativas de consumidores que adquieran en origen suprimiendo intermediación. Puede hasta facilitar ferias de un día por semana en calles rotativas de barrios de ciudades para comerciantes circunstanciales que venden también sin intermediación. Esto de las ferias callejeras para artículos de primera necesidad fue de uso frecuente hasta hace 25 años. Tiene muchos medios -aranceles o créditos por caso- como facilitar importaciones de productos que escasean. Debe ser dentro del Mercosur porque los países miembros no pueden, individualmente, mover los aranceles a productos extrazona. Pero hasta para esto puede pedir una excepción por emergencia dado el exceso de demanda sobre oferta existente. Además, si sube la carne, la leche, el azúcar, precisamente los países vecinos son los más adecuados para importar. «Pepe» Mujica un ministro de Agricultura de Uruguay, con pasado de izquierda subida de tono -aunque no con la ingenuidad del progresismo nuestro- acaba de aconsejar a sus compatriotas que no coman carne vacuna porque es época excepcional para ganar divisas con más exportaciones. Juan Perón en 1951 frente a terribles sequías en la Argentina exigió a la población comer pan de centeno para no interrumpir las exportaciones de trigo que traían divisas clave que podrían mermar por la menor producción cerealera. Países serios aprontan bajar aranceles y facilitar crédito cuando una catástrofe -sequías, granizo- afecta una zona y se prevé menor producción. Todo eso es forma totalmente racional y legítima de combatir la inflación.
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El problema es que el presidente Kirchner siempre actúa con violencia y poco conocimiento de la economía. Hizo mal en pedir a los intendentes que sean «fiscales» porque lo legítimo es pedirles -porque también son parte del Estado- que anoten (no que «controlen») precios, que los publiciten, que los difundan de cualquier manera como cotejo para el público, que faciliten cooperativas o instalen ferias, que creen ligas de consumidores. La inflación requiere varios antídotos -muy importantes son los financieros, por caso- pero hay uno fundamental: la mayor oferta de lo que escasea en forma natural o provocada. Este concepto de «aumentar la oferta» -aunque no se sepa si en formas legítimas o ilegítimas y perdidosas como «control de precios», «campañas contra el agio y la especulación», «ley de abastecimiento», «precios máximos»- es lo más destacable de la recopilación de declaraciones recientes de la flamante ministra de Economía, Felisa Miceli.
El gobierno tiene que aplicar juego limpio y la producción también. En este momento es evidente que se está faenando menos porque quizá las retenciones fueron exageradas. Pero cambiarían muchos enfoques si se importara carne vacuna.
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