La impresión que avanza día a día en el país es que la anunciada cancelación total de la deuda argentina con el Fondo Monetario no es un error, tampoco significa ganar mucha imagen política -porque el efecto durará pocos meses- sino que, fundamentalmente, es otro gesto adolescente, de «estudiantina», que es la característica saliente del actual gobierno.
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Los mercados no se alteraron por el anuncio más que un suspiro, los acreedores externos del país ni pestañearon, los banqueros ni demoraron una hora sus planes de weeekend y todos agradecieron -más allá de las declaraciones de cortesía obvias de apoyo- sólo el hecho de que el presidente Kirchner los haya invitado a apretujarse en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno un jueves y no un viernes para que escucharan «el anuncio».
Con un país que el último trimestre volvió a sorprender al mundo con un crecimiento de su producto en 9,2%; con exportaciones que serán récord en más de 40.000 millones de dólares; con un superávit con el exterior posible de 11.000 millones de dólares; con un peso nacional que hay que frenarlo para que no mejore (cuatro años atrás, para que no empeore); con un dólar que no tienta tenerlo porque invertir en pesos rinde más de 16% anual (gracias a la inflación); un país donde se penaliza hoy al que trae dólares y no al que los saca como antes; cuando China e India están tomando extraordinario desarrollo (China ya es la cuarta economía del mundo) y su única carencia constante será de alimentos para su población y demandará de los de países óptimos para producirlos como el nuestro; cuando hoy Rusia quiere tanta carne argentina que no podemos enviársela y cuando hasta nos esperarían esa carne por barco 45 días y no en avión con 20 horas, ¿a quién le puede preocupar, si gana en la Argentina, que el presidente del país se dé el gusto personal, aunque sea muy de adolescente, de sacarse de encima innecesariamente al viejo cuco del «Fondo», el Gran Satán a quienes los políticos le echaban la culpa de todas sus ineficiencias y la población se creía eso?
Es la verdad, dicha con sinceridad. Al país le llega tanta plata del mundo hoy que Néstor Kirchner puede darse el lujo de subsidiar ferrocarriles ineficientes porque quizá no los tuvo como juguete de chico, gastarse fondos en elecciones, comprarse al más duro adversario y tenerlo de ladero o cancelarle sin sentido práctico la deuda al Fondo, y nada se altera.
Pero también es verdad, seamos realmente sinceros, que se trata de una medida económicamente antojadiza por lo menos y que, políticamente, jamás hubiera sido adoptada por un estadista para satisfacer mitos populares o latiguillos de una izquierda criolla que se quedó en el tiempo. Un artículo ayer en Ambito Financiero (ver Opiniones) firmado por Horacio Liendo -que seguramente tiene detrás todo el numen económico innegable aunque nunca en política de Domingo Cavallo- dice algo que nuestros economistas no vieron y por tanto no expresaron: se pagan los 9.000 millones de dólares al Fondo con casi el exacto monto que existía en reservas para respaldar la base monetaria al 31 de diciembre de 2001. A partir de entonces se pasó a respaldar, con la brutal devaluación, cada 3 pesos de la base monetaria con sólo un dólar. Antes era uno a uno. Eso «liberó» reservas por 8.000 millones de dólares, que es casi lo que usará ahora el gobierno para cancelarle al Fondo. Dicho de otra manera: se le paga anticipadamente y sin necesidad al Fondo con lo que la devaluación le extrajo a cada uno de los argentinos. Critiquémoslo, denostémoslo... pero Cavallo, al menos como analista, sabe de economía todavía más que ninguno de los expertos argentinos. Además, esos 8.000 millones de dólares son el equivalente a la masa de Lebac y Nobac que periódicamente renueva como crédito el Banco Central para pagar vencimientos a mucho más interés que los que cobra el Fondo. Es cierto, también, que el Banco Central utiliza esas Lebac y Nobac para graduar el dinero en circulación, ejerciendo una indispensable política monetaria activa.
Que el anuncio de cancelación intrínsecamente no es bueno, aunque aparezca como neutro, lo da la información pueril de que el Banco de Basilea -donde están las reservas argentinas al 2% anual- le prestará 500 millones de dólares a la Argentina. Es para recomponer sus reservas tras la reducción por pagarle al FMI. Simplemente se trata de que nos liberan dinero de nuestro propio dinero, como al retirar antes un plazo fijo en operaciones comunes de público con su banco y, desde ya, se pierde el interés a devengar en el plazo final.
Que además nos preste Venezuela comprando títulos públicos es otra medida necesaria pero por lo innecesario de haber hecho a la Argentina más vulnerable al sacarle, en un solo pago, salvo que se corrija esto, tantas reservas juntas. Pero nadie duda que Venezuela cobrará por la «ayuda» muchísimo más que el Fondo. La vulnerabilidad, también es cierto, se atenúa porque si le cancelamos todo al Fondo éste no debería titubear, en caso de una eventual crisis, en prestarnos de nuevo, aunque la adolescencia del gobierno siempre es una acechanza en cuanto a que llegue a suponer que volver a pedirle al Gran Satán «hiere el honor del gobierno».
Pero hay que repetirlo: con la demanda mundial de alimentos desde Asia cualquier barrabasada de los gobiernos argentinos pasa inadvertida. Pero este cuerno de la abundancia no bien encaminado hacia consolidar el país futuro, más allá de los caprichos presidenciales del momento, algún día puede traer graves consecuencias. Hoy no es así, ni cercanamente se lo ve así. Ojalá dure.
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