24 de septiembre 2002 - 00:00

"Se crecerá 5% el año próximo"

«En el año 2003, bajo condiciones no muy brillantes, la economía podría mostrar un crecimiento del PBI cercano a 5%, aunque muy heterogéneamente, con el sector de bienes comercializables con el resto del mundo creciendo en torno a 9% y con el sector de bienes no transables expandiéndose a una tasa menor a 3%», sostiene el equipo de economistas del Banco Río.

Según las estimaciones del banco no serían ni las exportaciones ni la inversión la locomotora del crecimiento, sino la sustitución de importaciones y su efecto en el consumo privado.

«A pesar de que un crecimiento de 5% luce muy sólido luego de varios años de colapso en el nivel de actividad, debería resaltarse que, incluso bajo este supuesto, la economía de 2003 sería 10% más chica que la de 2001. Dicho de otra forma, el lado bueno de la devaluación permitiría recuperar sólo 30% de la destrucción de actividad que la misma medida originó en lo que va del año», agregan.

El informe elaborado por Juan Cabrera toma como referencia los acontecimientos económicos de 1982-'83 para tratar de inferir la evolución de la economía en 2002-'03.

  Fue un período caracterizado por una fuerte contracción del nivel de actividad, con el PBI cayendo en algo más de 8% en dos años.

 Se produjo un fuerte proceso de devaluación real del peso, aunque menos abrupto que en el año 2002. En quince meses el peso cayó 50% en términos reales, mientras que en los primeros ocho meses de este año la devaluación real llega a 60%.
 
La política económica también fue llevada a cabo por un gobierno de transición, en aquella oportunidad a cargo del general Bignone, en un contexto de expectativas de fuertes cambios políticos para el futuro.

La deuda pública externa se encontraba en un proceso inconcluso de renegociación, mientras que el principal objetivo que se había impuesto el gobierno para superar los desequilibrios externos era la obtención de nuevos préstamos provenientes de organismos internacionales.

El sistema financiero sufría un fuerte desequilibrio, producto del proceso de licuación de pasivos de las empresas ideado por el presidente del Banco Central, Domingo Cavallo.

• Conclusiones

Más allá de las diferencias históricas, de la experiencia 1982-'83 surgen conclusiones que probablemente rijan las condiciones económicas de 2003:

El fuerte aumento en el tipo de cambio real induce cambios casi inmediatos en la composición de la oferta agregada, compuesta por la suma del PBI (producción local) e importaciones (producción extranjera). «Hace 20 años, el valor real del peso cayó 70%, lo que indujo que la producción local aumentara su participación en la oferta agregada en 4 puntos porcentuales, desde 92% a 96%. En otras palabras, la devaluación real del tipo de cambio induce a que un mismo nivel de demanda agregada sea satisfecho con producción en una mucho mayor proporción», explica Cabrera.

En el mediano plazo las exportaciones no dependen del tipo de cambio real, o al menos, que las ventas externas tienden a crecer más o menos a la misma tasa que el PBI. «La experiencia histórica es reveladora en cuanto a los efectos sobre las exportaciones de una fuerte depreciación de la moneda local. En el período 1890-'81, con tipo de cambio real muy bajo, las exportaciones eran equivalentes a 5,3% de demanda agregada, mientras que durante 1982-'84, con un tipo de cambio real muy alto, esta relación subió sólo marginalmente, a 5,6%. Contrariamente, en el período 1989-'90, con un tipo de cambio real muy alto, las exportaciones eran equivalentes a 8,1% de la demanda agregada, mientras que en el período 2000-'01, con un tipo de cambio real muy bajo, la misma relación creció hasta 10,5%», sostiene.

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