Diálogos de Wall Street

Economía

Sale la ballena de escena y los inversores se tiran de nuevo a la pileta. Y de cabeza. Le preguntamos a Gordon Gekko si hay agua suficiente.

Periodista: ¿Volvió la pasión por las tecnológicas? ¿En qué momento desapareció el miedo?

Gordon Gekko: No bien SoftBank anunció, a primera hora, el lunes en Tokio, que acordó la venta de ARM Holdings -un diseñador británico de microchips- a Nvidia por 40 mil millones de dólares.

P.: ¿Capítulo cerrado, entonces? Con esa plata no hay ballena que se hunda definitivamente.

G.G.: La operación no se cierra hasta que la aprueben los reguladores. Y se concretará con una combinación de cash y acciones del comprador. Pero sí, el temor por un nuevo coletazo en el universo de las tecnológicas se hizo a un costado, y volvió a brotar la fe digital.

P.: Que SoftBank estudie retirarse de la oferta pública, ¿también influye?

G.G.: Sólo en diagonal. SoftBank es un conglomerado de compañías tecnológicas, recuerde. Querría decir que la Bolsa no las está valuando bien.

P.: Que las subestima, a pesar del rally...

G.G.: Si Wall Street es una burbuja, ¿afuera hay un mundo todavía mejor?

P.: Se supone que soy yo quien hace las preguntas.

G.G.: Es una ironía. Lo que el mercado no aprecia, en realidad, es el estilo de manejo de la firma. Y le aplica un descuento importante a sus activos.

P.: Nadie puede estar tranquilo viendo a una ballena chapotear en una pileta sin profundidad, ¿no?

G.G.: Correcto. Pero el castigo viene de antes. Del fiasco en WeWork. Después del episodio, desembarcó el fondo Elliot con la compra de una participación accionaria por 2.500 millones de dólares.

P.: ¿Paul Singer allí?

G.G.: Y su hijo Gordon. Son como un tábano que revolotea alrededor de Masayoshi Son, el fundador de SoftBank. Uno se imagina que la presión de Elliot debe tener mucho que ver con la decisión.

P.: Wall Street carretea de nuevo, la Fed se reúne y la economía, paso a paso, avanza en el sendero de la recuperación. En China hasta se animó a dar una zancada.

G.G.: La Bolsa no irá a ninguna parte si la economía no la sigue por detrás. Un rally que titubea como ya vimos necesita que le cuiden las espaldas.

P.: China lidera el proceso de vuelta a la normalidad. Y en muchos renglones, la actividad ya supera los niveles previos a la pandemia.

G.G.: La producción industrial, que había crecido 4,8% interanual en julio, aumentó 5,6% en agosto (con relación a un año atrás). Las ventas minoristas se expandieron por primera vez: +0,5% interanual. La inversión fija privada, que es un poco más de la mitad de la inversión total, todavía permanece 2,8% por debajo del año pasado en el acumulado de los primeros 8 meses. Las exportaciones están 11% por arriba; las importaciones, todavía por debajo. China tuvo el pico de la cuarentena un trimestre antes que el resto del mundo, y hasta el momento pudo evitar los rebrotes de la enfermedad. Es el mascarón de proa.

P.: ¿Qué pasa en los EE.UU.? Quizás los números muestran otra realidad, pero la sensación que predomina es que el repunte inicial se desacelera y surge una fatiga creciente.

G.G.: La producción industrial creció 0,4% en agosto con respecto a julio, y es la cuarta suba consecutiva. Pero su registro todavía es 7,3% más bajo que un año atrás. Y es verdad que el avance se torna más lento desde junio.

P.: El índice Citigroup de Sorpresas Económicas marca sucesivos retrocesos. ¿No es otra señal de cansancio? Si es que no nos indica la proximidad de una marcha atrás.

G.G.: Diría que no, pero no lo diría de manera tajante.

P.: Suena peligroso...

G.G.: La inercia es favorable, pero pierde fuerzas desde que se cortó el pago de beneficios extraordinarios a fines de julio.

P.: Una extensión está siempre por salir pero nunca llega…

G.G.: Y ya se nota. No creo que se pueda dilatar hasta después de las elecciones. ¿Habrá un acuerdo entre los partidos antes de que salga un mal indicador y la zozobra obligue a resolver de apuro? Es la pregunta del millón.

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