Semana incierta para ahorristas
Lo único cierto es que la Argentina no seduce a ningún inversor. Todo indica que se repetirán las complicadas jornadas para bonos y acciones desde hoy. Sólo puede amortiguar la caída libre el bajo precio que ya detentan. Un BODEN rinde 25% anual en dólares. La divisa se va convirtiendo en la predilección del mercado. Al fin y al cabo, con la soja en precios mínimos del año y Brasil dejando de comprar masivamente productos argentinos por su propio enfriamiento, ¿de dónde vendrán las divisascomo para mantener un superávit de u$s 11.000 millones? La moneda norteamericana, aunque su economía no tenga un Plan B, al decir de Cristina de Kirchner, sigue gozando de respeto.
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En plazos fijos a 30 días se está consiguiendo una tasa que se aproxima a 1% mensual. Viendo el enfriamiento de la economía y la calma de los precios reales (no los que mide el INDEC), esa tasa es un buen negocio. El dólar podrá subir, pero no mucho más, porque el Banco Central le ha puesto un techo cercano a $ 3,20 y tiene divisas con que defender al peso.
No hay que olvidar que esta crisis, a diferencia de otras en la Argentina, encuentra al Banco Central con un elevado nivel de reservas. En los años previos al 1 a 1, las reservas eran la décima parte de las actuales y no soportaban ningún crecimiento de la demanda de dólares.
Que el consumo está cayendo y eso se va a acentuar esta semana es un hecho. También lo es que van a comenzar a pesar las deudas tomadas con tarjetas de crédito y que se va a resentir el mercado de alquileres.
Las crisis sinceran las economías. Es lo que la resaca al cuerpo después de la fiesta: pide que acaben los desbordes.
La Argentina vivió su propia euforia con el dinero del agro. Aumentos salariales por encima de la productividad, tarifas congeladas, combustibles subsidiados, rebajas de impuesto a la cuarta categoría y tremenda presión sobre las empresas al impedirles el ajuste de sus activos por la inflación. El consumo fue el motivo central de la euforia y el pilar del plan económico. Pero ya desapareció. Edificios sin terminar y proyectos que no empezarán enviaron su alerta desde el lado de la construcción.
Alguien definió hace muchos años el fin de la fiesta de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz con una frase afortunada: «Cuando estábamos todos borrachos, vino el camarero y retiró las bebidas».
En la Argentina hoy se va a vivir algo similar, pero más atenuado que en el resto del mundo, porque la bebida se empezó a retirar a principios de 2007, cuando se intervino el INDEC. En 2008 se aceleró con el conflicto del campo. Todos los activos tuvieron fuertes bajas. La crisis mundial encontró a bonos y acciones en pisos de liquidación, por lo que su caída no fue la vertical de Brasil, Chile o Colombia. «Nadie puede matar a un muerto», señaló un operador para hablar sobre el destino de los bonos durante el crash de Wall Street.
El mercado argentino, entonces,parte con una certeza. Los precios de los bonos están en un piso histórico. Mucho más no pueden bajar, pero esto no es garantía de que van a subir.
Su destino está atado al blanqueo del INDEC, en primer lugar, y a la recuperación de la calma en el mundo, en segundo.
La Bolsa, en cambio, va a pagar el precio de que los balances que se esperan de las empresas no serán todo lo bueno que eran.
Los papeles de los bancos seguirán atados a los bonos. Cuando suban, mejorarán los balances de las entidades y, por lo tanto, el precio de sus acciones.
Un factor que va a ser decisivo es el nuevo canje de la deuda, si se hace de manera más o menos exitosa. El Banco Central va a tener el rol central de la crisis. Será el tomador y prestador de dinero a los bancos, el comprador de títulos públicos y el regulador del precio del dólar.
No es poca la tarea, en un país donde el gobierno criticó al de Estados Unidos por intervenir tanto en la economía.



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