3 de enero 2002 - 00:00

Se quiere dar señales positivas al Mercosur

Los primeros pasos del canciller Carlos Ruckauf en el Palacio San Martín apuntarán a cerrar filas en dos frentes: la Unión Europea -el bloque estrenó moneda común, el euro, en las primeras horas de 2002- y el Mercosur, en particular el vínculo con Brasil ahora que la política monetaria de la Argentina con una devaluación en ciernes coloca al país en igualdad de condiciones para el intercambio comercial. El canciller no quiere entrar en discusiones de instrumentos monetarios con Itamaraty sino que pretende llevar tranquilidad a los sectores de la producción respecto del sistema de cambio flotante y su afectación en las relaciones comerciales de los dos países. Para la UE se destinará un mensaje más político: la certeza de la gobernabilidad en el mandato de Eduardo Duhalde.

No es un secreto que los países de la UE (especialmente España) recibieron con recelo el mensaje triunfalista de Adolfo Rodríguez Saá sobre el no pago de la deuda externa. Aquel fatídico 20 de diciembre, el peor de los días del desborde social que terminó con el gobierno de Fernando de la Rúa, el gobernador fue citado por varios embajadores de la UE para tantear la suerte de los intereses de las empresas madre. En el cónclave -ofició de anfitrión Paul Dijoud, embajador de Francia-el entonces gobernador y ahora canciller aseguró que se respetarían patrimonios y certidumbre econó-mica.

• Arreglos

Mientras Ruckauf estudia los nombres de los colaboradores que tendrá en las artes de la diplomacia, ya adelantó tareas de la agenda exterior al ex diputado Fernando Maurette, quien comandaría la Secretaría de Política Exterior. Por una casualidad que nadie creyó, Maurette está de vacaciones en Brasil, y desde allí inició los arreglos para el cónclave entre Ruckauf y el embajador José Botafogo Gonçalves. Hay en carpeta un viaje del canciller a Brasil y contactos con distintos sectores de la producción de aquel país. Como los dos países dependen del crédito externo y se ha consolidado la imagen del Mercosur como una «marca» en el mundo -idea que impone frecuentemente el presidente Fernando Henrique Cardoso-, Ruckauf entiende que debe actuar en respuesta del comunicado que ayer envió el gobierno brasileño. El texto deseaba que los nuevos líderes encuentren fórmulas «serenas y eficientes» para asegurar la gobernabilidad y sacar al país de la crisis económica.

Marcos Azambuja, ex embajador de Brasil en Buenos Aires entre 1993 y 1996, solía decir que «la Argentina es el único país importante para el cual Brasil es importante» y Ruckauf la recita a modo de eje programático para su gestión. Las dificultades económicas que enfrentó Brasil a comienzos de 1999 y las que ahora afronta la Argentina refuerzan la política que quiere llevar adelante el canciller, la de «bigamia consentida». Es decir, cultivar tanto a Brasil como a Europa y EE.UU. Los problemas que tuvo Brasil, entonces, ocasionaron un incremento del riesgo-país argentino. La Argentina sufrió este efecto más que los restantes países de América latina. España, que tiene importantes inversiones en el país -25% de las colocaciones españolas en Iberoamérica están radicadas en la Argentina-, sigue con atención las dificultades que, si bien pueden afectar a deter-minadas empresas, no ponen en riesgo la economía española y tampoco la de Francia, Gran Bretaña, etc., que también apostaron al país. La crisis de Brasil tuvo igual evolución: no puso en riesgo real a las economías de los países desarrollados ni tampoco llegó a constituir un riesgo real para todos los emergentes.

Para la administración norteamericana, la crisis no es un dato. Sólo interesa un tema: la estabilidad (política y econó-mica). El acercamiento con EE.UU. se hará por la vía formal del embajador James Walsh, con quien Ruckauf parece tener más que una relación de funcionario. El canciller maneja información privilegiada desde su gestión en la gobernación de Buenos Aires. Sobre todo un paper de factura norteamericana acerca de los escenarios para la región. Dice que, luego del 11 de setiembre, EE.UU. es consciente de que cada lugar en el plane-ta donde no haya estabilidad es un espacio propicio para la germinación de grupos terroristas, que pueden amenazar la integridad de la región.

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